BI FM

Firmas

Trasluchando #2 (Me gusta Elkano, me gusta Biodramina, me gustas tú)

Elkano

Me enrolan en el velero que va de Getaria a Sevilla en homenaje a los 500 años de la primera circunnavegación de Elkano. El mar me pone en mi sitio.

La barbilla de la Península // BI FM
Me enrolan en el velero que va de Getaria a Sevilla en homenaje a los 500 años de la primera circunnavegación de Elkano. Tengo tendencias antisociales y me mareo cruzando la ría en Portugalete, así que preveo vértigos y tempestades emocionales. El mar, sin embargo, me pone en mi sitio. Segunda entrega de “Palabro de honor”. Zarpando.

Hace 500 años, Juan Sebastián Elkano recorrió casi 50.000 millas para conseguir la primera circunnavegación al globo terráqueo. Vale. Es tremendo.

Lo hizo a bordo de barcos de broma, sin saber seguro si el mar tendría continuidad o si chocarían en cualquier momento contra unos acantilados no cartografiados por la ciencia o caerían por un desagüe gigante creado por el inmisericorde Dios del que hablaban los curas. En serio. Increíble.

Viaje a bordo del "Pottoka"

El Atlántico, cinco siglos después // BI FM

Además eran barcos gobernados por iluminados y manejados por decenas de marineros analfabetos, malnutridos y malolientes hasta decir basta que se hacinaban en cubierta bajo unas velas cuadradas que solo impulsaban con el viento de popa. Todo eso es cierto. Y tiene un mérito del copón, solo comparable en la historia de la humanidad a la llegada del hombre a la Luna.

Pero yo quiero hablar aquí, en comparación, del mérito del hombre contemporáneo. Veamos.

En homenaje a aquella hazaña, Elkano Fundazioa me invitó a la tercera etapa de una travesía entre Getaria y Sevilla como tripulante de un hermoso velero de 12 metros que contaba con radio, GPS y AIS, motor auxiliar, nevera con zumo de naranja y enchufes para cargar el móvil por si quería subir una foto a Instagram y recibir mi dosis diaria de endorfinas. Aun así, me pareció un reto descomunal y llevé a Cascais, de donde partía rumbo al Algarve, un traje de agua comprado en el Decathlon y tantas biodraminas que temí ser detenido en el aeropuerto de Bilbao por narcotráfico.

Elkano

El Pottoka, en honor a Elkano // BI FM

Elkano tardó tres años en conseguir su objetivo. En una semana, yo ya estaba en la marina de Portimao pasándome el jabón hipoalergénico por la entrepierna y decidiendo si me tomaría más tarde dos cervezas o tres.

Se podría decir que la raza vasca degenera, pero no estoy tan seguro.

El propósito del viaje era abrir un espacio para la reflexión. Pensar y conversar sobre el mar y la sostenibilidad, el globalismo y otras palabras esdrújulas. Para ello, eligieron tripulantes con estudios: antropólogos, filósofos, astrónomos y biólogos marinos. Y luego había también algunos delegados de la cultura popular entre los cuales me incluía, que siempre vienen bien para dar un toque pintoresco y aportar el colorido atrevido de la ignorancia. Más concretamente, yo era el representante en ese foro de todos los cuñados.

Barco velero

A merced del viento // BI FM

Tuve mucha suerte con mis compañeros de viaje. V nos hablaba de las estrellas. MP nos hablaba de sus viajes por los cinco continentes. E nos hablaba y hablaba de esto y de lo otro, y no paraba ni cuando le metíamos la cabeza en el inodoro náutico y bombeábamos manualmente veinte veces para que no quedaran restos de aguas residuales en el tubo, tal y como nos había enseñado el capitán. Por mi parte, citaba a quemarropa textos de Álvaro Mutis que había memorizado antes de ir y contaba chistes de Popeye el marino. Y X, el segundo capitán, grababa imágenes de las charlas y preparaba unos macarrones bajo 30 nudos de viento, mientras el barco se escoraba alarmantemente y entraba agua en cubierta.

Me dejaron coger el timón y, la verdad, es un lío. No sé si lo sabéis, pero el mar no es estable. Se agita arriba y abajo y a los lados como un toro mecánico que se ha caído al río. Navegar es igual que ser un equilibrista, solo que el cable por el que avanzas es tan ancho que no distingues el contorno. Y después tienes una partida de ajedrez con el viento. Si rola veinte grados, hay que mover ocho cabos, dos velas, el timón y la taza del café que has dejado de mala manera en cualquier sitio. Si pasas el viento por la proa, se dice virar, y eso puede estar bien o mal, según el humor del capitán. Si pasas el viento por la popa, se dice trasluchar, y generalmente es una cagada, porque la botavara pega un latigazo que barre la cubierta y puede abrirle la cabeza a algún grumete que esté distraído, pensando en alguna sirena de piernas resbaladizas que haya dejado en la orilla.

A. Fdez. Aldasoro

Aquí, trasluchando // M. Paz Montecinos

Al final, sin embargo, el mar lo cubre todo. Disuelve los problemas de tierra según la pierdes de vista. Simplifica todas las cosas del mundo a cabos, nudos, velas y rumbos. Te convierte en una isla dentro de ti mismo. Despeina el pelo de las tripulantes. Y juega malas pasadas, como cuando se saca de la manga unos putos delfines y me los planta en la proa del barco sin que tenga preparado mi traje de escéptico de escuela pública, de tal forma que estoy casi a punto de dejarme llevar por el momento y exclamar: «qué bonito».

Un mar domesticado y previsible, de acuerdo. Un mar atenuado por las comodidades y la Biodramina, que ya no te convierte tan fácilmente en un notable como a Elkano. Pero un mar que te da más conciencia de tu valor.

Porque es admirable sobrevivir a un viaje de tres años que demuestra que la tierra es redonda, pero también lo es enfrentarse al mundo caótico, poliédrico y desasosegante de nuestra época, como hacemos todos. Porque es un campeón quien hace cinco siglos lleva y trae una cáscara de nuez al otro lado del mundo, pero también lo es nuestro capitán G., quien guía un velero de un puerto portugués a otro mientras gestiona al mismo tiempo la reserva del próximo pantalán y el arreglo del sistema de localización digital estropeado durante el viaje, atiende por teléfono las dudas de intendencia de su mujer y las preguntas enrevesadas de sus hijos, digiere dos derrotas consecutivas del Athletic y trata de resolver a distancia los problemas de un virus que ha contaminado los mails de su empresa y el sabotaje por parte de unos vándalos de las embarcaciones que necesita en dos días para impartir un curso de vela.

Delfín

Compañeros de viaje // BI FM

Somos héroes. Y allí, en el mar, te das cuenta de eso.

Viajar en velero por la costa ibérica te ayuda a valorar la proeza de Elkano, pero también nuestra propia heroicidad. El chap chap, el vértigo y la unanimidad del mar acompañaron a Juan Sebastián en la revelación de otras tierras y otros mares. Y ahora me han acompañado a mí en el descubrimiento de la marea silenciosa y profunda que mantiene a flote, pese a todo, nuestro interior.

Arriba