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Iralabarri, un barrio con mucha miga

Casas de colores en el barrio de Iralabarri (Bilbao), hoy // BI FM

Una de las zonas más pintorescas de Bilbao es también una de las más desconocidas. La visitamos y hablamos con sus vecinos.

Iralabarri: Hoy, (casi) como ayer // BI FM
Una de las zonas más pintorescas e «instagrameables» de Bilbao es también una de las más desconocidas. Levantada hace más de un siglo para cobijar a los trabajadores de Harino Panadera, mantiene hoy gran parte de la esencia y fisonomía de entonces

Ocurre cada vez que alguien sube a Instagram una imagen de casitas de colores. De estilo inglés. Clásicas. Y coloridas, sí. La ubicación, muchas veces un escueto «Bilbao», es lo que más llama la atención, ¡incluso de bilbaínos! «¿Cómo que Bilbo? ¿Dónde está eso?», preguntan muchos. Pero, efectivamente, se trata de imágenes del Botxo, concretamente, del barrio de Iralabarri.

Levantado hoy hace algo más de un siglo, Irala sigue rindiendo homenaje a Juan José Irala, su creador. Madrileño de origen vasco, ideó un ambicioso plan urbanístico en una zona en la que apenas había huertas y cuatro o cinco caseríos. Fundador de Harino Panadera, se afanó en que sus trabajadores dispusieran de viviendas dignas y a un precio asequible. Así, invirtió una década en construir un total de quince calles, propiciando que la población de la zona se disparase, de los 198 habitantes de 1908, a los 2.956 de 1920.

Edificio de Harino Panadera en el barrio de Iralabarri (Bilbao)

Harino Panadera en la actualidad // BI FM

Hoy, el número de vecinos es mucho mayor que el de aquel «barrio moderno de Irala-Barri» diseñado por el arquitecto Federico Ugalde para mayor gloria de las clases populares, pero, como decíamos, parte de sus edificaciones aún se mantienen en pie. También el perfil de sus habitantes. «Sí, Irala sigue siendo un barrio obrero», afirma tajante Isabel, dueña del Centro de Belleza Iris y miembro de la Asociación de Vecinos Irala Berri. «La mayor parte de los habitantes somos oriundos, pero hay un alto porcentaje de extranjeros, sobre todo jóvenes», añade.

«Gente obrera pero que ya no trabaja en el propio barrio», apostilla Fernando Rodríguez, del Café Aitana (y de Bilbao «de toda la birra»), uno de los que sí que hace vida integral en Iralabarri. «Los que seguimos al pie del cañón somos cada vez menos. Hace años había mucha actividad comercial, como en Santutxu, por ejemplo, pero con las crisis y el cambio generacional fueron cerrando muchos negocios», comenta apenado. «También hay mucha gente en paro y, sobre todo, muchos jubilados. Van entrando jóvenes, muchos extranjeros, por lo que hay mucha mezcla cultural», coincide con Isabel.

Café Aitana (Bilbao)

Fernando, atendiendo en el Café Aitana // BI FM

La inmigración ha marcado el devenir del barrio en los últimos años. «Se está intentando integrar a las personas que vienen de fuera. Se convive en armonía, pero hubo momentos malos cuando llegó una gran oleada. Irala es un sitio de mucho paso, pero los que van quedando aportan mucho. Todos somos obreros», reflexiona el hostelero.

Pasear por las calles de Irala es toda una experiencia. Sus empinadas cuestas, sus variopintos edificios y su crisol humano confieren al entorno un aspecto único en la Villa, equiparable en ciertos aspectos al de otras zonas, pero singular en su conjunto. Un lugar pintoresco, sin duda, tan «instagrameable» y, a la vez, tan desconocido para la mayoría. Desde luego, nadie lo ha utilizado aún como reclamo turístico en la ciudad del «Efecto Guggenheim»… Sin embargo, «con las plataformas de alquiler vacacional están empezando a llegar visitantes», asegura Fernando, quien no ve con malos ojos los pisos turísticos. «Es bueno para la hostelería y el comercio del barrio», asegura.

Iralabarri (Bilbao)

Calles centenarias // BI FM

Con todo, no parece que se vayan a formar en las calles Zuberoa o Kirikiño los atascos de la cima del Everest o del más cercano San Juan de Gaztelugatxe, pero no dudan en Irala del atractivo de su barrio, un «pequeño Notting Hill», como considera Fernando. «Es un barrio pintoresco por sus casitas inglesas y está muy bien situado», coincide la esthéticien, aunque con peros: «Harían falta mejores infraestructuras y vigilancia, porque moverse por el barrio es complicado y hay una inseguridad que antes no había».

Tamara, responsable de seguridad del edificio de Harino Panadera (el único en pie de los tres de los que constó la considerada en su época «la mayor y mejor fábrica de pan que pudiera existir en España»), hoy sede del Área de Salud y Consumo del Ayuntamiento y futuro ambulatorio, también pone el foco en la «inseguridad» con la que tienen que lidiar a diario. Sin embargo, todos coinciden en que ahora «están mejor las cosas» a rasgos generales.

Barrio de Iralabarri (Bilbao)

Edificios singulares en cada esquina // BI FM

Una de las reivindicaciones más repetidas en la pasada campaña electoral (en Rekalde, el distrito al que pertenece Iralabarri, venció el PNV, con PSE como segunda fuerza) fue la relativa a la llegada del Metro, si bien los vecinos consideran que también habría que mejorar la movilidad dentro del propio barrio. Cuestas y tercera edad no son buena combinación, qué duda cabe.

Un lugar al sur de Bilbao, en suma, que quizá no existiría hoy si no hubiera sido por aquel «visionario» (algunos en el barrio, sin embargo, lo llaman «empresario paternalista» y, apurando un zurito en la puerta del bar Patxo, no hay quien falta en afirmar que, construyendo casas al lado de su fábrica no solo «sacaba beneficio económico», sino que tenía «controlados a los trabajadores»), Juan José Irala, que imaginó una ciudad-jardín más allá de la Plaza de Toros de Vista Alegre.

Casas de colores en el barrio de Iralabarri (Bilbao), hoy // BI FM

Para gustos, los colores // BI FM

Una plaza, construida originalmente en 1882, que no solo servía como punto de referencia y puerta de entrada a Irala desde el céntrico distrito de Abando, sino que, durante mucho tiempo, «dio al barrio una vida excepcional», como recuerda Fernando, «ya no solo por las corridas, sino por los conciertos y todos los grandes espectáculos que se organizaban». Hoy, con menos taurinos en las inmediaciones y con el Bilbao Arena, el BEC o el Euskalduna como implacable competencia escénica, «no queda otra que ingeniárselas para atraer al público». Así, en su bar encontramos tostas elaboradas al momento por 1,50 euros o gildas XXL «¡con langostino!» por solo 1 euro. Algo que, de venderse «en el Casco Viejo o por ahí» podría duplicar su precio, sin ninguna duda.

Pero es que Iralabarri sigue manteniendo intacto el sabor a barrio, algo que se nota en las conversaciones puerta a puerta de sus casas de colores, en las cuadrillas de txikiteros de sus tabernas y en esa costumbre, en desuso, de saludarse por la calle. También en ese «trato personalizado» del que hace gala Isabel en su negocio «y en todos los comercios, vayas a por un café a la peatonal, de pintxo pote por la calle Batalla de Padura, a por una hamburguesa en el mesón Basajaun o a comprar fruta donde Salado», nos detalla.

Barrio de Iralabarri (Bilbao)

Cada casa, una historia // BI FM

En definitiva, un barrio «popular» si nos atenemos al origen social y configuración del mismo, pero no tanto si tomamos la acepción en el sentido de «fama» o «reconocimiento» a nivel de masas. Así que aprovechen y corran a inmortalizarse frente a sus chalés british, antes de que hordas de turistas nipones se cuelen en la foto y de que Starbucks o Foster’s Hollywood ocupen esos establecimientos donde aún pueden encontrarse pintxos a 90 céntimos.

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