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Visitamos la escape room montada en un museo religioso de Bilbao

La Abadía de Atxuri

Vírgenes, cristos, ángeles y hasta clavicémbalos de hace siglos sirven de guía para salir de «La Abadía de Atxuri», una sala de escape bastante peculiar…

Comienza el juego // Eleizmuseoa
«La Abadía de Atxuri» es una nueva sala de escape cuya actividad se desarrolla dentro del Museo Diocesano de Arte Sacro, en el barrio de Atxuri, donde vírgenes, cristos, ángeles y hasta clavicémbalos de siglos pretéritos sirven de guía.

Creado en 1961 y establecido, definitivamente, en Atxuri en 1995, el Museo Diocesano de Arte Sacro lleva todo este tiempo afanándose en la conservación, el estudio y la divulgación del patrimonio histórico-artístico de la Diócesis de Bilbao. De cara al público, y en resumen, se trata del museo de arte religioso situado en la Plaza de La Encarnación, junto a la iglesia del mismo nombre.

Sin embargo, desde mediados del pasado mes de mayo, es también conocido por la sala de escape montada en sus instalaciones. Una llamativa «escape room» cuyo desafío transcurre entre obras de arte con varios siglos de antigüedad, aunando, de esta manera, una de las actividades de ocio más en boga de los últimos años y solemnes representaciones del fervor cristiano de épocas pretéritas. Lo profano y lo divino, de la mano a través de los tiempos.

Barrio de Atxuri, en Bilbao

Iglesia de La Encarnación (Atxuri) // BI FM

Nos hablan de su existencia y, evidentemente, queremos ver de cerca el invento, bien para aplaudir la rompedora iniciativa, bien para confirmar que se trata de un sindiós. Y en Atxuri que nos plantamos.

Juan Manuel González Cembellín, Director técnico del Museo de arte sacro de Bilbao nos recibe en compañía de Jon Martín Rafael, game master de la sala de escape. El segundo es quien más sabe sobre el mecanismo del juego, pero el primero es quien gestiona «La Abadía de Atxuri», tal y como se da a conocer el lugar desde que se uniera al circuito de «escape rooms» de la ciudad, donde, según estima Juan Manuel, hoy en día habrá «unas 60», dado el «exagerado boom» que, a su juicio, ha experimentado este tipo de establecimientos.

La Abadía de Atxuri

Director y game master // BI FM

Y eso es lo que choca. Que una actividad tan distendida, tan de cuadrilla de amigos, tan típica, por ejemplo, de las (habitualmente desmadradas) despedidas de soltero/a, se desarrolle dentro de las dependencias anexas a una iglesia de verdad, con obras de arte de verdad y en un espacio que no solo parece, sino que es.

«Queríamos darle una vuelta, contar con un señuelo», explica el director, sabedor de que Bilbao es una plaza museística fuerte (Guggenheim o Bellas Artes mediante), pero que ellos juegan «en otra liga». Según afirma, los museos pequeños no tienen mucho público» y menos «entre las personas de 20-25 a 45-50 años». Dada esta tesitura, consideraron que debían ofrecerles «algo distinto» que les invitara a acercarse y, una vez allí, que les «obligara» a visitar el museo. «La idea era esa, traer a un público que en condiciones normales no iba a venir», confiesa.

Sala de escape

Todo empieza en el claustro // BI FM

Tras apreciar el buen estado del claustro, restaurado no hace tanto y muy cuidado a día de hoy, subimos al piso más alto, dejando atrás una primera altura dedicada a la ofebrería, el arte contemporáneo y las vestiduras sagradas.

En la segunda planta, donde se desarrolla propiamente la evasiva actividad, es donde Jon, caracterizado como abad, recibe a los participantes (grupos de 2 a 6 integrantes). Al entrar, no solo llaman la atención pinturas y esculturas del románico, como ese antiguo tímpano del siglo XII que un día (bueno, durante cinco siglos) saludó a todos los que se adentraban en la iglesia de San Jorge, en Santurtzi, sino que destaca el ambiente, «con un 65% de humedad», según nos indican, propicio para «conservar las obras en perfectas condiciones». No es como entrar en una catedral, pero casi. Lo que vemos y lo que sentimos nos hace sorprendernos aún más por lo que allí ocurre seis días a la semana, siete veces al día.

Museo de Arte Sacro de Bilbao

Obras del museo // BI FM

Del románico al gótico, y de ahí al arte renacentista, no sin antes girar por un pasillo dedicado al tardogótico. Al completar esa estancia, dos opciones: seguir de frente, hacia la esquina reservada para el arte neoclásico, o girar a la derecha, hacia el mayor de los espacios, dedicado al barroco y jalonado de grandes ventanales con vistas al claustro.

Ese es el recorrido normal, el museístico. Pero, a pesar de que la sala de escape sí hace uso de las galerías, también cuenta con un par de estancias anunciadas como «secretas» y expresamente creadas. Vamos, de mentirijillas. «Había que lograr integrar el juego en el museo y el museo en el juego», justifica el responsable. Dicho juego, basado en una historia de intriga, está ambientado dentro de un hipotético convento, aprovechando, no solo el continente (un edificio de comienzos del siglo XVI) y el contenido, sino también la propia historia del lugar, auténtico convento durante 463 años, hasta su abandono en 1976.

Buscando pistas // BI FM

Así, tres son los espacios integrados dentro del museo para una «carrera contrarreloj» que te obliga a abandonar uno para buscar pistas en otro, algo no muy habitual, ya que, normalmente, las salas de escape suelen ser eso, justamente, lugares cerrados de los que no puedes salir a no ser que descubras el modo de hacerlo.

El nivel de dificultad es «medio», en palabras del game master, quien no duda a la hora de prestarle «una ayuda» a los participantes menos hábiles. «Aquí siempre se termina», agrega el director. En 70 o 75 minutos debería darse con la manera de huir, si bien ha habido grupos que «han llegado a los 90».

Sin intención de caer en ningún «spoiler», no sea que desveles el misterio antes de encerrarte en la abadía, no vamos a describirte las estancias añadidas ni el porqué de las mismas (aunque ahí tienes las fotos para hacer tus cábalas), ni mucho menos la historia (basada «levemente», desliza Jon, «en ‘El nombre de la rosa'»), pero sí que te diremos qué no debes hacer.

Tócate una, Wolfgang Amadeus // BI FM

Por ejemplo, lo de aquella jugadora que decidió que era buena idea «desmontar la peana de una escultura», lo de aquel músico tan prodigioso que estimó a bien tocarse unos temas «en un clavicémbalo de 1743», lo de aquel grupo empeñado en «tratar de abrir cualquier cosa que pudiera contar con huecos» o lo de esos otros que, nerviosos por tanto sprint, tanta pista y tanto reto, suponemos, no tuvieron más remedio que «fumarse unos cigarrillos».

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