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De menú del día en el primer restaurante de Euskadi con robot camarero

Robot camarero

No se atreve con la sopa y se lleva por delante alguna silla, pero Nomi sirve correctamente las mesas del Xing Yuan, el chino de Fdez. del Campo (Bilbao).

Nomi, la robot camarera // BI FM
No se atreve con la sopa y se lleva por delante alguna que otra silla, pero Nomi sirve correctamente las mesas del Xing Yuan, el chino de la calle Fernández del Campo, en Bilbao, donde ya se ha convertido en todo un reclamo.

Cosas como los hoteles-cápsula parecían de ciencia ficción hace no tanto tiempo. O propios de países lejanos y exóticos a los que uno solo podía llegar viendo «Españoles por el mundo» o tras pegarse una buena pechada de avión con escala en Estambul o Dubai. Sin embargo, ya hace unos meses que contamos con uno de esos establecimientos futuristas en una ciudad como Bilbao, otrora tan conservadora y cerrada en sí misma y hoy tan cosmopolita y presente en los catálogos de los mejores operadores turísticos mundiales. O eso se vende, vaya.

El asunto es que, desde aquello del «Efecto Guggenheim» y a consecuencia de ello (y no), la capital de Bizkaia ha visto no solo cómo se multiplicaba exponencialmente el número de visitantes foráneos, sino también el volumen de población procedente de los más diversos países, mucha de la cual, asentada plenamente en la ciudad, se dedica al comercio o a la restauración, sectores en los que los chinos resultan imbatibles.

Robot camarero

¡Hola, humano! // BI FM

Pero, claro, es tal la oferta de tiendas, bazares y locales hosteleros regentados por ciudadanos originarios de aquel milenario lugar que, ¿cómo distinguirse? ¿cómo destacar?

Eso debieron pensar en el restaurante Xing Yuan, en la calle Fernández del Campo, conscientes de que no eran los únicos que ofrecían arroz tres delicias, pato al estilo cantonés, gyozas y esos panes que no distan tanto de los buñuelos de nuestras tradicionales churrerías. Así que hicieron algo parecido a lo del hotel-cápsula que decíamos al comienzo: importar del lejano Oriente un modelo de negocio que aquí resultara rompedor y llamativo, que despertara por sí mismo la curiosidad de los clientes, pero que, además, optimizara recursos y potenciara el rendimiento.

Así que se trajeron a Nomi, la primera camarera-robot del País Vasco.

Nomi, la robot camarera // BI FM

Presentes desde verano en ciudades como Madrid o Valencia, los autómatas no habían llegado aún a Euskadi para servir mesas, pero parece que lo han hecho para quedarse. «Ha sido muy bien aceptada, tanto por adultos como por niños», nos comentan en el Xing Yuan, donde explotan la robótica novedad ya desde la pizarra que anuncia en la puerta el menú del día. «Con robots camareros», avisa también la carta, no sea que a alguno le dé un pampurrio si, esperando un guo-ba con langostinos irrumpe en el comedor un androide con aviesas intenciones.

Pero no, Nomi es completamente inofensiva. De hecho, es poco más que una Roomba que sigue un recorrido concreto portando platos. Así que no temas, por mucho que se interponga en tu camino si vas al baño (se detendrá) o si ves que se lleva por delante alguna silla al girar para darse la vuelta (mejor dejarle el pasillo completamente libre). No pretende vengarse de la raza humana.

Es más: Nomi no se atreve con la sopa. Así que resultó un pequeño chasco cuando, esperando el primer plato, fue una camarera de carne y hueso la que nos acercó el cuenco hasta nuestros aposentos. Y es que, la verdad, hay veces en las que el robot se sitúa un tanto lejos de los comensales, sobre todo si estos no están sentados junto al pasillo central, por lo que toca estirarse, levantarse… o aguardar a que la trabajadora homo sapiens ayude a su compañera recargable.

Así las cosas, no parece que los androides vayan a dejar sin ocupación a los currelas de la hostelería que atienden en sala. Al menos, no en el futuro cercano. Porque Nomi es poco más que una anécdota divertida y pintoresca, un reclamo diferenciador, por mucho que en el Xing Yuan aseguren que «ayuda mucho».

Agur, Nomi // BI FM

Pero al César (o a Mao) lo que es del César: los tallarines fritos y el yakitori de pollo estaban deliciosos. Gracias, Nomi. Le damos al botoncito… y ya puedes volver a boxes.

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