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Mi bloque de pisos o el problemón de la vivienda en Donostia

Donostia - San Sebastián

Un bajo de 45 metros en un barrio de Donostia cuesta 700 euros al mes. Hace tres años me parecía una burrada. Ahora es lo normal. ¿Nos hemos vuelto locos?

La playa de La Zurriola, desde Ategorrieta // Marta Ennes
Un bajo de 45 metros en un barrio de Donostia cuesta 700 euros al mes. Hace tres años me parecía una burrada. Ahora es lo normal. ¿Nos hemos vuelto locos?

Son 700 euros al mes. Cuando me dijo cuánto costaba el alquiler del piso me quedé a cuadros. Un bajo con un solo dormitorio de unos 45 metros cuadrados -reformado y exterior, eso sí- ubicado en un extremo de Ategorrieta. Para los que no conocen San Sebastián, Ategorrieta es un barrio situado en las faldas del monte Ulia. Un lugar de gente bien, villas adosadas con su portero y piscina comunitarias, residencias de ancianos paradisíacas y silencio solo boicoteado por el silbido de aves silvestres y perros guardianes entrenados para ladrar. A mis amigos catalanes les recuerda a una versión donostiarra de Pedralbes, aunque mi casa no esté en una urbanización pija. Es uno de los pocos bloques de viviendas de la zona, a varios minutos andando de la playa de la Zurriola. Como la dueña del piso tiene buen corazón y es amiga mía se saltó el precio fijado por el mercado -el mercado es el REY- y me lo rebajó a 650 euros. Rasqué un poco más y el alquiler se quedó en 625 euros mensuales. Fin de la negociación. Parece poco, pero para mí es mucho.

Hace tres años pagar 700 euros por un pequeñito bajo en Donostia me parecía una chaladura. Ahora me parece normal. ¿Qué ha pasado para que haya dado este bandazo? ¿Me he hecho de Ciudadanos? ¿He pasado a cobrar el sueldo de un directivo de Ibermática? Nada de eso. Lo que pasa es que a algunos de los buitres carroñeros que acechan las viviendas de Donostia los he visto en mi bloque de pisos. La avaricia, la especulación, la falta de empatía. Autopistas insolidarias de una sola dirección. Capitalismo al cuadrado. Montañas de liberalismo vs inacción gubernamental.

Ategorrieta (Donostia)

Ategorrieta, el Pedralbes donostiarra // Marta Ennes

Voy a ir planta por planta. Ya has visto cuánto dice el mercado que cuesta un bajo en un barrio periférico de San Sebastián. Hace poco se alquilaba una casa en el primer piso. El precio, 650 euros mensuales. Las fotos en la web de Idealista eran bastante pobres, pero tenía que verlo in situ. Llamé al día siguiente. Había lista de espera. Nos hicieron un hueco. Nos recibió una agente inmobiliaria. Cuando entramos, la realidad era dantesca: un baño con azulejos rosas, paredes desconchadas, un pasillo estrecho en el que visualicé a las gemelas de El Resplandor… Un horror. ¿Cuántos meses de fianza pedís? Tres meses. ¿Cuánto se lleva la agencia? El 12 % del coste anual del alquiler. Joder. ¿Se necesita un aval bancario? Sí, de seis meses. Ya. Entiendo.

El segundo piso. No sé quién es el vecino, pero sé que alquila su apartamento con vistas despejadas por unos 50 euros la noche. Como muchos de los apartamentos que se ofrecen por Airbnb, tiene una pinta estupenda. Ahora sí: qué fotos más guays. Los guiris deben pensar que vivimos como dioses griegos, con bañeras de hidromasaje de Roca con extra de racimos de uvas y un balconcito donde sentarte a tomar el vermú. Hola vecino del segundo, me encantaría mudarme a tu piso de un dormitorio, abonar 700 euros al mes y dejar de vivir a ras del suelo con menos luz que en un concierto de Joy Division. Entiendes mi situación, ¿verdad? Seguro que eres capaz de ponerte en mi lugar. Además, conmigo te evitarías el trasiego de inquilinos, tendrías una cantidad fija todos los meses, no necesitarías a una limpiadora, no te daría el coñazo como pedirte que me esperes un domingo a la una de la mañana para la entrega de llaves… ¿Qué te parece? ¿Te hace?

Hago cálculos. Creo que me va a decir que no. Con que el tipo tenga ocupado el piso dos semanas de media al mes se sacaría 1.000 euros. Nada. Imposible. Paso. Airbnb se habrá convertido en su salvoconducto, en su amigo inseparable, en el perrito fiel que nunca se separa de su amo. Me lo imagino en su perfil de Facebook colgando links sobre los beneficios de la economía colaborativa, diciendo que no hay que poner palos a la rueda, alabando a Uber y cagándose en la huelga de los taxistas.

Airbnb en Donostia

La paradoja colaborativa // Marta Ennes

Tercera planta. Vive una familia joven. Me dice la madre que llevan en el mismo piso casi 10 años. No están mal, pero en algún momento pensaron en mudarse a una casa un poco más grande. Ahora mismo lo descartan de plano. No way. Pagan 775 euros por dos dormitorios. Seguro que les da igual vivir en un barrio de las afueras, en Herrera o Intxaurrondo, donde los alquileres también están por las nubes. No necesitan garaje. No son de caprichos. El problema es que no hay nada decente en esta ciudad por menos de 800 euros, comenta. Le cuento que yo también me encuentro en un callejón sin salida. ¿Te has apuntado a Etxebide?, me pregunta. Sí, pero el otro día me llegó una carta diciendo que no había renovado la inscripción y que me daban de baja como solicitante de vivienda. Tengo que volver a hacer todo el papeleo. Ah, vaya. Qué faena. Lo siento.

No me extrañaría que un día de estos apareciera en el ático un cartel de una agencia deluxe. El logo del casoplón ese de Engels and Volkers, por ejemplo. Hay unos cuantos así por el barrio. Y sienten especial predilección por los áticos. Comprarán la casa, la reformarán de arriba abajo y lo pondrán a un precio muy loco. En su anuncio se describirán todas las bondades de San Sebastián (las playas, el paisaje imbatible, la fisonomía perfecta, la arquitectura del siglo XIX, la Belle Epoque, los planes culturales, sus famosos pintxos…) para poder justificar el timo. Porque esto es un timo. Un timo legal, con luz y taquígrafos, avalado por notarios.

Ategorrieta, Donostia

Los barrios de las afueras también están por las nubes // Marta Ennes

Si no lo venden en cosa de un mes, no pasa nada porque con el paso del tiempo el piso se revalorizará y acabarán llevándose más pasta. Ya lo decían nuestros padres: comprar una casa en San Sebastián siempre es una buena inversión. Además, Donostia está de moda, cada vez viene más gente a visitarnos, cada vez hay más hoteles y más tiendas de marcas guays y nuestras calles y nuestras playas aparecen en rankings de “Lo mejor de…” y en publicaciones como el New York Times. Donostia es la influencer de Euskadi. Mola mil.

A una mala, y ya me estoy poniendo en lo peor, pueden alquilarlo a unos 150 euros al día. Sacarían un piquito de 4.500 euros al mes.

¿A qué no está tan mal un bajo por 700 euros?

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