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Música

El Disco del Mes: Richard Hawley – Further

Eduardo Ranedo nos recomienda «un título al que podremos recurrir sin miedo a que vaya a perder vigencia, una colección eminentemente práctica».

Richard Hawley
Eduardo Ranedo nos recomienda un trabajo cuyas canciones, si bien «no albergan demasiadas sorpresas», resultan una «colección eminentemente práctica». En suma, «un título al que podremos recurrir sin miedo a que vaya a perder vigencia»

Camino de cumplir veinte años como intérprete en solitario, dueño de una peripecia trufada de discos excelentes con los que ha conseguido consolidar una imagen de marca que garantiza interés y resultados, Richard Hawley es el típico valor seguro cuya enjundia nos remite a épocas pasadas en las que este tipo de artista, de larga y sólida carrera, abundaba bastante más. Que su nuevo disco sea muy bueno no es algo que -en principio- vaya a sorprender a nadie.

«Further» supone su primer trabajo para BMG tras dejar Parlophone, sello con el que publicó dos LPs ciertamente rupturistas en su carrera como fueron el eléctrico «Standing at the Sky’s Edge» -en el que aceptó una refriega cuerpo a cuerpo con la psicodelia- y el robusto «Hollow Meadows». En ambos, hay que reconocerlo, propuso un tipo de material bastante más arriesgado que el que presenta ahora. Si bien las primeras reseñas que lo recibieron coincidían en llamar la atención particularmente sobre su intensidad guitarrera, lo cierto es que ésta solo asoma en momentos puntuales. Por ejemplo en el rutinario pero competente «Off My Mind», tema que abre el disco, o en la rotunda «Is There a Pill?», canción en la que parece jugar a meter el holograma de Roy Orbison en el epicentro del muro de sonido de Spector, justo ese lugar en el que no dejan de ocurrir cosas. En realidad lo que predomina en «Further» es ese tipo de medios tiempos que a estas alturas son ya marca de la casa y gracias a los cuales ha conseguido una legión de seguidores fieles que le demandan precisamente esto: canciones que no albergan demasiadas sorpresas pero en las que conjuga debidamente el arte de la interpretación crooner de aire country, la exquisita composición y un soporte fabricado a base de guitarras discretas pero finísimas a las que un pequeño hervor adicional podría propulsar sin problema hacia la psicodelia de quilate o el rock británico clásico.

Portada de «Further» // BMG

Lo que sí ofrece «Further» es un tipo de canción cuya hechura va mucho más al grano, más breve y concisa, piezas que sin abandonar el ornato y arreglo tan característico en su manera de hacer las cosas parecen apostar por un formato que sin renunciar a cierta dosis de aventura resulte más sencillo de digerir. La marcada personalidad de Hawley, particularmente arrolladora en su rol de intérprete, deja poco espacio para encontrar rastros de otra gente y sin embargo no es descabellado apreciar aquí huellas esporádicas de grandes como Costello, Hiatt o hasta Springsteen (esas primeras estrofas de «Galley Girl»…), una anécdota sin más valor que cincelar el tipo de disco que es «Further», una colección eminentemente práctica que no se pierde en grandes atmósferas ni desarrollos.

No es un disco ni más reflexivo ni más maduro que ninguno de sus anteriores. Hawley ha sido un viejo prematuro desde «Coles Corner», dicho sea sin la más mínima intención de crítica ni de enmienda, y no parece que el paso de los años vaya a moverle de esa posición. Probablemente sea muy consciente de que en su terreno el hecho de asumir demasiados riesgos puede llevarle lejos del lugar en el que todos queremos verle, y como además cuenta con el aval de haberlo hecho en el pasado sin que esto llegara a ocurrir ha terminado por adoptar una postura inteligente: otra versión de lo suyo, más concisa pero plenamente reconocible, que despacha en un disco en el que parece olvidarse de Sheffield -esto sí que es nuevo- pero no de todo ese otro bagaje personal que tanto ha determinado su obra. Sea conversando con su hijo de edad universitaria como con los amigos de su difunto padre, sea apelando una vez más a las cosas del querer o de la sensación de pertenencia, de nuevo nos entrega un título al que podremos recurrir sin miedo a que vaya a perder vigencia. Que probablemente nadie reivindicará a la hora de citar los más destacados entre los suyos, cierto, pero que en este momento entra de maravilla.

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