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Música

LISTAS: Los 19 mejores discos vascos de 2019

Pop, rock and roll, rock industrial, indie, electrónica, post-hardcore, sonidos latinos, stoner… 19 álbumes para resumir el 2019.

Detalle de diseño de "Atera" // Zea Mays
¡Pues no ha ido tan mal el año…! Joseba Vegas, director de BI FM, selecciona varios de los trabajos discográficos que más nos han gustado durante los últimos 12 meses. Hay pop, rock and roll, rock industrial, indie, electrónica, post-hardcore, sonidos latinos, stoner…

Una vez más… ¡qué difícil es esto de las listas! «Y qué innecesario», dirán algunos, pero la verdad es que se trata de esas cosas, absurdas o no, que enganchan. Sea para seguirlas a pies juntillas, sea para quejarse, sea para tomarlas como guía de escucha o como catálogo de compra (navideña), no creemos que estén de más. A fin de cuentas, un año es muy largo y, en lo discográfico, son multitud las referencias editadas. Así que se agradece que alguien ponga un poco de orden y, sin mayor pretensión, elabore un ranking resumiendo el ejercicio, ahora que se nos escapa entre los dedos.

En la distancia corta, no ha sido un mal año en el panorama vasco (entendido como Euskadi, Navarra e Iparralde), no señor. Basta con mirar la relación de artistas que se han quedado fuera de nuestra selección anual para darse cuenta: Sharon Stoner, Moxal, Toc, Mocker’s, Duobite, Río Arga, Orbel, Kaskezur, Moonshine Wagon, Grande Days, The Brontës, Virenque, Doctor Deseo, Skakeitan, Serpiente, Arima, The Guilty Brigade, Nahiak, Gringo, Pelax, Maraca Diablo o el mismísimo El Drogas podrían haberse colado en ella.

También es buena seña que hayamos tenido que limitarnos a discos de larga duración, por aquello de valorar trabajos con mayor número de canciones, aunque no siempre «más» sea sinónimo de «mejor». En este sentido, grabaciones como las últimas de Omago, Indian Feathers, Izaro, Olimpia, Melenas o el retorno de El Columpio Asesino no han pasado el corte, pero nos ponen sobre aviso: quizá aparezcan por aquí en 2020. Bueno, al lío.

LOS 19 MEJORES DISCOS VASCOS DE 2019

19- AITOR ETXEBARRIA – Nihilism Part 1 (Mute/El Segell)

Al músico de Gernika lo conocemos, sobre todo, por su faceta de DJ y productor electrónico (bajo el alias de El_Txef_A), pero este año nos sorprendía con todo un disco de sonidos orgánicos, con piano, guitarra (la de Hannot Mintegia), trompeta (la de Amorante)… o voces (Elena Setién puso también la suya). Un álbum que no es fácil (en el sentido de «comercial»), pero que resulta hipnótico, onírico y sorprendente. De esos para escuchar con cascos, cerrar los ojos y entregarse a los sentidos.

18- MAKALA & JIMMY BIDAURRETA – Descarga libre (Orrua Diskak)

No contentos con unir fuerzas entre ellos, el DJ y productor Mikel Makala y el director de la Big Band de Gasteiz, Jimmy Bidaurreta, se han rodeado de músicos cubanos como el percusionista Denis Bargaza, el vocalista y bajista Omar González Mesa o el trombonista Yarian Yaque Gutiérrez; la chilena-alemana Fedzilla o el vasco Iñigo Ortiz de Zarate para una «Descarga libre» repleta de sonidos latinos, soul, funk, salsa, jazz… Un disco made in Euskadi que sabe muy sabrosón.

17- GAIZKA INSUNZA – Gaizka Insunza (Bidehuts)

"Gaizka Insunza"

Seleccionado en esta misma página «Disco del Mes» el pasado noviembre, decía Eduardo Ranedo que el debut en solitario del miembro de Audience «suena a clásico, a pop químicamente puro sazonado con label de autor». Íntegramente cantado en inglés, el trabajo encaja en el perfil de singer-songwriter americano con querencia 60’s-70s. Podría parecer lejano… pero resulta cercano y reconfortante. Al final hay hasta un «Let’s Shake Hands (It’s Christmas)» que, por qué no, podría ser tu villancico favorito de estas Navidades.

16- CORDURA – Ruta suicida (Three Witches/Li Records/Ojalá Me Muera/Gato Encerrado/La conspiración de los iguales/In My Heart Empire/DDT)

«Por las causas perdidas, hasta hacerme heridas» cantan Cordura en el segundo corte de este «Ruta suicida» que es, muy posiblemente, su mejor trabajo en dos décadas de carrera. Sonando menos pesados y más psicodélicos (esos teclados), aunque puedan seguir haciendo las delicias de aquellos que gustan de sonidos que van del post-hardcore al stoner, se hallan cerca de redondear la fórmula. Una causa no tan perdida.

15- FIRST GIRL ON THE MOON – Scars (Oso Polita)

Se trata de un debut, pero ni Juancar Parlange (Los Clavos, Help Me Devil, Bonzos…) ni Eneko Cepeda (Bonzos, Cavaliere…) son, precisamente, unos recién llegados. Tampoco son nuevas sus influencias, esas que transitan entre el post-punk y el kraut-rock y que confieren a los nueve temas de «Scars» un sonido tan bailable como oscuro. Si echas de menos a Neu!, a Can o incluso a WAS, ya están aquí First Girl On The Moon.

14- DEAD BRONCO – The Annunciation (Roots Union/DB Inc)

Su tenebrosa portada ya nos informaba sobre el contenido: «The Annunciation» es el disco más oscuro de Dead Bronco. Ya se había ido avisando en entregas anteriores, por lo que parece que Matt Horan Country As Fuck será el proyecto en el que el líder de la banda seguirá ahondando en las raíces americanas, mientras Dead Bronco se reviste de punk, metal y sonidos góticos. Un álbum incómodo que rezuma desazón.

13- REVOLTA PERMANENT – Lobotomiak (Baga Biga)

Empecemos por el «pero»: lo que hacen Revolta Permanent hace tiempo que dejó de ser rompedor, original o «revolucionario», pero su colisión entre rap, rock industrial y electrónica sigue siendo su mejor baza. Con sus habituales letras contestatarias y su potente sonido, más sintetizado que nunca si cabe, «Lobotomiak» es un álbum que dice las cosas altas, claras y con muy mala hostia. «Mundo roto» y «Garrasi», además, deberían ser pinchados en las mejores/peores discotecas.

12- LUKIEK – Lukiek #1 (Autoeditado)

Lukiek, el trío liderado por Josu Ximun de Belako, por fin tiene disco. Tras varios singles («Pitagoras», «Vanpiro zara orain», «Don Gomes»), todos ellos incluidos en el álbum, «Lukiek #1» es un rabioso artefacto de trece cortes, tan enérgicos como lo era el «rock alternativo» cuando era «rock» y era «alternativo». Además, saben hacer melodías y rebajar el tempo si es preciso, para volver a poner toda la carne en el asador justo en el momento adecuado. «Smells like teen spirit», que diría Kurt Cobain.

11- GHOST NUMBER – Dirt & Other Spells (Autoeditado)

Tras acortar su nombre original (Ghost Number & His Tipsy Gypsies), David Pisabarro (AKA «413») y su grupo también ha variado un tanto la propuesta, haciéndola menos estadounidense, por así decirlo, con respecto a «From Dawn to Dust», su debut de hace tres años. Y es que «Dirt & Other Spells» deja un poco de lado la vertiente swing para zambullirse en sonidos latinos, calipsos y cumbias mediante, que casan a la perfección con esa base más jazzística que sigue siendo esencial para el multitudinario combo donostiarra.

10- SUA – Ordu Beltzak (Airaka)

En 2014 Ibai, Janire, Ibon y Ane fundaron Dekot, banda de Maruri-Jatabe que sorprendió a propios y extraños en 2016 con un EP que fue estrenado en primicia en BI FM y con el que ganaron varios concursos. Pintaba todo muy bien, pero a finales de 2016 Ane y Janire dejaron el grupo, siguiendo Dekot adelante como trío, netamente masculino, y con un sonido diferente. Sin embargo, este 2019 volvían las chicas Dekot a la carga, con las voces y fórmula originales y un nombre, Sua, que recordaba al single con el que presentaron su anterior proyecto. Indie rock bailable, en inglés y en euskera, con temazos como «Ordu beltzak» para demostrar que las segundas partes a veces son buenas.

9- NIÑA COYOTE ETA CHICO TORNADO – Aitzstar (Pozoi Records)

Úrsula Strong y Koldo Soret suenan más sucios que nunca en su tercer álbum, en este «Aitzstar» que fue grabado en Casamurada (Tarragona) con la ayuda de Ricky Falkner (Egon Soda, Standstill) y Jordi Mora y que los muestra aún más aguerrido de lo que nos tenían acostumbrados. Con el sonido stoner entre ceja y ceja, los guitarrazos son densos, oscuros… de riff gordo y atmósfera cargada. Pero también tienen esa otra vertiente, la más garajera, o más punk, con la que se sueltan las melenas e invitan al pogo. Con todo, seguirán siendo más disfrutables en directo, pero ojo a este vibrante LP, que gana en lo pasajes más psicodélicos.

8- AMAIA – Pero no pasa nada (Universal)

Con la pamplonica Amaia pasa que hay quien la ama por haber participado en Operación Triunfo (y haber ganado) y hay quien la odia justo por eso mismo. Lo que es innegable es que el camino fácil para una cantante como ella habría sido el de debutar con un disco de pop prefabricado que pudiera sonar en radiofórmulas, discotecas, chiringuitos y fiestas patronales. Un disco a lo Aitana, vaya. Pero no. La navarra (tras desestimar la producción de Refree) se fue hasta Argentina para grabar junto al líder de El Mató A Un Policía Motorizado y publicar un álbum pausado, clásico (guitarra, bajo, batería, piano y algún sinte), indie (no tan lejos del Donosti Sound) y escrito por ella misma. ¿Que te resulta muy naíf y adolescente? Claro, es que es el primer trabajo de una chavala de 20 años fan de Marisol.

7- MAITE LARBURU – Hezurren azpian (Gaztelupeko Hotsak)

Tras tirarse 15 años en Holanda, donde creó Neighbor junto al estadounidense Josh Cheatham, Maite Larburu regresaba a casa para lanzar un disco en solitario, íntegramente cantado en euskera y con el violín como instrumento identificativo (guitarra, ukelele, clarinete y percusiones al margen). Un disco precioso, elegante y atemporal, que es pop, pero que conjuga la música contemporánea con la música antigua, esa de la que Larburu (que se ha pasado la última década colaborando con orquestas y grupos de música de cámara de Centroeuropa) es toda una estudiosa.

6- WILLIS DRUMMOND – Zugzwang (Tabula Rasa/Gran Sol)

Consolidados como trío, los de Baiona han estrenado nueva etapa con este enérgico sexto álbum que cuenta con un tremendo sonidazo gracias a la producción de Johannes Buff (Thurston Moore, Lee Ranaldo, The Drones). Entre el indie y el punk, experimentando (pero sin dejar de sonar a banda de rock euskaldun), la verdad es que los Willis están como para batirse en duelo con cualquier grupo internacional. De hecho, el álbum cuenta con edición estadounidense y ellos ya lo han presentado hasta en Japón. Repleto de intensidad, cambios de ritmo, crudeza, estribillos y épica de la buena, es uno de los discos del año.

5- CAPSULA – Bestiarium (Gaztelupeko Hotsak)

Los vasco-argentinos volvían con nuevo álbum este año, uno menos para el fin del mundo (que no debe de andar muy lejos si nos atenemos a premoniciones y acontecimientos varios). Un mundo que se va al garete por obra y gracia del ser humano, pero que, diantres, tiene muy buena banda sonora. En la propuesta por Capsula son personajes mitológicos, seres sobrenaturales, esa colección de bestias del título, quienes han de salvarnos de nosotros mismos. Así, con ese plus de mística, era inevitable no sonar más oscuros, potenciando la vía psicodélica dentro de un discurso ético y estético que no se entiende sin glam, garage y rock and roll a chorro.

4- RAFAEL BERRIO – Niño Futuro (Rosi Records)

Rafael Berrio, nuevo disco

Otro «Disco del mes» que se cuela en nuestra lista de final de año. Decía Edu Ranedo allá por mayo que Berrio «no solo se encuentra en su momento de plenitud creativa, sino que, probablemente, nadie podía atisbar que iba a alcanzar cimas semejantes, tanto literarias como musicales, en este último caso por su capacidad de exprimir y acomodar esquemas que son todo menos originales». Un veterano en progresión ascendente a quien siempre le ha acompañado cierto halo de «malditismo». Y ya está bien, señores y señoras.

3- McENROE – La distancia (Subterfuge Records)

Un lustro después del fantástico «Rugen las flores» (con álbum en solitario de Ricardo Lezón, otro a pachas con The New Raemon y BSO de película de por medio), volvía el grupo getxotarra al completo para presentarnos todo un nuevo disco de estudio, «La distancia», cuyo título hacía referencia a la lejanía, geográfica y vital, de sus componentes. Por suerte para nosotros, en algún momento pudieron acercarse y dar forma a un trabajo que, tal vez, incluye las mejores letras (que no es poco decir) escritas por el cantante de la formación. Además, el piano adquiere esta vez una especial preponderancia, variando así un tanto la fórmula para marcar el ritmo de una grabación que rezuma amor en todas sus posibles acepciones.

2- LA BIEN QUERIDA – Brujería (Elefant Records)

La bilbaína Ana Fernández-Villaverde lleva ya una década en esto de la música, así como quien no quiere la cosa. Sí, diez años han pasado ya desde aquel fresco «Romancero» que presentó a una cantante a medio camino entre el indie pop y la canción melódica española. De entonces hasta ahora, Labienque lo mismo le ha dado al kraut que al tecnopop, reivindicando igual a New Order que a Franco Batiatto… o a Los Planetas. Concebido como una especie de libro de encantamientos (quizá por influencia de las sesiones de espiritismo que su padre, Txabi Villaverde -Soroak, Los Crazies- hacía en casa cuando ella era pequeña), «Brujería» suena bastante compacto (el single «¿Qué?» junto a Diego Ibáñez de Carolina Durante no es muy representativo), con un marcado aire cinematográfico y, claro, cierto aura de misterio y oscuridad. No olviden que la cosa va de amor… y desamor.

1- ZEA MAYS – Atera (Garden Records/Sonde3)

Si 2019 ha significado la despedida definitiva de Berri Txarrak, quizá el grupo euskaldun que mejor supo crecer y evolucionar sin perder su identidad, también ha significado la edición de «Atera», el nuevo trabajo de Zea Mays, otra banda veterana (más de 20 años en activo) que, como en el caso de los navarros, no ha dejado de sonar potente sin renunciar a la melodía, los estribillos y las producciones más allá de los esquemas del «rock duro». Vale que Zea Mays siempre han sido más pop, pero nunca han dejado de estar ahí las guitarras a fuego y una vertiginosa base rítmica que, en caso contrario, habrían corrido el peligro de verse eclipsadas por la epatante voz de Aiora Renteria. El décimo trabajo del grupo de Errekalde es limpio pero cañero, orgánico pero electrónico, es pop y rock, pero también baile discotequero. Una banda que no solo importa por lo bien que suena por sí misma, sino por todo lo que significa, tirando del carro del mejor pop-rock euskaldun. Siempre adelante, sin olvidar el punto de origen.

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