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Ocio y cultura

La película de noviembre… son tres (y las tres vienen con “eusko label”)

"El hoyo" (crítica)

Menuda traca final se ha sacado de la chistera nuestro cine este fin de año. «El hoyo», «La trinchera infinita» y «Ventajas de viajar en tren»

"El hoyo", una de las 3 joyas cinematográficas de este mes
Menuda traca final se ha sacado de la chistera nuestro cine este fin de año. «El hoyo», «La trinchera infinita» y «Ventajas de viajar en tren». Tres cintas (más o menos vascas) que devuelven la cartelera a niveles a los que nos empezábamos a desacostumbrar

Hoy me he despertado inquieto. Me falta algo. Ya no estamos en campaña. Hemos vuelto a esos cortos espacios de tiempo de tranquilidad social sin mítines ni debates. Mi vida es como un café descafeinado. Si las aguas de lo político bajan revueltas (y cuándo no… -aún en cartel «Mientras dure la guerra»-), las de lo cinematográfico fluyen caudalosas, cristalinas y a unos niveles a los que nos empezábamos a desacostumbrar. «El hoyo», «La trinchera infinita» y «Ventajas de viajar en tren»; menuda traca final se ha sacado de la chistera nuestro cine este fin de año. Y las tres, con «eusko label» (o, al menos, con «raíz» más o menos vasca). Debe de estar VOX sacando el champagne. Perdón, el cava. Eeeeeeh… Hablemos mejor de cine.

EL HOYO: ASCENSOR PARA EL CADALSO

Lo de Galder Gaztelu-Urrutia (Bilbao, 1974) es, desde ya, la bilbainada del año. Ovacionada en Toronto (Premio del Público) y ganadora de casi el palmarés completo en Sitges (cuatro galardones incluido el de Mejor Película), «El hoyo» parte de un material peligroso: dos personajes, varias alturas, una mesa con comida. Si uno pulsa subir se encuentra con «Saw«. Si pulsa bajar, con «Cube«. Pero no. La fábula social que propone Gaztelu-Urrutia (por cierto, rodada en Bilbao íntegramente) te agarra por la solapa desde el principio y no te suelta hasta que, hora y media después, quedas exhausto tras haber alucinado con miserias que asustan porque no te esperan en un futuro cercano, sino que están sucediendo ya en el portal de tu casa; hoy. Bien dirigida y con un aspecto visual que nunca revela su presupuesto, «El hoyo» funciona -perdón por el chiste- a todos los niveles. Ojo a los próximos Goya.

LA TRINCHERA INFINITA: PARA ENTRAR A VIVIR

El equipo de «Handia» (es decir, la productora guipuzcoana Moriarti) lo ha vuelto a hacer. Otra historia humana, sincera y emocionante que perdura pasados los días. Como en «80 egunean«, como en «Loreak«. Pero, en esta ocasión y por primera vez, en castellano. «La trinchera infinita», la historia de un huido en plena guerra civil española, sirve a los directores (en este caso, Jon Garaño, Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi) para diseccionar un microcosmos de frustraciones, esperanzas, miedo y delación en una época en la que ser señalado con el dedo podía significar terminar en un paredón.

Superior, como siempre, Antonio de la Torre como una suerte de astronauta al que la realidad parece pasarle por los lados sin siquiera rozarle. Una película agobiante, que se sufre tanto como se disfruta y que deja un poso que se intensifica con el paso de los días.

VENTAJAS DE VIAJAR EN TREN: GRUPO SALVAJE

Encontrarse con una oveja negra en el cine patrio es siempre reconfortante por inusual. Si, además, resulta ser una matrioska rellena de excentricidad, caos y humor negro, los motivos de celebración se multiplican.

De «Ventajas de viajar en tren» (debut en el largo del donostiarra Aritz Moreno) nos esperábamos una comedia marciana (benditos prejuicios), pero al verla nos arrolló una salva de impactos que iban del ejército del aire a la pedofilia, pasando por el síndrome de Diógenes, los kioskeros o el sexo anal. No, no nos hemos vuelto locos; todo eso (y bastante más) cabe en la película que lleva dentro la mejor interpretación de Pilar Castro (ojo a lo que acabamos de afirmar) en un relato que por momentos linda con el terror y por cuyas viñetas discurren los personajes más marginales que uno pueda imaginar. Pero, atención (y aquí el gran mérito del film), siempre dentro de un conjunto con coherencia interna, con cohesión y que engancha hasta las últimas consecuencias.

Cine libre, arriesgado, ingenioso y perturbador, que necesita de espectadores que pasen por taquilla si no queremos vivir en un «Frozen» infinito. Que si, que un bocadillo me salva la vida, pero es que yo quiero comer de cuchara.

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