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Ocio y cultura

La película de junio: “La corresponsal”, guerra interior

Fotograma de la película "La corresponsal"

Te recomendamos la biografía de Marie Colvin, la periodista de guerra más relevante de las últimas décadas. Además, «El gran baño», ya en formato doméstico.

Ojo al parche con la Pike
Este mes te recomendamos que veas en el cine la biografía de Marie Colvin, la periodista de guerra más relevante de las últimas tres décadas. Y, además, «El gran baño», comedia francesa de manta y sofá, ya en formato doméstico.

Ahora que ha muerto Dr. John y todo es un poco más mediocre, quizá quiera terminar de alegrarse la semana con la biografía de Marie Colvin, la periodista de guerra más relevante de las últimas tres décadas. Y, si no, recuerde que todo podría ser incluso peor -a mí este año la declaración me sale a pagar-.

La vida tiene un sentido del humor curioso (ya saben la frase: «A ratos te sonríe, los más, se descojona») y en esta tarde de domingo lluvioso en la que garabateo estos renglones, termino la lectura de «Como una moto», aquella crónica que Bob Woodward hizo sobre John Belushi a mediados de los ochenta. Un cómico devorado por una espiral de fama, ego, noches sin fin en los afters de L.A. y, también, como no, Jack Daniel’s, cocaína y heroína.

Rosamund Pike y Jamie Dorman

Rosamund Pike y Jamie Dornan

Y digo que resulta curioso porque Marie Colvin -cuya leyenda se forjó en el Sunday Times inglés, pese a que ella era yanqui- al igual que Belushi, florecía bajo los focos para desaparecer después en una vida diaria ahogada en alcohol, tabaco e insatisfacción, como bien se retrata en «La corresponsal».

Caótica, hipnótica y autodestructiva, la reportera siempre quiso ser «una ama de casa normal» para aplacar a su madre, pero nunca fue capaz de lograrlo. Si olía a guerra en cualquier punto, al día siguiente volaba a la zona. Mientras veía el filme me invadió un pensamiento curioso: recordé a los alpinistas que hacen ochomiles sabiendo que quizá no bajen, al tiempo que no pueden explicar por qué suben.

Colvin no dejaba un charco sin pisar: Kosovo, Chechenia o Sri Lanka, donde una granada la dejó tuerta, no podían esconder un contrasentido profundamente humano: Carísima ropa interior de La Perla bajo el chaleco antibalas («si un día sacan mi cadáver de los escombros, no quiero ir hecha unos zorros», aseguraba).

Ahora que lo pienso, les estoy hablando mucho de la persona y poco de la película, pero al ser un biopic una cosa se diluye en la otra cumpliendo la regla de oro de Wilder: Recorrer quince años de guerras sin aburrir ni un minuto, con breves -y grises- periodos en Londres, donde la periodista compadrea con una jet set a la que deplora mientras sobrevive acuciada por imágenes perturbadoras adquiridas por su cerebro en lustros de periodismo bélico.

Es verdad que la cinta tira de tópicos -corresponsales viriles y alcohólicos, un mundo muy «macho»- y que en algún momento sus hechuras pueden ser algo telefílmicas, pero el personaje que se retrata es tan potente y Rosamund Pike -inmensa en «Perdida»- lo entiende y transmite tan bien, que uno sale del cine enriquecido, sabiendo más que dos horas atrás.

Por cierto. Si la película les deja con hambre, que sepan que existe un documental («Under the wire») en el que el fotógrafo habitual de la Colvin, Paul Conroy, narra con sorprendente sentido del humor los «bombardeos sirios». Un lugar «agradable pero ruidoso». Tela marinera.

Y EN FORMATO DOMÉSTICO: «EL GRAN BAÑO»

Rebajemos tensiones y recomendemos una comedia francesa, típica, previsible y cómplice, en la que un grupo de inadaptados tratan de aceptarse y ser aceptados, fundando un grupo de… natación sincronizada. Hay risas, sonrisas y hasta un par de carcajadas en esta «Full Monty» versión gala, cuya mayor baza es un casting insuperable que cuenta con ases del calibre de Guillaume Canet o la maravillosa Virgine Efira.

Ya en DVD y demás soportes digitales para todo aquel que quiera pasar un rato óptimo de manta y sofá. Casi nada.

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