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Ocio y cultura

Puro teatro (diciembre): 50 espectadores persiguiendo a los actores con la butaca a cuestas

"Tiempos mezquinos" en el teatro Arriaga (Bilbao)

Es lo que propone la última (y fascinante) producción del Arriaga de Bilbao, “Tiempos mezquinos” / “Garai zekenak”.

"Tiempos mezquinos" en el Arriaga // E. Moreno Esquibel
Es lo que propone la última (y fascinante) producción del Arriaga de Bilbao, “Tiempos mezquinos”/”Garai zekenak”. El teatro hace las veces de mansión de la protagonista y el público va tras ella hasta al baño. Siempre, con una silla-bastón en mano para ir haciendo altos en el camino

Inmenso reto el que se planteaba el Teatro Arriaga de Bilbao con su más reciente producción propia. Hacer una nueva adaptación de la célebre “Hedda Gabler“, de Henrik Ibsen, que traería la historia al Euskadi de hoy en día, en funciones tanto en castellano como en euskera y proponiendo un inusual juego escénico en el que el público (en un aforo reducidísimo) iría siguiendo a Hedda por las estancias del Arriaga (que haría las veces de la mansión, baño incluido, de este magnético y clásico personaje femenino de la Historia del teatro). Pues bien, lo que sobre papel podía parecer una auténtica temeridad, es finalmente en escena una experiencia teatral única y de factura impecable. Sí, “Tiempos mezquinos” / “Garai zekenaksupera con nota los retos a los que se enfrenta. Por partes…

Primero: El peligro de reubicar en tiempo y espacio una obra mítica. En este caso, la historia de esa inquietante, inteligente y carismática mujer de la alta sociedad noruega de finales del siglo XIX que es Hedda Gabler. Bien sabemos que, en ocasiones, eso de “modernizar” un clásico por el procedimiento de enmarcarlo en un contexto contemporáneo puede tener consecuencias desastrosas de puro ridículas (no daremos ejemplos, no). En “Tiempos mezquinos”/”Garai zekenak”, la dramaturga uruguaya afincada en España Denise Despeyroux acierta al elaborar un guion que acerca la trama original al entorno universitario vasco, convirtiendo a los protagonistas en estudiosos de la obra de Oteiza. Se mantiene el halo de estirados burgueses (en este caso, por el ambiente intelectual en el que se mueven), se mantiene un lenguaje que, sin dejar de resultar verosímil, remite al origen decimonónico del texto original y se mantiene casi intacta la trama original convertida en ficción contemporánea (peleas por una cátedra, envidias por la brillantez del ensayo escrito por un compañero…). Sí, en Bilbao, Hedda es Hedda Etxegarai y está casada con un profesor de la UPV llamado Jorge Ameztoy. Y todo sigue cuadrando a la perfección.

Obra de teatro "Tiempos mezquinos" / "Garai zekenak"

Los protagonistas // E. Moreno Esquibel

Segundo: La dificultad de encontrar a una actriz a la altura de un personaje convertido ya casi en arquetipo. Felicidades a la persona responsable del casting de “Tiempos mezquinos”/”Garai zekenak”. Por el bilingüe elenco en general y, sobre todo, por haber tenido la habilidad de imaginar a Miren Gaztañaga como Hedda. La actriz vasca está perfectamente atinada, bordando matices que nos permiten verla transitar desde la frialdad a la pasión, pasando por el miedo, el delirio, el sarcasmo, la condescendencia… Miren tiene la capacidad de representar todo eso con un gesto, con una mirada, con una entonación y/o con un movimiento. Miren logra, en definitiva, “ser” durante los 90 minutos de función esa icónica Hedda cuyo aburrimiento supino le lleva a conspirar contra todo y contra todos (incluso contra ella misma). Bravo. Y bravo también para el actor Gabriel Ocina por su magnífico trabajo.

"Tiempos mezquinos" en el Arriaga

Miren Gaztañaga da en el blanco // Miguel San Cristóbal

Tercero: El posible caos que planteaba el hecho de que el público se fuera moviendo tras los actores por las estancias del Teatro Arriaga. Aquí el cum laude se lo llevan el director, Raúl Cancelo, y el “maestro de ceremonias”, Pako Revueltas. El primero ha diseñado hábilmente un recorrido complejo que va desde el hall al foyer pasando por las escaleras, el bar, una sala que hace las veces de baño… El segundo sabe ganarse a los 50 espectadores a los que, en cada función, va paseando (enmascarados, como para evidenciar ese papel de voyeurs) por el edificio mientras pone la música, mueve los focos, abre las puertas y todo lo que sea menester. Tan bien concebida está “Tiempos mezquinos”/”Garai zekenak” que hasta se han preocupado de disponer de una mini silla plegable-bastón para cada espectador, para que podamos reposar sentados cuando la escena se detiene en un punto concreto del edificio.

"Tiempos mezquinos" en el Arriaga // Miguel San Cristóbal

A vueltas por el Arriaga // Miguel San Cristóbal

Así que no, decididamente no. “Tiempos mezquinos”/”Garai zekenak” no es la enésima versión que se hace del “Hedda Gabler” de Ibsen. Es algo totalmente nuevo, totalmente diferente y totalmente sorprendente. Y, claro, totalmente recomendable. Aún quedan múltiples funciones en euskera y castellano a lo largo de diciembre y enero. Y seguro que hace años que no vives una experiencia teatral tan excitante y novedosa. Las entradas (20 euros) están volando y ya hay algunos pases agotados. Avisados/as quedáis.

Y, ADEMÁS, “ULTRASHOW” + “CABARET CHIHUAHUA”

Como nos pasa todos los meses, hay tanta oferta teatral que siempre nos tenemos que dejar algo en el tintero… Así que nos despedimos proponiéndote un par de montajes más. El 17 de diciembre (Sala BBK; 5 euros) y dentro del festival Tracking Bilbao 2018, el gran Miguel Noguera nos traerá de nuevo su “Ultrashow“. Ya sabes, ¿no? Surrealismo a raudales, vueltas de tuerca inesperadas y humor, mucho humor (aquí puedes recuperar nuestra crítica sobre su espectáculo).

Por su parte, Pabellón 6 recupera estas Navidades su celebérrimo “Cabaret Chihuahua“. ¿Queda alguien que no lo haya visto? Seguramente no, pero da igual, ¡¡repitamos los que ya lo hemos vivido!! Es la quinta temporada del que fuera su primer cabaret (tras el que vendrían Chichinabo y Pichichi) y, para nosotros, es el más loco, divertido y disfrutable de los tres. Del 22 de diciembre al 6 de enero (15 euros; aquí).

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