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Gente de aquí

La historia de Tas, el joven que vive en una iglesia de Sopuerta

Tras tres años de trabajos e invertir «todo», un diseñador de Bilbao ha restaurado la antigua parroquia de Santa Cruz para convertirla en su hogar.

Tas, en su casa // evol_photo
Tras tres años de trabajos e invertir «todo» en el proyecto, un diseñador de Bilbao ha restaurado la antigua parroquia de Santa Cruz para convertirla en su hogar. Una historia que tiene mucho de reforma arquitectónica, pero aún más de superación personal

Desde hace tres o cuatro meses, cuando uno pasa con su coche por la carretera que une los barrios de Mercadillo con Traslaviña, en los municipios encartados de Sopuerta y Artzentales, respectivamente, ya no solo se queda impactado por tener que cruzar la cantera de La Cilla, sino que, 3 kilómetros y muchas curvas más allá, se encuentra con que la antigua iglesia de Santa Cruz, de 1530 y que llevaba abandonada y en estado de semirruina desde hacía 40 años, luce ahora reformada, renovada, más limpia y firme que en sus primeros y postmedievales tiempos.

Pero no, tal resurgimiento no ha sido por obra y gracia de Dios. Ni siquiera por iniciativa de la Diócesis de Bilbao. Ha sido cosa de un particular. De Eduardo Estanislao González-Careaga, más conocido como «Tas Careaga» (Venezuela, 1984), un diseñador gráfico, informático, fotógrafo, pintor, interiorista, skater o, como él mismo se define (ante la dificultad de hacerlo), «director de proyectos», que lleva media vida sacándose las castañas del fuego y encontrando posibilidades donde el resto solo veríamos obstáculos. Un autodidacta que, movido por la inquietud de aquel que no tiene nada que perder y mucho que ganar, se toma su existencia como una concatenación de retos personales. «Para abrir una puerta, tienes que cerrar otra», es su lema.

Iglesia de Labarrieta (Sopuerta)

La iglesia de Tas (Sopuerta) // evol_photo

Cogemos el coche y nos vamos a Enkarterri. Es media hora desde Bilbao. En Sopuerta, tomamos ese vial que nos lleva de manera paralela al río Kolitza y, al ir a realizar un cerrado giro a la altura del barrio de Las Barrietas, damos con la iglesia de Santa Cruz. O, mejor dicho, con la iglesia de Tas.

¿Cómo surgió esta idea?

Estaba buscando un caserío, una casa torre, algo antiguo, con jardín… me pasé horas y horas buscando en Idealista, en Milanuncios… y en esta última apareció un «terreno con edificación en ruinas». Vi que era una iglesia, me pareció un poco raro y llamé. Quedamos, lo vi y me pareció acojonante. Había toneladas de escombros. Llamé a un amigo arquitecto, para ver hasta dónde era una locura mi idea… y me dijo que los muros llevaban 500 años en pie, que ya no se iban a caer.

Pero no había cubierta…

Nada. Ese era el gran reto. Había dos opciones, por requerimiento legal: Arreglarla o tirarla. Al estar al lado de la carretera no dejaba de ser un peligro, pero al Obispado le salía muy caro derribarla. Y, como no la querían para nada…

Está desacralizada, ¿no?

Sí, claro. Además, no hay que olvidar que soy ateo, je je.

Así que te liaste la manta a la cabeza y la compraste.

Eso es. Sin tener muy claro qué haría con ella, pero sabía que tenía que meterme en este proyecto.

Charla intramuros (de hace cinco siglos) // evol_photo

En el cual has invertido todo tu dinero y tres años de trabajo. Trabajo manual, quiero decir.

Sí, he currado muchísimo aquí. Mano de obra barata, a fin de cuentas. Pero lo que más he hecho ha sido dirigir la obra. Ver qué falta, qué falla… y solucionar los problemas que podían surgir. Aunque me hacía mucha ilusión tirar piedras, excavar…

¿Alguna anécdota de tu estreno como jefe de obra?

Cuando empezamos a alisar el suelo, con una excavadora, la pala cayó sobre uno de los dos altares que había y mi amigo Gon salió disparado como con una catapulta. Nos llevamos un buen susto.

Habrás tenido que hacer un montón de labores diferentes… y tratar con un buen número de gremios…

Gremios, todos y más. Pedí un millón de presupuestos. Desde constructoras grandes a las que les dabas la llave y se encargaban de todo a pequeños trabajadores que podían hacer esto o aquello. Al final trabajé con un montón de gente de aquí de la zona, gente de Sopuerta y Arcentales.

Vino de misa… y algo más // evol_photo

Pero todo el diseño sí que ha sido tuyo.

En la parte técnica y diseño de cubierta he contado con Carlos Garmendia, el arquitecto, pero sí que el diseño en general ha sido mío, siempre con la supervisión y consejos del arquitecto, claro. A Carlos tengo que agradecerle su apoyo y paciencia, menos mal que es mi amigo. Afortunadamente, el proyecto le entusiasmaba tanto como a mí. Pero planos, pisos, escaleras… se me van ocurriendo a mí sobre la marcha.

Así que entraste con la excavadora… y lo demás fue surgiendo.

Eso es. Más o menos lo veía… y gracias a Google Maps iba dibujando cosas, pero sin un planteamiento fijo. Solo sabía que tenía que ser diáfano, sin columnas.

Antes de en una iglesia, viviste en un loft…

Sí, antes de esto convertí un antiguo showroom en mi casa. Aquello era una escombrera cuando lo alquilé.

Hay que decir que todas estas cosas que haces las has aprendido de manera autodidacta, trasteando…

Sí. De hecho, ya lo hice hace diez años con mi primera casa, en Bilbao La Vieja. Estuve mirando, mirando y mirando… y di con un piso en el que había que hacer muchísima obra. Cuando lo acabé pensé que había quedado de puta madre, gracias a trabajar mucho, pero también a haber escogido muy bien el espacio. Así que, en cuanto lo acabé, seguí buscando, buscando y buscando, aunque no tuviera un euro. Y di con el loft cinco años después. Mucho espacio y mucha luz. En Bilbao. Eso buscaba.

El placer de trastear // evol_photo

Hasta que te entraron ganas de vivir en el campo, entiendo.

Eso es.

¿De dónde te viene esa inquietud y ese gusto por el «hazlo tú mismo»?

Pues todo arranca en mi adolescencia. Me quedé huérfano a los 16 y, puede decirse, era un bala perdida. Mis hermanos mayores quisieron ayudarme, encargarse de mis gastos para que yo siguiera estudiando, pero eso me pareció injusto. Antes de que muriera mi padre, porque mi madre murió cuando nací, no iba en ninguna dirección. Pero ahí me di cuenta de que tenía que espabilar, que estaba solo, por mucho que tuviera a mis amigos, mis hermanos o mi familia.

Y cambiaste el chip.

Lo primero que hice fue acercarme a la gente de Mungia y pedirles perdón por las cosas que había hecho. Luego dejé el instituto. Los profesores se echaron las manos a la cabeza. Qué va a ser de este, decían. Era un chaval muy joven y con no pocos problemas…

¿Y cuál era el plan?

Tirar hacia delante. Fui panadero, camarero, montaba escenarios… mis hermanos me ayudaban, pero ya vivía de manera independiente, de alquiler.

Pero por tu cabeza pasaría algo más que ir tirando…

Eso es. Yo quería saber qué pasaba ahí fuera. Así que, cuando mi tía me preguntó si necesitaba algo, le dije que un ordenador. E Internet. Año 2001.

Tola & Tas // evol_photo

Cuando los ordenadores no eran tan habituales… e Internet casi ciencia ficción. Ahí arrancó la cosa para la mayoría.

Yo aluciné. Llegar a gente lejana me parecía una pasada. Hice un curso de comercio electrónico y, antes de terminarlo, ya monté un colectivo de diseño con unos amigos y mi primera página web. Mi portfolio, por así decir. Y en 2002 o 2003 va y me contacta una revista de Londres para hablar de mi trabajo.

Y tú, que no eras más que un chaval en su pueblo…

Fue un flipe. Después me contrataron en un estudio de diseño donde tenían un marrón. Llegué y les solucioné la papeleta, así que empecé a trabajar más de seguido con ordenadores.

Ahí, aparte de diseñador, te hiciste informático.

Sí. Me monté mi propio ordenador… y, entre que el estudio cerró y un amigo abrió una tienda de informática, pues ahí que me metí.

Pero me da que tampoco estuviste mucho tiempo…

No… los del estudio abrieron otro… y yo, que ya no quería trabajar de diseñador, acabé accediendo, haciendo muchos trabajos para el extranjero.

Y así acabaste en Estados Unidos…

Je, je, no exactamente. No estaba a gusto con las exigencias del estudio y lo dejé. Una amiga vivía en Texas, así que me pillé un vuelo de ida, sin saber muy bien para qué… pero acabé realizando trabajos para varios clientes en Austin.

A church with a view // evol_photo

Sobre la marcha te fuiste y de la misma manera volviste.

Sí, me entró morriña y volví. Tenía 21 años. Monté mi propia empresa, TasLab, que ya existía como web, pero que a partir de ahí fue algo tangible, real.

Te fue tan bien que hasta te llamaron de tu antiguo instituto para darle una charla a los chavales…

Sí, el mismo que me había dicho que iba a fracasar en la vida, cinco años después me estaba dando la enhorabuena.

¿Y qué quería que les trasladases a los estudiantes?

Que hay otro camino, un camino que se hace uno mismo.

Algo te habrá salido mal también…

Monté una tienda online de skate, creé una firma de ropa, fui socio de otra marca que hicimos en Nueva York… me he metido en muchos jaleos y unos han salido bien y otros han salido mal.

La iglesia ha salido bien, pero, ¿y si no llega a salir?

Ahora la veis muy bonita, pero estuve a punto de dejarla a medias y venderla, porque no podía más, por el tema burocrático, sobre todo. He sufrido tanto que me han salido hasta calvas del agobio.

Me encanta que los planes salgan bien // evol_photo

Ahora, ¿cuál es la sensación?

Una felicidad total… pero también un poco de crisis. Después del engorile, te sientas en el sillón y dices «y ahora, qué hago». He estado tan ocupado, que no he tenido un momento para pensar si esta era la decisión correcta. El único camino era tirar, tirar y tirar.

¿Lo consideras más una inversión o un reto personal?

Ostras, pues igual suena pretencioso, pero considero que puede tratarse como un proyecto artístico. Como cuando pinto un cuadro… un lienzo en blanco y a ver qué pasa.

Y ahora… te la quedas. Para vivir.

Sí, no podía ser que el proyecto más ambicioso de mi vida, en el que tanto he invertido y trabajado, lo disfrutase otro.

Pero a los vecinos de Sopuerta ya les dejarás asomarse un rato, ¿no?

Claro, algunos ya han estado. Me cuentan que se casaron donde yo hago huevos fritos, jajaja.

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