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El tamaño, en un festival de cine, sí importa

Directores del Zinemaldia y del Dock Of The Bay

Hablamos con los máximos responsables del Zinemaldia y del Dock Of The Bay, quienes conviven en el microcosmos de festivales de cine de Donostia.

Rivera y Rebordinos // Maite Arbizu
José Luis Rebordinos y Eva Rivera conviven en el microcosmos de festivales de cine de Donostia. Los máximos responsables del Zinemaldia y Dock Of The Bay hablan sobre su amor por el diseño de un festival, la falta de tiempo y la dichosa financiación

Eva Rivera es la directora del festival de cine documental musical Dock Of The Bay. En su programación abundan biografías de grandes músicos, historias que nos redescubren escenas musicales míticas o incipientes y que los melómanos aguardan todos los años como el maná. Su presupuesto ronda los 100.000 euros. Por su parte, José Luis Rebordinos dirige el festival de cine más importante de la Península, el único certamen de clase A en España. A estas alturas, la historia de esta ciudad no podría entenderse sin su gran festival de cine, que este año soplará 68 velas. El presupuesto del Zinemaldia acaricia los 9 millones de euros. Y subiendo. A su director, el chaparrón económico le suponen dos cosas: ensanchar la marca del Festival todo el año y, qué remedio, más quebraderos de cabeza.

Sentados en un rinconcito del cinéfilo y muy kitsch bar Oquendo (esas fotos noventeras pegadas en la pared), Eva y Rebor congenian enseguida, antes incluso de que se pongan las preguntas encima de la mesa.

Directores del Zinemaldia y del Dock Of The Bay

Congeniando // Maite Arbizu

José Luis Rebordinos: Siempre digo lo mismo. Esto es como cuando eras jovencito y querías ligar. Si eras gordo y feo no te quedaba otro remedio que ser muy simpático y gracioso.

Eva Rivera: Y muy inteligente.

JLR: En una escala global somos pequeños. Si vamos a Venecia tenemos que mostrar nuestras mejores galas. ¿Vosotros no tenéis competencia de otros festivales?

ER: Lo que nos ha pasado es que la película que nos envían no suele ser el montaje final…

¿Como programador no te la estarías jugando?

JLR: Es algo muy normal. Si hay una película en Sundance que ha triunfado y tiene unas críticas buenísimas, aún sin verla, no te estarías arriesgando. Lo que pasa es que hay que ser profesionales. Hasta la película más grande de una multinacional que ya sabes que vas a acabar seleccionándola la tienes que ver. Mañana me ofrecen la última de Spielberg y les diré que sí, pero tenemos que verla antes.

¿Os da tiempo a ver todo lo que os llega?

JLR: No, pero siempre hay alguien de mi equipo que sí la acaba viendo.

ER: Yo veo todas las que voy a proyectar, pero llegan un montón de películas y la gente de mi equipo hace de filtro. Me dicen: «Esta ni te la mires».

JLR: Este año nos han pasado 3.000 películas. Nadie puede ver tantas. Yo he visto unas 300-400 películas. La gente del comité de selección, entre 600 y 800. Se acaban proyectando unas 170.

Eva Rivera, directora del festival Dock Of The Bay

Eva Rivera, sittin’ on the Dock Of The Bay // Maite Arbizu

En tu caso, ¿los del comité son los que te hacen el filtro?

JLR: Las películas llegan de distintas maneras: vía link, en los mercados, como ahora en Berlín… Y luego hay películas que son cartas marcadas: si mañana llega la última de un director que sabemos que es interesante la vamos a ver todos. Si, en cambio, es de una distribuidora amiga que apuesta por el Festival yo la tengo que ver por pura cortesía. Por último, hay unos viajes organizados muy importantes. En abril y julio vamos a París, que es donde están los distribuidores más importantes del mundo. Todo el cine anglosajón se ve en Londres en julio. De esos tres viajes sale el 60-70% de la programación.

¿Pero quién tiene la última palabra? ¿Tú?

JLR: Cualquier persona del equipo puede llegar a decidir por sí misma. Si solo la ve alguien, el resto no tenemos posibilidad de verla y tiene claro que tiene que entrar, lo dice y entra. Normalmente intentamos verla 3-4 personas como mínimo.

ER: En nuestro caso las películas también nos llegan vía link, a través de una convocatoria que realiza el propio festival y luego en los mercados internacionales, aunque no tenemos la capacidad de poder viajar.

José Luis Rebordinos

José Luis Rebordinos, capo del Festival de Cine de San Sebastián // Maite Arbizu

¿Hay sitio para todo tipo de cine en vuestros festivales?

JLR: Cannes es el festival más importante del mundo. No hay ninguna duda. San Sebastián es el festival más importante de España. Tampoco hay ninguna duda. Eso no quiere decir que sean los mejores sitios para todas las películas. Cada película tiene que encontrar su sitio. Esto es muy importante. Una película X la pueden matar Cannes o San Sebastián, pero quizás van a Sevilla o Gijón y salen mucho mejor paradas. Depende de las características de la propia película.

ER: Eso es. Nos está empezando a pasar. Festivales temáticos como el nuestro que encuentra a distribuidoras que en su estrategia les interesa estrenar su película en el Dock of The Bay.

¿En un festival grande las tareas del director están más definidas?

JLR: He dirigido dos festivales pequeños, el de Derechos Humanos y el de Cine Fantástico y de Terror, en el que hacía de todo. He llegado a ayudar al que hacía las revistas en la imprenta. El Festival de Cine de San Sebastián tiene una estructura superprofesional, con un equipo de 34 personas.

¿Trabajan todo el año?

JLR: Todo el año. El Festival no programa solo durante 9 días. Está en una Escuela de Cine (Elías Querejeta Zine Eskola) que dura un curso entero; en una residencia de proyectos como Ikusmira-Berriak que son 8 semanas al año; colabora en la pantalla compartida de Tabakalera… Es decir, la estructura que tenemos no es solo para esos 9 días. La tenemos que rentabilizar todo el año. Yo soy el que dirige los departamentos y que, obviamente, toma las últimas decisiones, fundamentalmente en el diseño, la programación y la política económica. ¿Vosotros estáis profesionalizados?

ER: Si, sí.

JLR: Eso es una ventaja. Hay festivales que trabajan con voluntarios.

ER: No es nuestro caso. Todo el mundo cobra. La programación-dirección está centrada en mí, pero es un poco lo que contabas. Hago de todo. Si hace falta coger el coche durante el festival, cargarlo y llevarlo de un sitio me encargo yo misma. Sí que es cierto que muy poco a poco tenemos a gente que se ocupa de distintas tareas en producción, programación, prensa y comunicación…

Directores del Zinemaldia y del Dock Of The Bay

Rivera, Rebordinos y un montón de gente más // Maite Arbizu

¿Qué es lo que más os gusta de vuestro trabajo?

ER: El diseñar, pensar e imaginar cómo será la siguiente edición. Es lo que más me gusta. Por qué hacemos una sección, darle continuidad a los proyectos, que tenga una coherencia y un sentido… Algo que he aprendido trabajando es que no hay que hacer cosas por hacer.

JLR: Lo más bonito de un festival es diseñarlo y seleccionar las películas. Lo que pasa es que cuanto más crece un festival le dedicas menos tiempo a eso. Ahora mis compañeras de dirección están más centradas en el diseño y la selección. ¿Por qué? Porque te toca cada vez más asumir la búsqueda de financiación y toda la faceta política de un festival como este.

¿Cuándo paráis? ¿Justo después de que termina una edición?

JLR: Hace años que no hay mucha posibilidad de parar. Este año he tenido la suerte de cogerme 15 días de vacaciones en diciembre, pero al acabar el Festival es muy difícil. El Festival va creciendo. Yo lo cogí hace nueve años con un presupuesto de 6.750.000 euros y este año llegaremos a cerca de los 9 millones, que es casi un 30% más. Es una huida adelante o mueres frente a la competencia. Nosotros tenemos patrocinadores de 400.000 euros y eso no lo consigues en junio, sino entre octubre y febrero.

ER: Sí es cierto que después de que acaba el festival baja la intensidad. Pero el trabajo se mantiene: cerramos algunas cosas de aquí a junio, los meses de verano son un poco perdidos y desde septiembre a diciembre tengo que estabilizarlo.

Directores del Zinemaldia y del Dock Of The Bay

Eva y José Luis, al otro lado // Maite Arbizu

¿El Dock Of The Bay ha crecido en estos últimos años?

ER: En los últimos tres años no. Lo estamos haciendo con el mismo dinero, que no llega a 100.000 euros. Es un festival pequeño. Proyectamos 26 películas en total. A veces me paso más tiempo buscando financiación que viendo películas. Supongo que en 2021 habrá Dock of The Bay, pero tampoco lo tengo muy claro. Puede que sí o puede que no. Como empresaria me enfrento a unos riesgos muy grandes: si el Festival va muy mal soy yo la que acaba respondiendo. Esta fragilidad de las industrias culturales, del sector pequeño y privado, me preocupa.

¿Cuáles son los aspectos más positivos de un festival pequeño y de uno grande?

JLR: Yo he conocido los dos. Tienes más libertad en uno pequeño. Mis mejores recuerdos son del cineclub de Errenteria, cuando me costaba dinero programar. En la Semana del Terror hacíamos lo que nos daba la gana. Me gustan mucho los festivales pequeños. Me encantaría poder acabar trabajando en un festival como la Semana del Terror o algo así, pero no creo que sea posible.

ER: Me encanta la libertad y la cercanía, esa sensación de familiaridad que se consigue con los directores y el público. No dejamos de ser un festival de público.

JLR: Hay menos servidumbre. Y que no se entienda mal; no lo digo porque vienen a decirnos lo que tenemos que hacer. Cuando manejas un presupuesto de casi 9 millones de euros tienes una responsabilidad. Si rechazas una película española en la Sección Oficial puedes estar hundiendo su carrera, pero si entra puedes ponerle un par de millones más en taquilla. Tus propias servidumbres son muy grandes. Tienes que medir mucho más todo lo que haces. A cambio, te permite abordar retos más grandes. No me ha dado más felicidad, pero obviamente me sigue compensando.

¿El Zinemaldia te ha puesto bigote? ¿Eres más serio ahora?

JLR: Es diferente. Me ha hecho aprender mucho. Conoces a la gente de este negocio… Pasas a tener cierta importancia y es mucho más bonito conocer a alguien siendo un «pringado». A la gente la conoces cuando no eres nadie.

Directores del Zinemaldia y del Dock Of The Bay

Donostia, una ciudad de película // Maite Arbizu

Eva, ¿cuál es la última película que has visto en el Zinemaldia? ¿Y tú, José Luis? ¿Cuándo fue la última vez que fuiste al Dock of The Bay?

ER: Pues he visto cosas que ya había visto pero que me apetecía ver en pantalla grande, como «La trinchera infinita» y «Lo que arde», de Oliver Laxe, que me han emocionado mucho. «Toy», «Y llovieron pájaros»…

JLR: En el Dock Of The Bay no he visto ninguna.

¿No? ¿Y eso?

JLR: Pues tiene una explicación muy sencilla. Son unas fechas en las que me es imposible. No voy a la Semana de Terror prácticamente desde que la dejé porque me coincide con otro tema. Los sigo por la prensa. La falta de tiempo es un problema que tengo. Alguien decía que eres rico si tienes tiempo. Yo soy muy pobre. No veo ni siquiera el cine comercial. Aspiro a jubilarme en un estado razonable de salud y tener tiempo.

No sueles hablar de tus gustos musicales. ¿Te gusta? ¿Escuchas música habitualmente?

JLR: He oído muchísima música. Era un loco del jazz cuando era joven y vivía bien. Me cogía el abono del Festival de Jazz de Donostia, iba a todos los conciertos. Con los amigos aparecíamos hora y pico antes y nos hacíamos hasta cócteles allí mismo. Luego en mis vacaciones iba al Festival de Jazz de Vitoria. He completado los dos festivales durante bastantes años.

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