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Ebrovisión

Crónica de Ebrovisión 2022: ¡Misterio resuelto!

Cumpleaños total en Miranda de Ebro con todas las entradas vendidas a pesar de no conocerse el cartel de esta vigésima edición.

Sidonie y Jorge Martí (LHR) // Stuart MacDonald (Music Snapper)
Los pasados días 1, 2, 3 y 4 de septiembre volvimos a acercarnos a Miranda de Ebro para disfrutar de su festival más popular, que este año celebraba su vigésima edición con todas las entradas vendidas, a pesar de no haber desvelado la programación. Un festival diferente, en fondo y forma, y que, definitivamente, «enamora»

Que en tiempos de promotoras mastodónticas y grupos de inversión internacionales buscando un trozo del gran pastel festivalero haya un evento como Ebrovisión, completamente independiente, organizado por una asociación cultural sin ánimo de lucro, en un pueblo de Burgos, y que agote sus abonos y entradas con un cartel totalmente secreto, tras dos años en blanco por aquello de la pandemia es, sin lugar a dudas, un gran éxito. Y conlleva un mérito enorme.

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Pero, no, tampoco es que estén tan locos en Miranda de Ebro como para montar festivales misteriosos, no. O no del todo, vaya. Este 2022 se celebraba una edición muy especial, la número 20, que, tras no poder celebrarse en 2020 (ni en 2021), fue pospuesta a este año I poscoronavirus (que no nos lea Fernando Simón) para darle más emoción, si cabe. Tanta, que como decíamos hace unas líneas, llevó al festival a agotar todos sus tickets, con bastantes semanas de antelación, además.

Y, sí, lo decimos: se nos fueron de las manos las expectativas. A todos. Así que no está de más volver al principio, nuevamente, para contextualizar las cosas. Hablamos de un festival pequeño. Mediano. Sin nadie con el fajo detrás. Con un aforo tope de 7.000 personas por día. No os iban a traer a Dua Lipa ni a The Strokes, descuida. Y tampoco a ninguno de esos nombres del «indie» español que se funden los presupuestos haciendo que el resto de artistas cobren entre poco y nada. No.

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Ebrovisión es lo que es y, tras 20 ediciones, pues deberíamos ya saberlo. ¡Y qué bien que sea así!

«Un festival que enamora» // Laura Oviedo

Y es que, al final, el festival fue completamente continuista en lo que a línea artística y política de contratación se refiere. Poco dado a los bandazos estilísticos y siendo fiel a su esencia, más o menos podíamos imaginarnos quiénes podían pasarse por allí los días 1, 2, 3 y 4 de septiembre, puesto que, en gran medida, estaríamos hablando de retornos. Como los de La Habitación Roja o Sidonie, partícipes de aquella primera edición de 2001 y que estaban en todas las quinielas para volver (aunque fuese muy difícil acertar en qué horario, pues el juego de los emojis propuesto desde Miranda, a modo de jeroglífico, casi causa más de un esguince neuronal).

Bueno, eso, que el sábado tocaron pioneros del pop independiente y del propio festival, como lo hizo un día antes un Iván Ferreiro que, presente el primer año con sus Piratas, esta vez sorprendió subiéndose al escenario número dos para acompañar durante un rato a su hermano, Amaro Ferreiro. Y es que los cameos fueron constantes durante el fin de semana, haciendo de varios de los conciertos citas diferentes y, seguramente, irrepetibles. Así las cosas, hasta pudimos volver a bailar «On The Floor», de Standard (posteriormente WAS), ya que LHR cerraron su actuación con ella, con Deu Txakartegi, vocalista de los getxotarras, como invitado especial.

También fue muy especial el set de Lori Meyers, acústico, distante del reciente frenesí vivido, por ejemplo, en Bilbao BBK Live. Eso fue el viernes, tras unos Morgan que también resultaron cálidos y reposados con su propuesta, aunque en su caso es más habitual. La voz de Nina, como siempre, imponente.

Público de Ebrovisión 2022 // Laura Oviedo

Pero, claro, es que veníamos del potentísimo show de Triángulo de Amor Bizarro, con una Isa que ya había actuado por la mañana junto a Biznaga, en uno de los conciertos diurnos de la Fábrica de Tornillos, antigua sede ebrovisiva. Gallegos y madrileños tienen maneras diferentes de hacer colisionar indie y punk (con bastantes más matices en el primero de los casos), pero ambos coinciden en términos de abrasión sonora. Bolazos absolutos, como también lo fueron los de The Parrots (¡lo que ganan con saxofonista!), por la mañana, o Carolina Durante, ya por la noche, tras el pequeño impás acústico que comentábamos antes.

Antes, el jueves, habíamos vibrado con El Columpio Asesino, quienes volvieron a demostrar que son mucho más que «Toro» (qué tremendos cuando recuperan temas antiguos como «Floto» o «Your Man Is Dead»), y con unos Arde Bogotá que, si bien hace 20 años difícilmente hubieran tenido cabida en muchos festivales «indies», dadas las actuales tendencias tienen todas las papeletas para triunfar en la escena y convertirse en los nuevos Izal: serán cabezas de cartel de aquí al verano que viene.

Los que lo tienen más difícil para ello son Morreo, quienes sí casan con aquella escena primigenia que lo mismo podía beber de Los Brincos que de Love, por decir dos clásicos influyentes dentro del pop alternativo. Sin llegar a sonar tan bien como en su debut, «Fiesta nacional», demostraron disposición y ganas de divertir, poniendo la carpa a bailar, especialmente con «Mosquito», su nuevo single. Y decimos «carpa» porque antes lo era y porque, de un tiempo a esta parte, es el escenario habitual de los DJs, pero este año era menos carpa y más escenario, con bien de explanada para poder albergar público sin apreturas ante el sold out.

Por allí, por ese escenario La Salve, pasaron algunas de las propuestas más jóvenes o minoritarias, como Jordana B, Gaf y La estrella de la muerte y Bifannah, sin olvidar a unos Camellos que están ya para cotas mayores («¡escenario principal, escenario principal!»). Un gran acierto abrir las tardes del recinto principal con estos conciertos pequeños pero sumamente interesantes, con muy buen sonido y en la distancia corta.

Bifannah en el escenario La Salve // Stuart MacDonald (Music Snapper)

Dentro del pabellón, en el escenario grande, abrieron el jueves los estadounidenses Night Beats, con un elegante rock psicodélico de poso soulero y no tan garajero como antiguamente era el proyecto de Danny «Lee Blackwell». Nadie los esperaba (recordemos: ¡el cartel era secreto!) y, sin vencer, convencieron.

Nada que ver con Ladilla Rusa, último grupo del viernes, que, lejos de pretender resultar sofisticados, montaron una verbena tan hortera como divertida y tan reivindicativa como petarda. Un fiestón enorme que tuvo sus puntos álgidos, claro, en «Macaulay Culkin» y «KITT y los coches del pasado». Un dúo (quinteto al sumar DJ, batería y guitarra) nacido sin pretensiones que es un as en la manga para cualquier festival. A altas horas y sin esperarlo, ya…

También estuvo en el escenario grande, ya el sábado, un Ángel Stanich que, arropado por una gran banda, ofreció un gran show, apoyado en su particular carisma y acidez. «Escupe fuego» la cantó a medias con Germán Salto, quien había estado por la mañana en La Fábrica de Tornillos presentando «Germán Salto», uno de los mejores discos españoles de este 2022, sin duda (como también lo es el de los ya nombrados Biznaga o lo fue en 2021 el de Morreo, así que, ¡ojo quienes os perdéis los conciertos más allá del escenario grande!).

Stanich y Salto // Stuart MacDonald (Music Snapper)

Un escenario, el principal, que dejará de serlo en 2023, puesto que «Ebrovisión Total» se celebrará en un nuevo recinto, más amplio y cómodo que un pabellón cerrado como el del Multifuncional de Bayas, donde la organización montó una performance de cumpleaños tras el concierto de Sidonie, con tarta, caramelos y hasta porrones de zurracapote.

Esa noche, la del sábado, se cerró con el DJ set percusivo de Serial Killerz, con bien de hits apoyados por batería en directo, y con Brian de Calma, del colectivo Estereoclub responsable de la carpa exterior. Él fue el último artista de ese escenario para el recuerdo, como el jueves lo fue Brummel y el viernes, Jotapop.

Fuera, en la mentada carpa, pincharon Teleclub Djs, Patrullero, Retrovisor, Blutaski, Jon Estereobrothers, Panoramis… y un Optigan1 que escribe estas líneas y que se perdió a Rufus T. Firefly por aquello de la coincidencia horaria. Encima, contaron con la colaboración de Anni B Sweet. ¡Ay!

¡Cumpleaños feliz! // Stuart MacDonald (Music Snapper)

EBROVISIÓN DE DÍA

Ya hemos comentado que vimos a The Parrots, Salto o Biznaga en la Fábrica de Tornillos, en algunos de esos conciertos de día, de entrada libre, que ya se han convertido en otra de las señas de identidad de Ebrovisión. Por allí pasaron también las mirandesas Bicho Humano, con su fresco punk (y un gran sonido); y Embusteros, la banda cordobesa de pop, que fue de menos a más y terminó contagiando a los presentes con sus hipercoreables temas (con ese puntito épico que tanto se lleva hoy en día).

Una jornada después, el sábado, tras el bolo de Germán Salto, otro nombre propio del panorama independiente: Enric Montefusco. Casi nada. El ex-Standstill, guitarra acústica en ristre, empezó sobre el escenario y acabó entre el público, ¡en la calle! Un lujazo se mire por donde se mire. ¿Lo único malo? Que empezó bastante tarde y se solapó con la Muestra Gastronómica, en el casco viejo de Miranda, donde comimos ricas creaciones de los hosteleros mirandeses (a 4€ la unidad) y bailamos al son de los temas pinchados por Blutaski, DJ Patillas y Brummel.

Una vez finalizada la sesión, conciertos: la cumbia-rock de los bilbaíno-colombianos Mi Buenaventura y el rock and roll de Los Bengala, en formato trío. Dos propuestas diferentes, pero plenamente complementarias, que nos hicieron bailar a pleno sol, cosa que también hicieron los festivaleros más jóvenes gracias a Ebropeque y la actuación de El Meister, es decir, Javier Vielba (Arizona Baby, Corizonas), quien por la noche también se subió al escenario con Stanich. Con semejante «Introducción al Ebrovisionismo», está claro que habrá público para el festival por otros 20 años más, como poco.

Ambiente de día en Ebrovisión 2022 // Laura Oviedo

El domingo a mediodía la calle Cid, en el centro de Miranda, fue testigo de la despedida definitiva de Ebrovisión 2022, con el concierto de Santiago Campillo. El ex M-Clan demostró su virtuosismo a las seis cuerdas, alternando temas propios con versiones y dejando uno de los posos más clásicos y rockeros de esta edición del festival.

Y sí, algunos pensabais que tocarían La M.O.D.A. en ese cierre (se había extendido el rumor, como tantos otros que pulularon el fin de semana a ese lado del Ebro), por lo que quizá os sentisteis decepcionados, pero, tal y como comentaba al abrir este texto, hay que ser consciente del contexto y de las limitaciones… que, lejos de ser una debilidad, constituyen una de las grandes fortalezas de este festival. Porque los hay más grandes, gigantes… y los hay pequeños, diminutos… pero ninguno capaz de meter más de 20.000 personas en tres días y de mantener viva la llama de lo «independiente» y de lo «alternativo», otorgando a un público tan numeroso un trato tan humano y cercano, tan de andar por casa.

Con sus defectos y carencias, pero con sus virtudes y aciertos, Ebrovisión es uno de los pocos festivales con los que no vale simplemente acudir. Uno se hace fan, amigo, cómplice. No queda otra. No en vano, su lema es #unfestivalqueenamora… y por algo será.

¡Larga vida, Ebrovisión!

Ebrovisión 2023 se celebrará el 31 de agosto y 1, 2 y 3 de septiembre. Más información y oferta limitada de 500 abonos, aquí.

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