Música

CRÓNICA Y FOTOS: Black Mountain. Lisergia canadiense (Kafe Antzokia, Bilbao, 2-IV-2016)

La gran revelación del pasado Azkena Rock Festival volvía a Euskadi para presentar en directo «IV», su cuarto álbum. Nuestro redactor Óscar Díez (con fotos de Gorka Ruiz de Heredia) nos cuenta cómo el quinteto canadiense comenzó su noche bilbaína con una fuerza arrolladora para ir, poco a poco, desinflándose. Eso sí, aunque no fuera su mejor noche, es innegable que su potencial rock es verdaderamente apabullante


La gran revelación del pasado Azkena Rock Festival volvía a Euskadi para presentar en directo «IV», su cuarto álbum. Nuestro redactor Óscar Díez (con fotos de Gorka Ruiz de Heredia) nos cuenta cómo el quinteto canadiense comenzó su noche bilbaína con una fuerza arrolladora para ir, poco a poco, desinflándose. Eso sí, aunque no fuera su mejor noche, es innegable que su potencial rock es verdaderamente apabullante

 

Tras la decepcion que habían supuesto los Blues Pills en la misma sala un mes antes, arribamos al Kafe Antzokia de Bilbao nadando y guardando la ropa: con ganas de rock pero con esa actitud que tienen los gatos ante una bañera llena de agua. Puntuales y con un fondo de atardecer playero, emergieron de la oscuridad The Back Homes, dúo mixto, canadiense tambien, e igualmente lisergico. En 29 minutos tocaron media docena de temas con reverb, llenos de efectos, garajeros, electrónicos y, finalmente, resultones por reiterativos (en esto nos recordaron a The Horrors; si te dejas llevar, mola). No lo pasamos mal, y ellos, a tenor del beso con el que sellaron su show (ajeno a miradas extrañas porque fue entre bambalinas), tampoco.

Tras media hora de espera y con una sintonía que parecía robada a «Juego de Tronos» (esto de las sintonías es todo un mundo; ¿recuerdan la de «El hombre y la Tierra» en los primeros M Clan?), aparecio la revelación del ultimo Azkena Rock Festival (puedes recuperar aquí nuestra crónica): la montaña negra canadiense. Cuarteto con atractiva morena al frente -o sea, cinco seres humanos- repartidos en guitarra, bajo, batería (descomunal cómo le daba el tipo a los bongos, oigan) y órgano. Apoyados por un pantallón trasero que, para nuestra sorpresa, solo fue utilizado los primeros cinco minutos de show, arrancaron como posesos, con musculo, pegada y rock’n’roll. Creímos estar en el bolo del año (esto es como el Madrid-Barça, el partido del siglo y luego hay dos o más al año) por su manera de atacar las canciones, en una mezcla furiosa de Led Zeppelin, The Black Crowes y, créanselo, hasta Turbonegro en su salvajismo noventero.

black mountain bilbao 2016 panderetaAlucinábamos con Amber Webber (foto izquierda, por Gorka Ruiz de Heredia) y su espiritualidad india a lo Rich Robinson. Se metía en su personaje de chamana, sin resultar artificial, y miraba a la gente sin expresión alguna, oculta tras su melena morena, como ida, cantando estupendamente a lo Janis. Estábamos encantados con el arranque pero a la expectativa, ya que en disco no sonaban tan salvaje. Tras los cuatro primeros temas (el set list fue de 12 más un doble bis en 96 minutos), la banda comenzó a bajar el pistón zapatillero y a deslizarse hacia el espacio lisérgico, con canciones más largas y un punto progresivas. No nos aburrimos en ningún momento durante este tramo, pero confesamos sin pudor que empezamos a verle las orejas al lobo: habíamos pasado de Black Sabbath a Jefferson Airplane en menos de veinte minutos. «Tienen un punto a Pink Floyd a ratos«, nos comentó uno de los fotógrafos habituales, incluso (y aquí coincidimos) a Tangerine Dream en el órgano de algunas intros.

Entregado el quinteto al rock chamánico más reiterativo y plano en el tercio final del show, el público (salvo los fieles) empezó a apagarse hasta quedar más bien templado. Es lo malo de un bolo que va de más a menos… Cuando ves algo que discurre de menos a más, sales pensando que todo ha valido la pena. Si es al contrario, todo sabe peor. Eso es lo que les sucedió a los canadienses. No diría que fue un mal concierto pero, parafraseando a mi amigo Alain del bilbaíno Galipó: «Una banda con un potencial rock apabullante, aunque esta noche lo haya demostrado solo a medias«. Amen.

black mountain bilbao 2016 teclados

Arriba