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«The Rocky Horror Picture Show»: 50% de rock, 50% de sexo «y 0% de vasquidad»

Han pasado 40 años del estreno de la película y una década desde que la devoción a la misma se convirtiera en cita mensual en Madrid. Ahora, llega a Euskadi el fenómeno «audience participation» de un filme de culto, que se proyecta a la vez que una compañía de teatro lo representa. Mientras, el público grita, canta y enloquece en una auténtica fiesta. Así lo vivió bi fm en su estreno en Bibao. Así podrás vivirlo cada mes en el Teatro Campos gracias a Malabrigo Teatro

Han pasado 40 años del estreno de la película y una década desde que la devoción a la misma se convirtiera en cita mensual en Madrid. Ahora, llega a Euskadi el fenómeno «audience participation» de un filme de culto, que se proyecta a la vez que una compañía de teatro lo representa. Mientras, el público grita, canta y enloquece en una auténtica fiesta. Así lo vivió bi fm en su estreno en Bibao. Así podrás vivirlo cada mes en el Teatro Campos gracias a Malabrigo Teatro

 

¿Qué es «The Rocky Horror Picture Show – audience participation«? Imposible definirlo con una palabra; inviable enmarcarlo en un único género. Es cine, sí. Es teatro, también. ¿Cabaret? Cómo no. ¿Humor? Mucho. ¿Música rock? Por supuesto. Hasta podría ser un concierto. Dejémoslo en que es un espectáculo integral que ha creado su propio, único y devertidísimo género en el showbusiness, una fiesta en la que, no se sabe por qué, la audiencia se va desinhibiendo como poseída por algún espíritu libérrimo. Y es que, aclarémoslo desde el principio, esto no una propuesta de esas de «teatro participativo» en la que el más incauto y sinsorgo del público acaba, en contra de su voluntad, siendo el hazmerreír del resto. Para nada. «Aquí nadie pasa vergüenza como en otros shows, aquí todo el mundo la goza«. Más que nada porque cada uno puede hacer, o no, «lo que quiera«, explica Marta Urcelay, de Malabrigo Teatro, la compañía encargada de traer el culto a «The Rocky Horror Picture Show» a Euskadi, que describe la propuesta como «un divertimento, una carcajada generalizada compuesta en un 50% de sexo y en otro 50% de rock’n’roll».

La historia de esta verdadera religión que es «el Rocky» (como hablaría cualquier devoto) comenzó a gestarse en 1973 cuando Richard O’Brien, un joven (e inspiradísimo) actor de teatro inglés, escribió tanto el guión como las canciones de un nuevo musical que homenajeaba a lo peor (¿mejor?) de aquellas pelis de ciencia ficción imposibles, de serie Z, de los años dorados de Hollywood. «The Rocky Horror Show» era una loquísima historia sobre un científico travesti que se creaba un chulazo musculado y rubio platino, una obra cuyo libreto contenía además una veintena de temas dignos del olimpo del mejor glam rock. Algo así como un cruce entre Frankenstein y las historias más camp de John Waters, aderezado con una música que bien podrían haber firmado Marc Bolan o el David Bowie de «Ziggy Stardust«. El 19 de junio de 1973 se estrenó en el West End londinense, al año siguiente, en el Broadway neoyorkino y, en 1975, se adaptó al cine dirigida por Jim Sharman como «The Rocky Horror Picture Show» (EE.UU./Reino Unido), con la participación de una aún desconocida Susan Sarandon, Meat Loaf y un inmortal Tim Curry en el papel de «científico loca» (el póster, arriba). El resto, es historia. Ni qué decir tiene que la cinta es la película que más tiempo ha pasado jamás en cartel.

¿Un buen filme? Nadie lo sabe, pero un filme de culto como pocos. ¿Por qué? Pues porque unos meses después de su estreno en salas, los exhibidores observaron que el público repetía, que recitaba los diálogos, que lanzaba parlamentos improvisados a los personajes en pantalla, que cantaba, que, incluso, se levantaba de las butacas a bailar y hasta asistía disfrazado. Cuenta la leyenda que fue Louis Farese Jr., un entonces anónimo profesor de Nueva York, quien comenzó a liarla parda cuando, al ver cómo el personaje de Janet (Sarandon) usaba un periódico para intentar zafarse de la lluvia, gritó en medio de una enmudezida sala: «¡¡¡Cómprate un paraguas, zorra barata!!!«. Mito o realidad, lo cierto es que cuatro años después de su estreno, seguía habiendo dos pases nocturnos a la semana en más de 200 salas de todo EE.UU.

 rocky horror campos bilbaoLa «zorra barata» de Janet, antes de que empiece a llover en el Campos

En Madrid, hace una década que la compañía Dramakuin convoca estos disparatados saraos mensualmente. Y fueron ellos quienes, al conocer a los vascos Malabrigo Teatro, les propusieron traer aquí el fenómeno. Ahora, por fin tras 40 años, los «audience participation» llegan a Euskadi en una producción propia de Malabriogo que viene para quedarse. Porque, con la losa del cliché de que «aquí no se folla«, ya parecía que el vasco no era apto para calzarse una media de rejilla (sea literal o metafóricamente) y desmelenarse al ritmo del glam rock. Pero no… Aunque Malabrigo lo advierte al comienzo de la función («Dejen la vasquidad a un lado, por favor«), el ruego parece estar de más. «Nos ha sorprendido muy positivamente. La verdad es que la gente ha entrado a saco desde el principio. Nada que envidiar a públicos en teoría más… calientes«, corrobora Urcelay. Así lo atestiguan también las estampas (con pelucas, tocados, gritos, bailes…) que bi fm pudo ver en el estreno de «The Rocky Horror Picture Show – audience participation» en el Teatro Campos de Bilbao en octubre (tras un aperitivo «de prueba» antes del verano en el Kafe Antzokia). En ambas citas se logró el «sold out», lo que ha permitido que el evento se programe ya una vez al mes en la Sala Cúpula del mencionado teatro bilbaíno. Las próximas citas, los viernes 13 de noviembre y 17 de diciembre, los sábados 9 de enero y 6 de febrero… Y las que irán viniendo mensualmente en 2016.

rocky horror pack propsCuatro décadas después, «The Rocky Horror Picture Show – audience participation» sigue siendo un fenómeno global que conquista constantemente nuevas audiencias en nuevos territorios gracias a la evolución natural y democratizada del guión de cada noche. Porque, como el gran canto a la libertad que es en el fondo la película, cada uno puede hacer y gritar lo que le dé la gana durante la función, lo que hace que cada «audience participation» sea distinta e incluya píldoras de la cultura local. Eso sí, lo que siempre se mantiene invariable son los ingredientes básicos o «props» que te harán falta durante la fiesta: el matasuegras, el periódico, el papel higiénico, el guante quirúrgico, el naipe… No explicaremos nada más para los neófitos (ni siquiera lo de la «V» que os pintarán en la frente a algunos –ya lo entenderéis–); solo diremos que no hace falta llevar nada, todo va incluido en el pack RHPS que te darán in situ (lo tienes en la foto superior sobre la silla, esperándote). Y que, por supuesto, no es necesario que hayas visto la película antes. Lo único que hay que traer de casa son las ganas de divertirse. Y, sobre todo, de reírse. «El RHPS lleva décadas siendo un éxito gracias a una clave: el público es un actor más y se divierte tanto o más que los que nos subimos al escenario. Es una fiesta, un cachondeo absoluto, y la gente participa amparada por la semioscuridad de la sala«. Así que, a sacar entradas (15 € + gastos) y a soltarse en la medida que cado uno pueda, quiera o se sienta impelido a hacerlo (si no, siempre te puedes dejar ayudar por las consumiciones en la barra). Porque, como canta el prota de la cinta: «Don’t dream it. Be it!«. Y, si logras serlo, quizá quieras volver a serlo cada mes. Porque, ¡cuidado!, el RHPS engancha.

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