Ocio y cultura

¿#ElÚltimoConcierto? Sí: “Todas las salas están en riesgo de desaparecer”

El Último concierto

La realidad del sector, de la mano de la Plataforma de Salas de Conciertos, de Kultura Live, de Dabadaba (Donostia) y de Santana 27 / Fever (Bilbao).

El próximo miércoles, 18 de noviembre, decenas de salas se unirán en «El Último Concierto», un espectáculo musical en streaming para denunciar la situación del sector y alertar acerca del cada vez más plausible cierre de multitud de ellas. Nos acercamos a tal realidad de la mano de la Plataforma de Salas de Conciertos de España, de la asociación vasca Kultura Live y de recintos como Dabadaba (Donostia) y Santana 27 / Fever (Bilbao).

Dentro de una semana, el próximo miércoles 18 de noviembre, decenas de salas icónicas del circuito estatal se unirán para ofrecer «El Último Concierto», un espectáculo musical en vivo con la colaboración de diversos artistas que será emitido en streaming desde la web www.elultimoconcierto.com a partir de las 20.00 horas.

Una iniciativa de nombre catastrofista, pero para nada exagerado. Y es que, como apuntan desde la Plataforma de Salas de Conciertos (PSDC), las salas están viviendo, «sin lugar a dudas», la situación «más crítica, más convulsa e incierta» a raíz de la crisis de la COVID-19. Hace «cerca de ocho meses», recuerdan, que «prácticamente el 100%» de los recintos permanecen cerrados, cancelándose «cerca de 25.000 conciertos» y dando pie a unas pérdidas de «cerca de 120 millones de euros».

A nivel humano, estaríamos hablando de «casi cinco mil trabajadores directos afectados» (la mayoría, sumidos en ERTEs desde principios de marzo), más un «gran número» de trabajadores intermitentes, autónomos y pymes «que prestan servicio a la actividad». La lista es larga y variada, como desgranan desde la PSDC: «músicos, técnicos, sellos discográficos, fotógrafos, bookers, promotores y muchos más profesionales afectados en el cierre forzoso».

Una «situación extrema», como atestigua desde la distancia corta Arkaitz Villar, coordinador de Kultura Live, la asociación de salas privadas de música en directo de Euskal Herria. Él también incide en el hecho de que, desde marzo, cuando se decretó el estado de alarma, las salas de conciertos están «intentando sobrevivir» y que, «sin un rescate que las pueda salvar» el futuro próximo se ve «muy negro», confirma apesadumbrado.

No hay que olvidar que las salas llevan soportando un importante endeudamiento durante todos estos meses, con gastos fijos y sin ingresos, y, como también denuncian desde la PSDC, con «insuficientes ayudas paliativas por parte de las administraciones públicas». La incertidumbre ante una posible fecha de apertura tampoco ayuda a que empresas y trabajadores osen a vislumbrar los meses venideros con un mínimo de optimismo.

Salas vacías // Dabadaba

Desde San Sebastián, Álex López Allende, uno de los socios fundadores y programador de la sala Dabadaba, quien no duda en tildar de «milagro» el haber llegado hasta noviembre con «tan pocas bajas» (15, según datos de la PSDC), alerta de su caso concreto: «Nuestro margen empieza a boquear», señala, tras repasar el «exiguo» estado de las cuentas del otrora hiperactivo garito donostiarra.

Desde Bilbao, Adrián Medrano, en nombre de Santana 27 / Fever, se aferra a lo «antiguo» de la empresa y su «saneada» situación («sin créditos pendientes», puntualiza) para no temer por el futuro inmediato de la misma, a pesar de contar, también, con unos «gastos fijos importantes». En el caso del amplio establecimiento del barrio de Bolueta, son su restaurante y los «pocos conciertos con muy poco aforo» que han venido organizando los que están ayudando a sacar «lo suficiente para pagar luz, agua, gas, seguros y gastos variados», desglosa.

Con este panorama, desde Kultura Live, no se andan con medias tintas y son muy claros: «todas las salas de conciertos privadas de Euskal Herria están en riesgo de desaparecer», avisan. Y ponen como ejemplo la ya para el recuerdo Plateruena, en Durango, primera sala vasca en anunciar su cierre, previsto para el próximo 31 de diciembre.

Fever, hace un año // Santana 27

LO QUE PERDEMOS SIN SALAS DE CONCIERTOS

¿Qué perdemos, como sociedad, con la desaparición de las salas de conciertos? Según Villar, nos desprenderíamos de unos espacios que significan el «primer paso para artistas emergentes» y el lugar donde «acercarse a sus fans los artistas consagrados», sin obviar los «valores sociales, culturales y económicos» que, según su criterio, suponen las salas de conciertos «para las ciudades y los barrios en los que se encuentran».

En el barrio de Egia, López Allende no lo tiene tan claro, dada nuestra sociedad, «basada en lo meramente productivo». Por ello, centrándose en lo emocional y en su caso concreto, no pasa por alto el «orgullo» que les produce «haber tenido a más de 1.000 artistas» en su escenario a lo largo de los últimos 6 años. Pone un ejemplo doble: haber programado a Rosalía o C. Tangana «antes de que fuera imposible verlos ya nunca más en sitios así». Por todo, cree que el suyo ha sido un espacio «de felicidad artística para miles y miles de espectadores».

Ese aspecto, el del «disfrute del arte», es también sostenido por Medrano, quien considera que hay salas de diferentes tamaños y «cada una cumple su labor en el desarrollo de los músicos y las bandas». Centrándose en Bilbao, ciudad que estima como «una de las grandes potencias estatales» en cuanto a música en directo, afirma que su extensa e importante agenda, salpicada por el paso de «muchas giras internacionales con solo 3 o 4 paradas en todo el Estado», atrae a numerosas personas de «ciudades cercanas o incluso de todo el norte peninsular». Contar con esos conciertos, resume, «aumenta las visitas a la villa y significa ingresos y prestigio».

S.O.S: ¿QUÉ NECESITAN LAS SALAS?

Plataforma de Salas de Conciertos (PSDC)

«Las salas necesitan con urgencia un plan de rescate o la hibernación de gastos fijos, para poder resistir y seguir ofreciendo música en directo cuando la situación sanitaria lo permita y el resto de los espacios culturales de pública concurrencia recupere su actividad».

Kultura Live

«Ha pasado demasiado tiempo y las salas necesitan un rescate urgentemente. Nos hemos quedado sin tiempo para pensar en otras soluciones».

Dabadaba

«Hace falta concretar. Que las promesas y ‘fases de estudio’ pasen ya a concreción sobre cómo se va a apoyar al sector para que sobreviva. Si no es en forma de ayudas directas para el mantenimiento de estructuras, que sea a través de leyes que permitan la suspensión temporal de pagos de alquileres, préstamos, etc. Esto en lo relativo a las empresas. En lo relativo a las personas, un plan de protección integral para todas las personas que forman parte del sector (en realidad, de toda la sociedad), las cuales, a menudo, han quedado fuera de ERTEs o ayudas de autónomos debido a la intermitencia de su actividad (artistas, técnicos…)».

Santana 27 / Fever

«No cerrar sectores por decreto sin aparejar ayudas que cubran los gastos fijos ni ofrecer una intermediación con los bancos para aplazar créditos. Seas una sala, un hotel o un restaurante… si te prohiben trabajar, se tienen que implementar ayudas en el momento. Dicho esto, también es cierto que en el País Vasco se están gestionando ayudas que esperamos que lleguen para poder subsistir».

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