Germán Castañeda

Puro teatro (abril): «The Party» y «El nadador de aguas abiertas»

Dos espectáculos que, siendo absolutamente diferentes, tienen en común la presencia de agua: Un ‘cabaret acuático’ y una obra sobre nadadores

"The Party"
En nuestras recomendaciones de este mes, dos espectáculos que, siendo absolutamente diferentes, tienen en común la presencia del agua como un elemento escenográfico más: El ‘cabaret acuático’ «The Party-El show» (en Bilbao) y la obra «El nadador de aguas abiertas» (en Donosti, Galdakao, Barakaldo, Basauri…)

Ya lo dice el refrán: ‘En abril, aguas mil’. Y parece que en la cartelera teatral vasca el dicho ‘ha calado’ (perdón por el chiste fácil). Coinciden este mes en nuestros escenarios dos espectáculos totalmente opuestos en género, temáticas, tono… pero con una cosa en común: el agua utilizada -muy inteligentemente- como un elemento escenográfico más. En nuestra primera propuesta, «The Party-El Show (Cabaret acuático)», el subtítulo lo dice todo; en la segunda, «El nadador de aguas abiertas», aunque el agua es mucho más que mera escenografía igualmente salpica pero bien.

Obviamente, ninguno de estos dos montajes ha inventado nada; ¡si hasta Nacho Cano ha metido una piscina y una cascada en su delirio «Malinche»! Es más, hace ya 40 años, en el West End se estrenó el montaje teatral «Cantando bajo la lluvia», que, basado en la peli homónima, subía un verdadero diluvio al escenario. La cosa era para tanto que cuenta la leyenda que el icónico número del título se tenía que hacer en playback por el riesgo de cortocircuito en aquellos tiempos. Yo allí en 1983 no pude estar (tenía guardería ese día), pero sí pude ver la reposición que se hizo en 2012 también en Londres y sólo diré una cosa (por si la versión en castellano que trae el Arriaga a Bilbao el próximo mayo ha sido fiel a la ‘franquicia’ original): si tienes entrada en las primeras filas, ¡llévate chubasquero!

CRÍTICA «THE PARTY-EL SHOW (Cabaret acuático)»

Pero antes de eso, a lo que íbamos, a nuestras recomendaciones para abril. «The Party-El Show (Cabaret acuático)» ha llegado en Semana Santa a Bilbao (estará en la carpa instalada en la Plaza de Toros hasta el 23 de abril) tras estrenarse el pasado mes en Zaragoza y con una larga gira por delante para este 2023. Desde que aparecieron los numerosos carteles del espectáculo por la ciudad hace unas semanas (la promoción ha sido de esas que conllevan una inversión de muchos dígitos), he escuchado y leído un montón de ‘críticas preventivas’, de esas tipo augurio: «¡Vaya pinta!», «¿Pero eso qué es?»… Y, hasta cierto punto, entiendo la actitud: ¿Otro gran circo-cabaret con dirección artística de la celebre compañía de humor gestual Yllana? ¿Era necesario tras la larguísima saga «The Hole»?

Una vez visto, puedo decir que no, que verdaderamente no hacía falta, y que los números y la producción no alcanzan la megalomanía ni el glamour de los ya demasiados ‘agujeros’. Pero es que a «The Party» tampoco le hace falta; ni siquiera creo que sea ese su objetivo. De verdad, ¡menos prejuicios!, porque este cabaret (no es que sea ‘acuático’ como lo anuncian pero sí tiene varios números con agua) es otra cosa, una propuesta mucho más arrabalera, menos pomposa y más circense. Pero de circo de esos de carpa blanca y roja de los de toda la vida (¡si hasta hay payasos! -con vuelta de tuerca, eso sí-).

«The Party-El Show (Cabaret acuático)»

«The Party» es, en resumen, un más que decente show, un muy defendible divertimento que, además, tiene unos precios más asequibles que otras propuestas del estilo (de 17,60€ a 59€) y que, sin más pretensiones, da exactamente al público lo que promete: Dos horas de números que alternan erotismo inofensivo, comedia ágil y, sobre todo, circo. Un circo que apuesta menos por la acrobacia extrema y la espectacularidad y más por la pura belleza -el número de los rayos láser, el de las telas mojadas con la acróbata completamente desnuda, el de la pareja compenetrándose en unas sentidas acrobacias sin siquiera despegarse del suelo…-.

El espectáculo se beneficia de la presencia constante de dos cantantes, que animan en directo cada número sobre bases grabadas, también de un correcto uso de la gran pantalla que hace de versátil escenografía de fondo, y de la vistosa novedad que aporta el agua empleada como elemento escenográfico y casi coreográfico -verdaderamente espectacular el número de la drag queen y los tres ‘nadadores’-. Pero, sobre todo, se beneficia del terremoto que es Cristina Medina (popular actriz sevillana de «La que de avecina»), quien, con su «metro y medio» -como ella misma se describe-, arrasa la pista cada vez que sale como atípica pero a la vez muy acertada maestra de ceremonias. ¡Vaya tablas!

CRÍTICA «EL NADADOR DE AGUAS ABIERTAS»

Por su parte, dos ya clásicas compañías de teatro vascas (K Producciones y Tanttaka Teatroa) se han aliado para montar la obra «El nadador de aguas abiertas», una propuesta bien alejada de la anterior aunque lleve el agua hasta en su título. Recién estrenada (en febrero en Toledo), la pieza está recorriendo ahora múltiples teatros de Euskadi: estarán el 14 y 15 de abril en el Principal de Donostia; el 21 en el Torrezabal de Galdakao; el 22 en el Barakaldo Antzokia de Barakaldo; y ya en mayo en el Social de Basauri, también en Durango, etc.

Esta ‘dramedia’, basada en la novela del periodista y escritor catalán Adam Martín Skilton, es una preciosa historia de amistad masculina muy diferente a las tópicas que la ficción nos suele mostrar: tierna, amorosa, empática. Nilo (un Markos Marín totalmente entregado) está al borde de la cincuentena y siente que la mediocridad de su vida está ya rozando el absoluto fracaso. Se le ocurre que retarse a aprender a nadar a los 48 (algo que de niño nunca fue capaz de hacer) puede servirle para espabilar, y así conoce al experto nadador Walrus (un Adolfo Fernández absoluto maestro en recursos y registros, pues además va saltando de papel en papel para dar vida a varios secundarios -todos, desde la caricatura tronchante-).

Nilo y Walrus // Sergio Parra

El aprender a nadar y el mar como metáforas y, sobre todo, como nexo de unión de dos personajes masculinos nada ‘testosterónicos’, con muchas capas que rascar y abiertos a expresarse, a entenderse y a quererse. Divertida y a la vez profunda, con múltiples guiños al público que rompen la cuarta pared y, lejos de arruinar el momento, acercan más aún la historia al patio de butacas. La dirección y, sobre todo, la puesta en escena (ambas del gran Fernando Bernués) están pensadísimas -y logradísimas- para que una historia que se desarrolla básicamente en el agua, en el mar, funcione y se ‘visualice’ sobre un escenario (por no hablar de cómo recrean la piscina en la que Nilo da sus primeras brazadas -¡bravo!-). La música (épica en las travesías marinas) y el espacio sonoro son del reputado Fernando Velázquez, y la adaptación del libro a guión teatral, de María Goiricelaya (cuyas «Altsasu» y «Yerma» pueden llevarse el lunes que viene hasta 5 Premios Max y cuya esperada «Nevenka» estará en el Arriaga el 21 y 22 de abril). Y es que ya lo hemos dicho aquí otras veces: Es la más hiperactiva -e interesante- dramaturga vasca actualmente.

Con tantos grandes profesionales vascos involucrados -a Adolfo Fernández le podemos considerar vasco de adopción-, era de esperar que la cosa saliera bien, muy bien. Incluso aunque el material de partida fuera una novela, digamos, ‘facilona’ -de hecho, en las librerías la puedes encontrar en las secciones de «Autoayuda» o «Bienestar», en vez de en la de «Narrativa»-. Por eso creo que, en este caso, el mérito del equipo artístico de la obra es doble. Así que: Zorionak x2!!! Aunque aún quede en la función algún resto de ese espíritu ‘feel good’ hollywoodiense, de esa previsibilidad y de esas metáforas obvias -los protagonistas conviven en el agua y se llaman Nilo y Walrus- de las que adolecía la novela.

«El nadador de aguas abiertas» // David Ruiz

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