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Puro teatro (noviembre): De monjas lesbianas, guardias civiles y delitos “de terrorismo”

Este noviembre coinciden en nuestras carteleras dos obras bien dispares pero de similares méritos: «Yo, la peor del mundo» y «Altsasu».

Escena de "Altsasu" // Hodei Torres
Coinciden en nuestras carteleras dos obras bien dispares pero de similares méritos: «Yo, la peor del mundo» (en Getxo, Basauri…) y «Altsasu» (en Elorrio, Donostia…)

Dos recomendaciones este mes en nuestra sección de críticas teatrales. Ambas absolutamente dispares pero a la vez con puntos en común. Y es que las dos tienen el mismo gran mérito: cumplir con lo que se puede esperar del teatro con mayúsculas. Lo primero: entretener (ya lo dijo Billy Wilder: el gran mandamiento en cultura es «no aburrirás»).

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Lo segundo: formar e informar, acercándonos realidades que nos son lejanas y, sobre todo, acercándonos las emociones y los sentimientos de quienes vivieron esas realidades, algo que ni periódicos ni libros de historia pueden hacer.

Y, lo tercero y último: tambalear un poco nuestro cimientos al hacernos cuestionar nuestras posturas y prejuicios. ¿Acaso se puede pedir más a una obra de teatro? Pues todo eso es lo que consiguen con creces tanto «Yo, la peor del mundo» como «Altsasu».

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La primera es un inusitado musical de la productora guipuzcoana Vaivén. ¿Por qué inusitado? Pues porque nos cuenta el rompedor periplo vital de la mexicana (de ascendencia guipuzcoana) Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), gran exponente del Siglo de Oro de la literatura en español en una época en la que ser mujer limitaba tus opciones (mucho más aún que ahora, quiero decir). Desde el propio tema elegido, la propuesta se separa del musical al uso. Pero no sólo en eso. No esperes en «Yo, la peor del mundo» un show de cegadora potencia visual pero guion ramplón, cancioncillas de relleno y más de dos largas horas de duración. Esta propuesta es todo lo contrario. Posee un trabajado texto (del también presentador, actor y youtuber Antonio Muñoz de Mesa) que atrapa desde el arranque y a la vez es didáctico sobre ese fascinante personaje que fue precursor del feminismo sin probablemente saberlo (lectora voraz desde niña, universitaria -disfrazada de hombre- en una época en la que la mujer no podía estudiar, libérrima, lesbiana amante de la Virreina de la corte española en México…).

Un inusitado musical // Vaivén Producciones

El montaje cuenta también con una colección de grandes canciones creadas ex profeso por el gran Iñaki Salvador, que se van integrando en la acción con naturalidad gracias a sus cuidadas letras. Además, tiene la duración de una obra de teatro al uso (no llega a hora y media) y, por último, cuenta con un reparto en estado de gracia.

Itxaso Quintana brilla como Juana o, lo que es lo mismo, esa «peor del mundo». Por voz, por presencia en el escenario, por entrega en la defensa de ese icono apasionante que fue Sor Juana. La arropa un versátil Ugaitz Alegría, que da vida con solvencia y gracia a varios personajes. Y, alrededor de toda la acción, van entrando y saliendo de escena tres secundarias cuyo brillo amenaza con robar la función en cualquier momento: Nerea Gorriti (simplemente estupenda), Ana Pimenta (turnándose con Dorleta Urretabizkaia) e Ylenia Baglietto (en alternancia con Lara Sagastizabal) en el papel más agradecido.

Brillantes // Vaivén Producciones

En resumen, es un musical original, divertido y con un punto transgresor (como el personaje del que habla), un montaje plenamente moderno (por canciones, vestuario, escenografía, lenguaje y, sobre todo, por las continuas y acertadísimas rupturas de la cuarta pared para dialogar con el publico), pero que nos habla (con muchísima gracia y con precisión histórica) de una figura de hace tres siglos. Eso sí, una figura que no debe dejar de estar de actualidad por el hecho de haber sido una mujer que se enfrentó a todo y a todos por ser libre.

Tenéis «Yo, la peor del mundo» el 26 de noviembre en Getxo (Muxikebarri), dos días después, el 28, en Mutilva (Casa de Cultura del Valle de Aranguren) y ya a comienzos del 2022 en Basauri (Social Antzokia). Las funciones son todas en castellano, pero es un montaje bilingüe y se está representando en euskera a veces («Ni, munduko txarrena») y, a la vez, girando por toda España, con estancia en Madrid y visita al Festival de Teatro Clásico de Almagro incluidas.

Cartel de «Yo la peor del mundo» // Vaivén Producciones

FIDEDIGNA, REFLEXIVA Y OSADA

Como decíamos al principio, la otra propuesta que recomendamos este mes, aunque nada tenga que ver, no le va a la zaga en méritos. «Altsasu» es la recién estrenada nueva producción de La Dramática Errante, con María Goiricelaya al frente (la, podríamos decir, gran dramaturga del teatro vasco actual -tras no parar en la última década, acaba de estar nominada a los Premios MAX este año, hace unas semanas fue elegida para una estancia en el Centro Dramático Nacional y en octubre estrenó, además de «Altsasu», un demoledor «Yerma» del que hablaremos aquí próximamente-). Ella ha sido la encargada de convertir el cacareado suceso ocurrido en la localidad navarra en 2016 (aquella pelea de bar entre unos jóvenes del pueblo y unos guardias civiles que se saldó con varias condenas por terrorismo con largas penas de cárcel), en material dramatúrgico de primer nivel.

Al modo del llamado ‘teatro verbatim’ (ese que reproduce, tal cual, textos sacados de la realidad a modo de documental), Goiricelaya ha buceado en las 350 páginas de la transcripción del juicio oral real, pero no se ha limitado a las reglas de ese subgénero y ha acertado yendo mucho más allá en su guion. Además de fragmentos claves del sumario real, ella ha imaginado libremente las vivencias y emociones de los protagonistas del altercado (unos y otros, así como los seres queridos de unos y de otros). Y así, construido un cuidado texto que no sólo da información fidedigna que quizá no teníamos o habíamos olvidado, sino que, además, nos hace cuestionarnos el juicio paralelo (sea el que sea) que cada uno hicimos en su día de aquella noticia. Y ese es uno de los grandes aciertos de «Altsasu», pero no en único.

Expresar mucho, con poco // Hodei Torres

Como directora, Goiricelaya ha optado por vaciar la escena y reducir atrezo, escenografías y elenco a la mínima expresión. Casi con sólo unas banquetas y con 4 intérpretes que entran y salen en segundos de múltiples personajes, ha conseguido crear una milimetrada coreografía que, apoyada en diferentes vestuarios, logra que el espectador no se pierda a pesar de lo dinámico de los cambios de escena. Esa constante sucesión de breves pasajes, que son como pinceladas de un lienzo impresionista, acaban componiendo (cuando se ve en conjunto y con cierta distancia) un inmejorable retrato del ‘caso Alsasua’.

A ello contribuyen, claro, los actores Egoitz Sánchez y Aitor Borobia, que están soberbios en cualquiera de los registros que la obra les exige, y que son secundados por Ane Pikaza y Nagore González (también acertadas aunque, simplemente, tienen menos ocasiones de lucimiento por el devenir de la propia historia). El elenco es el mismo en ambas versiones del espectáculo (euskera y castellano).

Quizá podríamos cuestionar la sucesión de clímax y finales en la que entra «Altsasu» en su último tramo. O considerar innecesaria y discutible alguna escena concreta (la arenga final, las reflexiones de la madres de los implicados…). O entrar en si la a veces desconcertante presencia de personajes mitológicos del ancestral carnaval de Altsasu aporta, contextualiza y embellece o, por el contrario, despista. Pero lo cierto es que es una obra tan notable como pertinente y, sobre todo, muy osada: por querer hacernos reflexionar sobre un hecho flagrante que ocurrió, por así decirlo, ayer mismo y del que parece que nos hemos olvidado. ¡Bravo, equipo de «Altsasu»! ¡Bravo, María Goiricelaya!

Cartel de «Altsasu» // La Dramática Errante

Ah, por cierto. Del necio intento de polémica por parte del PP de Vitoria-Gasteiz (que quiso prohibir su representación en el Teatro Principal de la ciudad hace un par de semanas), ni hablamos. Mejor ved «Altsasu» y decidme (penséis lo que penséis del caso a priori) si tenéis algo que achacarle al montaje.

«Altsasu» se representa ahora en Elorrio (Arriola, 26 noviembre; euskera) y Donostia (Gazteszena, 27 y 28 noviembre; euskera), y más adelante en Sopela, Galdakao, Getxo, Santutrzi… en una gira por Euskadi que debería extenderse por todo el Estado (si los/as programadores/as tuvieran un poco de valentía y de compromiso con el público, al que se deben).

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