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Germán Castañeda

Puro teatro (especial Aste Nagusia, parte 4): «El trepa de palacio»

La nueva producción de la sala bilbaína Pabellón 6 es un entretenido (e histórico) musical bufo. En cartel hasta el 11 de septiembre.

"El trepa de palacio" // Pabellón 6
La nueva producción de la sala bilbaína Pabellón 6 es un entretenido (e histórico) musical bufo sobre el arribista vizcaíno Antonio Ugarte, cuya labia y zorrerío le llevaron hasta la corte de Fernando VII. Estrenada para la Semana Grande, seguirá en cartel hasta el 11 de septiembre

De aquellos polvos, estos lodos. Porque no vayamos a creer que eso de las corruptelas, los mamoneos y el quedarse con dinero público para usos particulares son novedades de nuestro tiempo. Para nada. Ya a comienzos del siglo XIX, el vizcaíno Antonio Ugarte se hizo un hueco en la corte de Fernando VII en Madrid pasando, sin mérito destacable alguno, de profesor de baile a ‘político’ con variopintos cometidos y atribuciones. Bueno, sí, mérito tenía uno: su arribismo. Y eso es lo que ahora retrata la obra de teatro «El trepa de palacio», última producción de la sala bilbaína Pabellón 6, estrenada justo para Aste Nagusia y en cartel hasta el próximo 11 de septiembre.

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La labia, el zorrerío y la capacidad para agradar fueron las herramientas de la carrera de Ugarte y, para contarlo, se ha elegido un estilo teatral que no puede ser más acertado ni estar más a la altura de tan chusco personaje: el «musical bufo», como recoge el propio subtítulo de la obra.

«Un musical bufo» // Pabellón 6

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Y ese es el gran encanto del montaje y lo que le permite ser un apropiado reclamo para estas fechas de Semana Grande sin dejar de tener un poso histórico, crítico y político. El mérito principal es, por tanto, del dramaturgo afincado en Bizkaia Braulio Cortés, integrante de la sala y compañía Arimaktore (Barakaldo), que esta vez ha sido reclutado por Pabellón 6. Él ha concebido y escrito un ágil, entretenido y, a la vez, didáctico guion en el que se intercalan incesantemente divertidas ‘coplillas’ que van explicando parte de la acción, cuyas letras también son creación suya (al margen de algún tema popular).

No va a la zaga del mérito de Cortés el del elenco de intérpretes. El primero, Diego Pérez, que es el gran protagonista de la función. En el papel de este trepa de palacio, Pérez nos brinda una nueva demostración de su talento escénico, llevando esta vez al extremo lo bufonesco. Si te quedaste en sus intervenciones televisivas, debes saber que este chico, aparte de aquel registro cómico, borda muchos otros (pongamos sólo un par de ejemplos bien alejados de los papeles que le hicieron popular: el machirulo casposo de «El viaje a ninguna parte» o el castizo bonachón de «¡Ay, Carmela!»).

Diego Pérez, al fondo // Pabellón 6

Le arropan en escena, dando vida a los múltiples secundarios, cinco muy jóvenes intérpretes; todos, ex-Gazte Konpainia del propio Pabellón 6. Como siempre en el caso de la gente salida de esta magnífica cantera del teatro vasco actual, sus dotes actorales, su profesionalidad y, sobre todo, su capacidad de proyección de la voz hacia la platea, están muy por encima de las del actor/actriz promedio español/a. Muy, muy por encima.

Brilla especialmente Leire Ormazabal, que no sólo clava cada frase y cada gesto, sino que ha ejercido además de coreógrafa de un montaje que, como decíamos, está lleno de música y, por tanto, de bailes. También destaca Unai Elizalde Zamakona, quien, además de como actor, se ha involucrado como director musical y responsable de los ritmos que arropan las letras de este musical bufo. Junto a ellos están Aitor Echarte Merino (que nos enamoró como el MC de «Gris: Morirse en Bilbao»), Nahikari Rodríguez (a la que seguimos desde que la conocimos en «Los aborígenes. Lorca, Dalí y Buñuel») y Yeray Vázquez (que nos sorprendió el pasado junio con su habilidad para musicar poemas de Miguel Hernández en «Miguel Hernández, que estás en los cielos»).

De verdad, ¡qué placer ver que gente tan joven hace tan bien tantas cosas!

«El trepa de palacio» // Pabellón 6

Lo que en algunos momentos lastra ese ágil (y un punto payaso -en el mejor sentido posible-) ritmo que el texto, las canciones, los intérpretes y hasta el vestuario sí marcan, es lo desnudas que se ven las escenas de «El trepa de palacio». Me explico: aun entendiendo que es una apuesta deliberada, la (falta de) escenografía, el (escaso) atrezo y el (sobrio) diseño de iluminación son de un minimalismo que no nos acaba de casar con el acertado tono disparatado de la historia que se nos está contando. Así, a lo largo de la hora y media larga que dura el montaje, a ratos uno puede sentir que algo falta, aunque no sepa exactamente identificar qué. Una sensación que, de todas formas, no deja de hacer de esta obra una opción más que recomendable para disfrutar del teatro aunque la Aste Nagusia ya esté acabando.

Lo dicho, hasta el 11 de septiembre en cartel. ¡Vayan!

Cartel de «El trepa de palacio» // Pabellón 6

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