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Athletic, el Capitán Garfio de la Real Sociedad

San Mamés

El antagonista es peligroso pero útil, ya que nos impulsa a superarnos y nos ofrece cohesión interna. El rojiblanco es el enemigo perfecto.

San Mamés // Alejandro Fdez Aldasoro
El antagonista es peligroso pero útil, ya que nos impulsa a superarnos y nos ofrece cohesión interna y refuerza nuestra autoestima. Para el equipo donostiarra, el bilbaíno es malvado, sibilino, poco auténtico y está apoyado por oscuros estamentos superiores. Y, encima, es derrotable. El rojiblanco es el enemigo perfecto. Un auténtico chollazo.

Después de la nueva victoria de su equipo en el derbi, Mikel Oyarzabal dijo que la Real Sociedad prepara el partido a conciencia, no como el Athletic, que “no siente el partido como especial porque al final tiene gente que no es de allí”. La Real jugó con cuatro guipuzcoanos, un navarro, un madrileño, un sevillano, un canario, dos franceses, un brasileño, un argentino, un belga y un mexicano, mientras el Athletic jugó con ocho vizcaínos, tres navarros y tres jugadores oriundos de Gipuzkoa. No está muy claro su criterio para asignar a la gente como de allí o no de allí, pero me temo que nos quedaremos sin saberlo.

Durante la semana, faltó tiempo para tratar de maldito al colegiado designado para el partido. Mateu Lahoz anuló un gol legal de Vela en el viejo San Mamés y, desde entonces, ya forma parte de la lista de conspiradores universales a favor del Athletic (después de aquel partido, el periodista del principal periódico de Gipuzkoa tituló su crónica así: “Un gol fantasma en tierra de fantasmas”, y utilizó esa jugada para descalificar lo bilbaíno con los clichés habituales). Ya podías decirles que con este árbitro el club bilbaíno había ganado 6 partidos y perdido 18 (19 ya) en el periodo más próspero deportivamente desde las ligas. Daba igual. Villarato. Club protegido. EITB. PNV. El pack completo de los agravios.

Bandera de la Real Sociedad
A todo trapo // Ronny K

En las películas y en la vida el antagonista tiene gran importancia. Es quien dificulta e incluso impide los logros del protagonista: es Lex Luthor para Superman, Darth Vader para Luke Skywalker y Pepsi para Coca Cola. El antagonista resulta de una tremenda utilidad. Es una gran inspiración y obliga al protagonista a hacer un esfuerzo suplementario, a superar los propios límites y a crecer. Cuando se trata de un protagonista colectivo, la amenaza del antagonista sirve para cohesionar a tu público y para autoafirmar tu proyecto. El Estado del Bienestar de Europa Occidental se fundamentó en el miedo al Comunismo. Y el independentismo catalán se ha fortalecido gracias al desdén de la rancia derecha española. Hay decenas de ejemplos, tanto en cosas importantes como en tonterías.

Para el Athletic, el antagonista principal sería el Real Madrid. Representa el odioso fútbol moderno, el poder central, el capitalismo salvaje, la cartera frente a la cantera y el resto de lugares comunes. El FC Barcelona también vale, claro, sobre todo después de la condescendencia con la que nos han tratado estos últimos años. El domingo viene a San Mamés. Frente a su descomunal poder deportivo, el Athletic presentará sus conocidos argumentos: garra, coraje, fútbol directo. Si las cosas van con normalidad, todo eso será seguramente insuficiente para rascar algún punto, pero volveremos a casa satisfechos por la entrega y reforzados en nuestra idea quijotesca de luchar contra gigantes que nos vencen de forma desigual, apoyados por inyecciones brutales de dinero, por un mercado internacional de jugadores e incluso por el estamento arbitral si la cosa se pone fea. La probable derrota nos hará más fuertes. Nuestro antagonista habrá hecho su función igual, igual.

Tatuaje del Athletic Club
No, no es el brazo de Oyarzabal // Asier Eguren

El antagonista de la Real es el Athletic, quien le ofrece cohesión, autoafirmación y progreso. El rojiblanco es el enemigo perfecto. Representa el Mal, en abstracto. El lobo del cuento, el hombre del saco. Es un club en el que los jugadores no “son de allí”, como dice Oyarzabal, son mercenarios atraídos únicamente por el dinero (de ahí los billetes con la cara de Iñigo Martínez, que nunca ganará una Champions como Xabi Alonso, Odriozola o Griezmann, objetivo que hace comprensible su salida). Un club tóxico que se introduce como un virus en su territorio y se lleva a sus mejores niños (que la Real diga que es el equipo de Gipuzkoa y que se autoadjudique los jugadores nacidos allí es perfectamente normal, pero que el Athletic, en una construcción mental idéntica y anterior a la suya, diga que es el equipo de Euskadi y que pretende a los jugadores de las siete provincias les parece un acto imperialista y una intromisión inaceptable). Un club odioso y soberbio, cuya filosofía es física cuántica, y repleto de seguidores fantasmas que se creen mejores solo porque hacen mucho ruido y se hacen notar.

Al lado de este Capitán Garfio, la Real es pura y virtuosa como Peter Pan: no compra los jugadores que necesita a equipos más pequeños, no capta en otras canteras, no sobrepaga a algunos futbolistas por miedo a que se vayan y no toca a otros con contrato en vigor como hace el Athletic. Y juega con jugadores de allí, que sienten los colores de verdad.

San Mamés
Donde viven los monstruos // Alejandro Fdez Aldasoro

Pero, lo mejor de todo, lo que convierte al club bilbaíno en un chollazo como antagonista, en una auténtica bestia blanca para la Real, es que últimamente es un equipo muy ganable. Dos veces por temporada, más o menos desde que volvió de la Segunda División, la Real tiene la posibilidad de derrotar en el terreno de juego al que presenta como su archienemigo durante el resto del año. Y, además, casi siempre con autoridad y justicia. Y bien que lo celebra.

Qué gozada tener un enemigo así. Culpable por defecto y derrotable cada cierto tiempo. Dañino y endeble. Altisonante y depreciado. Un malvado de dibujos animados. Un muñeco del pimpam pum para la idiosincrasia provincial.

Solo le veo una pega: el antagonista es el impulso. Pero también es el techo.

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