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La Parte Vieja de Donostia es ahora un barrio fantasma

El virus desfigura una zona que no recibe turistas ni visitantes y sufre una sangría de cierres de bares.

Poco que hacer // BI FM
El virus desfigura una zona que no recibe turistas ni visitantes y sufre una sangría de cierres de bares.

Puede que Bodo sea lo más parecido a un turista en muchos metros a la redonda. Sentado en un banco de la plaza Sarriegi, este berlinés de 56 años deja una lata de cerveza en el suelo y recuerda lo mucho que le gustó la anterior visita. Tuvo un flechazo, una relación de amor con la ciudad. «Me lo pasé muy bien. Vine en diciembre, a las puertas de las Navidades, y estaba todo el mundo en las terrazas bebiendo y comiendo. Ahora no hay nada que hacer», dice encogiéndose de hombros.

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El ¿único? turista de la Parte Vieja // BI FM

¿El ambiente no te parece un poco deprimente? «Viví cuatro años en Suiza y te aseguro que allí es mucho peor. Aquí la gente me sonríe, son muy simpáticos conmigo». Quiere quedarse a vivir, pero antes tiene que arreglar «unos papeles». «La burocracia, ya sabes», se lamenta. Se coloca la gorra de los Brooklyn, mete la camisa blanca por dentro, ya está listo para la foto. Entonces, ¿estás de turismo? «Más o menos. Puedes decir que soy una especie de turista».

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Febrero no es el mes más movido del año en la Parte Vieja. Suele hacer frío, llueve mucho y está anclado en tierra de nadie en el calendario de festejos, entre la resaca del día de San Sebastián y la Semana Santa. Pero no es normal que el de Bodo sea el único idioma extranjero -inglés en este caso- que se oye en toda la tarde. No es normal que solo un puñado de vecinos y donostiarras, todos ellos con pinta de despistados, caminen como autómatas por sus calles en una ciudad confinada. No hay un alma en toda la plaza Constitución. El cese del ruido de los bares –cerrados a cal y canto hasta nueva orden reabiertos este miércoles 10– permite oír a las gaviotas del puerto con claridad, como si viviesen en el interior de las casas y estuviesen dialogando entre ellas.

Plaza de la Constitución, hoy // BI FM

Si lo piensas, asusta e inquieta a partes iguales.

La Parte Vieja es una zona atestada de bares y pubs. No se ha concebido para disfrutar de su silencio y ambiente relajado. No es un spa que te libera del estrés urbano con chorros relajantes de agua caliente. La habíamos conocido con más o menos turistas, pero con sus dosis de bulla y jaleo en cada esquina. Ahora los mayores pasean con las manos en la espalda y los niños juegan en la plaza de la Trinidad mientras el sol se va poniendo. Es un barrio más, del montón. No hay gran cosa que contar en una agradable tarde de invierno. La Calle Juan de Bilbao o Ikatz kalea están vacías. En la calle Fermín Calbetón hay algo más de movimiento, seguramente motivado por su comercio. A la altura del Puerto la codiciada terraza del bar Akerbeltz parece un espejismo, un recuerdo lejano. El agradable sonido de la bahía se aprecia con nitidez.

Niños en la ‘Trini’ // BI FM

Es lo que Dean Tapia, del bar Giroki de la calle Embeltrán, conocido por su bocadillo Carolina, llama «cambio de fase».  «La Parte Vieja ha llegado a otra fase. No digo que sea mejor ni peor, pero sí que es diferente. La gente se está yendo a los barrios, no hay turismo… No se sabe cuánto tiempo va a estar paralizado, pero vamos a sufrir un cambio. Intentaremos que sea para mejor», reflexiona. Su negocio está aguantando la embestida del virus, pero otros muchos se han quedado en el camino. La lista empieza a ser preocupante. Solo en los últimos meses han arrojado la toalla A Fuego Negro, Eiger, Txiki, La Cueva, La Cepa, Dakara… Todos ellos clásicos o con una identidad bien marcada y definida. En medio del desastre, Dean apunta directamente a la clase dirigente: «Serán políticos, pero son expertos en nada».

Dean, frente al Giroki // BI FM

El Dakara ya no subirá su persiana // BI FM

Normalmente, el cruce entre la calle Mayor y la 31 de agosto suele albergar una muchedumbre de visitantes, foráneos y locales, sentada a los pies de la basílica de Santa María del Coro. Da igual el día y la hora, rara es la vez en que no hay vida. Según el sistema de conteo que controla las entradas y las salidas del barrio, solo en los meses de verano de 2019 pasaron por sus calles 2,8 millones de personas. En la Donostia pandémica un chico se planta ante la tienda de patitos de goma Duck Store, un obrero entra al interior de un edificio y poquito más. Hay que bajar hasta el número 6 para tropezar con un grupo de gente. Varios clientes hacen cola ante la panadería Galparsoro, que goza de enorme prestigio. ¿Está tan rico el pan como dicen? Todos se giran ante la pregunta. Una señora da por buena la fama. «Está buenísimo, de verdad», afirma.

Santa María del Coro // BI FM

Patitos confinados // BI FM

Pan con distancia de seguridad // BI FM

En la misma calle, Maider tiene una tienda souvenir que merece una visita por cómo es y qué vende. «Es producción local, artesanal y personalizada. Customizamos hasta las botas de vino. Queremos fortalecer los oficios que están en retroceso y vendemos la tradición como expresión cultural de un pueblo con un toque contemporáneo». Lleva toda la tarde sola, aburrida y preocupada al mismo tiempo. Mira al futuro con incertidumbre. No sabe a qué atenerse, si hacer o no hacer pedidos de cara a Semana Santa. Sin turismo las ventas de Alde Zahar Lore se han desplomado. «El barrio no se retroalimenta con el público local, dependemos mucho de la gente de fuera«, dice.

La incertidumbre de Maider // BI FM

A lo lejos se distingue a un hombre que camina plácidamente, dibuja una sonrisa en su rostro. Es el músico danés Peter Bjorn, vecino del barrio. Está dando una vuelta. Peter se dedica a componer luminosos temas pop en solitario y a veces acompaña al grupo de Javier Sun. Como muchos músicos, ha aprovechado estos meses de parón forzado para grabar nuevos temas. Miramos a los lados, no hay nadie en toda la calle. «Está todo un poco apagado, hay menos vida y a la gente le afecta mucho», explica. Peter no pierde el humor, tampoco en pandemia. «Dicen que en mi país las distancias de seguridad entre personas no han afectado a la vida social. Todo sigue igual que siempre» bromea.

El músico Peter Bjorn // BI FM

¿Se volverá a llenar? // BI FM

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