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La Isla de los Faisanes: historia viva entre dos tierras

Fue testigo de un Tratado que cambió Europa para siempre. Es el condominio más pequeño del mundo: su soberanía se comparte entre Irun y Hendaia.

La Isla Bonita // BI FM
Fue testigo de un Tratado que cambió Europa para siempre. Es el condominio más pequeño del mundo: su soberanía se comparte entre Irun y Hendaia. Y, por si fuera poco, Velázquez realizó uno de sus últimos trabajos en esta isla.

Desde la fila de villas adosadas del barrio de Artia, en Irun, a un kilómetro de la frontera, empieza a asomar una de sus puntiagudas esquinas. La isla no parece una isla, sino un gigantesco ferry verde varado en el agua. Pero lo que de verdad llama la atención es que en la Isla de los Faisanes no hay faisanes, a lo sumo un pequeño grupo de palomas que revolotean alrededor del río Bidasoa.

Guillermo, un jubilado que acompaña a sus nietos al parque, se acerca a la orilla y les da de comer a los pájaros. Las migas de pan vuelan en dirección a la isla, a una distancia de apenas 50 metros, desde donde casi se podría alcanzar Hendaia con un brinco. El templado sol de otoño se ha colocado justo encima del islote, frondoso y rico en vegetación, a medio camino entre las dos poblaciones.

Guillermo, frente a la isla // BI FM

-La isla es preciosa-, dice Guillermo.

-¿Sabes cuál es su historia?

-Ligeramente. Sé que hay seis meses que pertenece a España y otros seis a Francia y que se firmó un tratado importante.

Una historia con mucha Historia // BI FM

La mayoría de los consultados en la zona calcan el discurso de Guillermo. Y así es. Esta isla diminuta de 2.000 metros cuadrados que no se puede visitar y que no tiene faisanes pero sí pinta de ser más aburrida que una balada de Scorpions, es un pedazo de tierra vasca compartida por Hendaia e Irun. Se trata del condominio más pequeño del mundo. Y se reparte amistosamente entre ambos: del 1 de febrero al 31 de agosto se encarga de su gestión (jardinería y limpieza) el ayuntamiento irunés y el resto del año pasa a manos de la localidad costera de Iparralde.

A 1 km. de la muga // BI FM

Un monolito semiescondido por la arboleda recuerda que aquí se firmó el Tratado de Paz de los Pirineos el 7 de noviembre de 1659 entre la corona española y la francesa, con lo que se puso fin a la Guerra de los Treinta Años. No solo se fijó la frontera en los Pirineos y se acordó la boda entre Luis XIV y María Teresa de Austria, hija de Felipe IV, entre otros asuntos. La distribución de fuerzas de las potencias europeas cambió para siempre. El politólogo Luis Ignacio Sainz, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, escribió que el final del conflicto supuso «la decadencia de España como nación poderosa, obligado referente de Europa. (…) Ese declive potenciaría años más tarde el ascenso de los Borbones al trono español y daría lugar al reinado del Rey Sol, Luis XIV, periodo de máximo esplendor en Francia».

Aquí cambió Europa // BI FM

Una curiosidad con respecto a la escenografía del Tratado. Se le atribuye a Diego Velázquez, que se había convertido en una figura importante de la corte de Felipe IV, la decoración del pabellón temporal que se levantó en la isla para la firma del acuerdo. En el bando francés, entre otros, se encontraba el célebre Conde de D´Artagnan que luego inspiraría al personaje de Alejandro Dumas. El de la Isla de los Faisanes fue uno de los últimos trabajos de Velázquez, por aquel entonces Aposentador Real de Felipe IV. A su regreso a Madrid, tras una paliza de viaje, enfermó de viruela y falleció a los 61 años.

La entrevista de Luis XIV y Felipe IV en la isla de los Faisanes // Jacques Laumosnier

Javi está sentado en un banco con su madre Puri, de 91 años. A sus espaldas el tráfico de vehículos es un infierno, pero hacen como si no existiera, o tal vez estén acostumbrados al ruido de fondo: clavan la mirada en el río, quieto como un plato, un auténtico remanso de paz. Son las siete de la tarde. Por el bidegorri circulan ciclistas, jubilados y algunos runners. “Una vez me tocó ver el cambio de guardia en verano, creo que eran miembros de las comandancias navales de San Sebastián y Baiona”, recuerda Javi, que advierte con razón de que el nombre «Faisanes» es producto de una mala traducción de la época que no tiene nada que ver con las aves.

Javi y Puri en su remanso de paz // BI FM

De hecho, esta es una isla con multitud de nombres. En francés se le conoce como Île de l’hôpital, mientras que en euskera se llama Konpantzia, un guiño a las conferencias que se realizaron en la isla durante el siglo XVII. En esta discreta ínsula la actividad en su día fue frenética: se han llevado a cabo intercambios de rehenes, entregas de infantas casaderas, etc.

Île de l’hôpital // BI FM

A unos metros de nosotros pasa andando un chófer de origen rumano que vive aquí mismo, en el barrio de Behobia, desde hace varios años. Se llama Radu. Es la primera vez que le hablan de la Isla de los Faisanes. Le sorprende su vibrante historia. Mercedes, que pasaba por ahí, se detiene un instante y nos acompaña en la conversación. Como a todos, le encanta la isla.

Un paseo fronterizo // BI FM

-¿Si fueras dueña de la isla qué harías con ella?-, le pregunto.

-Dejarla como está.

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