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Donostia se renueva

Restaurante peruano Ekeko

Una serie de bares, cervecerías y restaurantes muestran una cara renovada de la ciudad a precios razonables. Una escapada más allá de los pintxos.

Kali Luna, frente al Ekeko // BI FM
En los últimos tiempos una serie de bares, cervecerías y restaurantes muestran una cara renovada de la ciudad a precios razonables. Comida internacional, cervezas artesanales y buena música. Una escapada más allá de los pintxos.

Cuando un restaurante peruano se incrustó dentro de la panadería The Loaf de Gros, el invento parecía una cosa de locos. ¿Cómo convivían dos negocios tan dispares en un mismo espacio? “Podía dar lugar a la confusión porque entrabas a una panadería y no a un restaurante, con lo que la gente no agarraba la identidad y el concepto de lo que es Ekeko”, explica Kali Luna, uno de los socios del local. Sentado en la terraza de su restaurante, instalado definitivamente en la calle Reyes Católicos del centro de San Sebastián, traza el futuro inmediato del nómada peruano: “A primeros de julio como muy tarde abriremos otro Ekeko en la calle Embeltrán de la Parte Vieja, donde estaba el Maiatza. Es un local pequeño que encaja perfectamente con nuestro modelo; es decir, que funcione con poca gente pero que tenga mucha rotación”.

Al entrar al establecimiento, varios hombrecitos sonrientes de arcilla dan la bienvenida al visitante. Son los ekekos, unos amuletos muy populares en Perú que, según una creencia del Altiplano, atraen la prosperidad y abundancia (material). No hay pintxos. Los colores son vivos; la decoración, desenfadada. La música andina suena por el hilo musical. En la carta no hay nada que cueste más de 10 euros. “Es una sandwichería peruana, pero además de sándwiches o bocatas vas a poder probar la comida más representativa de Perú: la causa limeña, las croquetas de ají, la panceta chifera, papa a la huancaína…”, resume Kali.

Restaurante peruano Ekeko

En la ‘sanguchería’ // BI FM

Resulta curioso cómo The Loaf, donde el leitmotiv es “pan de verdad”, se ha convertido en una cantera hostelera de nuevo cuño. Ander y Gabriela pasaron una temporada trabajando codo con codo en la panadería de la avenida Zurriola. Varios años y unos cuantos quebraderos de cabeza después han montado Aho-Mihi (calle Virgen del Carmen, Egia), justo donde estaba el bar de bocadillos Zanpantzar.

Restaurante Aho-Mihi (Donostia / San Sebastián)

Para que no os perdáis // BI FM

La filosofía del restaurante está escrita en una de las paredes («Partekatu eta gozatu», o sea, comparte y disfruta) y lo tienen grabado a fuego en su discurso. “Hemos importado la fórmula de los platillos de Barcelona donde sacamos las raciones al centro de la mesa y se comparte. Nos lanzamos a la piscina con una idea clara: platos tradicionales, sencillos y sin muchos abalorios pero, al mismo tiempo, que estuviesen ricos. Todo es para compartir entre todos. La idea es pedir mucha variedad para probar diferentes cosas de la carta. Las estrellas son los guisos: carrilleras con patata y berza, albóndigas con sepia y trompetas de la muerte, garbanzos con pulpo, manitas de cerdo con cigalas…”, cuenta Ander.

Restaurante Aho-Mihi (San Sebastián)

Ander-Gabriela en Aho-Mihi // BI FM

La prehistoria de Aho-Mihi ha sido muy accidentada: está llena de trabas de todo tipo, juego sucio y papeleo extenuante que han retrasado su apertura dos años. Ander y Gabriela ya respiran tranquilos. Pero lanzan un aviso a navegantes: desconfía, mira la letra pequeña, rodéate de expertos y gente curtida en la maraña burocrática. Después, con el campo despejado de minas, ya estarás listo para montar tu negocio. “Pecamos de novatos”, coinciden. Una pareja que sale del comedor pide la cuenta a nuestro lado. Habrán comido por 20 euros y pico entre los dos.

Restaurante Aho-Mihi (Donostia / San Sebastián)

Como en casa de la amona // BI FM

Sin salir del barrio de Egia, el barrio de la verdad de la canción de Javier Sun, hace unos meses echó a rodar un restaurante italiano. Tampoco sirven pintxos. Bueno, no al menos a la manera vasca. En Civico 14 (Duque de Mandas, 35) hay bruschetas con tomate, tablas de embutidos, tablas de ahumados, calamares… Una de estas raciones acompañada de una copa de vino cuesta cinco euros. El ritual del aperitivo italiano, que abre el apetito antes de la cena con bebida y picoteo, tiene aquí su sede donostiarra. Giuseppe, Marco y Nicola son los socios de este restaurante. Tres chicos del sur de Italia que no se andan con rodeos: “Ofrecemos auténtica cocina italiana”, cuenta Giuseppe. La pasta casera como innegociable seña de identidad.

Restaurante Civico 14 (Donostia)

Giuseppe, Marco y Nicola, catenaccio italiano // BI FM

La escapada podría continuar en dos locales de acento latinoamericano del barrio de Gros (Topa Sukalderia y el reciente Gatxupa), donde el diseño no está reñido con la buena comida. O en el Shibuya Ramen (calle Zabaleta, 36), también en Gros, el único lugar de Donostia especializado en uno de los platos más emblemáticos de la gastronomía japonesa. Si estás con ganas de pasear y quieres ir hasta el Antiguo, en el otro lado de la ciudad, prueba en Kobak Art & Cook (Simona de Lajust, 8), que se inauguró en abril.

Pero sin salir de esta zona, justo enfrente del río Urumea, acaba de abrir sus puertas Baga Biga Faktoria (Ramón María Lili, 8) una cervecería diáfana y amplia que cuenta con una docena de grifos de cerveza artesanal y comida variopinta; desde espárragos de Navarra a la plancha a una hamburguesa con patatas. Otra opción para salir del paso es que por dos euros acompañes el zurito con un imbatible aperitivo de aceitunas. Y si el tiempo acompaña hasta puedes disfrutar del sol. Acierto seguro.

Baga Biga Faktoria (Donostia)

La factoría variopinta // BI FM

Cynthia y Santiago son dos jóvenes argentinos que no hacen comida argentina. Si en la barra del bar Arenales (Boulevard, 11) hay algunos pintxos es porque en pleno meollo turístico no les queda otra opción. “Tengo un poco de todo. Platos franceses, peruanos, italianos… Voy cambiando la carta dependiendo de la temporada. Todo se lo compro a las caseras del mercado. No hay un concepto de cocina definido. Solo buena comida”, apunta Santiago. De los 12 platos que ofrecen en el Arenales solo dos superan los 10 euros: el tortellini de calabaza, espinacas y queso Idiazabal y la entraña. 13 euros en ambos casos. El lema del bar («Comer, beber, compartir») recuerda al de Aho-Mihi y resume el espíritu del lugar, un espacio informal pero muy acogedor. La música va en la misma línea, flota en el ambiente. “Si paso tanto tiempo aquí metido necesito cambiar mucho de música y cuidar lo que oigo”.

Restaurante Arenales (San Sebastián)

Santiago es argentino; su comida, no // BI FM

Como ya estamos a un paso de los Viejo y la música empieza a asomar la patita, no se puede dejar de recomendar el bar Ilargi de la calle Juan de Bilbao o Ikatz kalea. Este es uno de los pocos locales donde el rock and roll no es una reliquia decadente. En el Ilargi todas las mutaciones de la música rock (punk-rock, glam, garaje, psicodelia, etc.) se tratan con mimo.

A pocos metros, la nueva taberna Gross (San Vicente, 1) abraza la estética 80s en un imaginativo cruce entre «Stranger Things» y «Regreso al Futuro 2». El menú de las cervezas artesanales se despliega en un panel informativo muy similar al de un aeropuerto. «Salda badago», reza el letrero de neón. Pero no hay caldo. Ni pintxos, por supuesto.

Taberna Gross (San Sebastián)

Salda badago (y todo lo que sea 80’s) // BI FM

“Es por una cerveza que tenemos aquí, que tiene una textura parecida a la de un caldo sopero”, explica Jan Seven, también conocido como El Turco, que después de un largo periodo viviendo en Barcelona se instaló “hace menos de un año” en Donostia. Jan se ha aliado con la cervecera donostiarra Gross. En su bar, además de las cervezas, la música ocupa un lugar destacado. “Ponemos reggae, rock, soul, northern-soul, los sábados por la noche puede caer algo de funk, disco… No quiero que nadie se enfade, pero solo hay buena música”, dice sonriendo.

Bar Gross (Donostia)

El Turco no hace kebabs // BI FM

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