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Alberto Rodríguez: «Hemos hecho una película para el público inteligente. Las cosas no se dicen dos y tres veces»

Goio Borge entrevista al director de la película «La isla mínima», uno de los filmes españoles del año, ganador de varios premios en el Zinemaldia de Donostia, y que continúa cosechando grandes éxitos en taquilla

Goio Borge entrevista al director de la película «La isla mínima», uno de los filmes españoles del año, ganador de varios premios en el Zinemaldia de Donostia, y que continúa cosechando grandes éxitos en taquilla

 

Goio Borge entrevistó el jueves 23 de octubre, en su sección «El rollo de Goio«, dentro del programa Días de Radio, al director de la película «La isla mínima«, Alberto Rodríguez.

 

Podcast: Escucha la entrevista íntegra de Alberto Rodríguez

 

Tras su reciente presentación en el Zinemaldia de Donostia, el nuevo trabajo del sevillano ha ganado los premios a la mejor crítica, a la mejor interpretación, por Javier Gutiérrez y a la mejor fotografía, y sigue cosechando grandes éxitos dentro del cine español, y muy buenas recaudaciones en taquilla.


Sin duda, «La isla mínima», un thriller ambientado en la España de los años ochenta, refleja a la perfección la situación política del momento, a través de un drama policíaco que no podía haber elegido mejor escenario; las marismas del Guadalquivir.



ENTREVISTA A ALBERTO RODRÍGUEZ



Se está produciendo un éxito importante del cine español, justo cuando la producción en España está más castigada, con menos ayudas, con un IVA mayor en taquilla y con el cine low cost produciendo como puede, casi haciendo un cine de militancia y resistencia, ¿por qué crees que sucede precisamente ahora?

Es cierto que la cosecha de este año va a ser muy buena, que vamos a tener muy buen cine el año que nos toca, pero también es cierto que la cuota de mercado de este año ha batido un reto histórico con el fenómeno «Ocho apellidos vascos», un verdadero fenómeno sociológico que no se va a repetir todos los años. Otra razón para que algunas películas sean muy taquilleras es el hecho de tener el apoyo de cadenas privadas, que están haciendo una promoción y una publicidad extra y eso hace que brillen más, incluida la nuestra.


¿Crees que tal vez a partir de la televisión estamos consiguiendo una promoción que quizás sea más profesional, más cercana a lo que hace el cine norteamericano?

Por supuesto, porque hacen que las películas resulten algo visible para el espectador. Está claro que necesitamos que esto cambie y que reme en otra dirección para que el cine prospere, pero el público sí que quiere ver esas películas, el público sí quiere ver el cine español. Y eso es evidente y ha dejado constancia a través de la taquilla. Eso es lo que veo más interesante de todo lo que está ocurriendo, lo otro creo que es más por accidente. El éxito, en el caso del fenómeno de «Ocho apellidos vascos», por una cuestión totalmente inexplicable y fuera de norma, y el caso de otras películas, por el empuje que están dando las cadenas privadas de ese producto.


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«La isla mínima» es un thriller asfixiante sobre la investigación que dos policías de Madrid hacen en las marismas del Guadalquivir sobre la desaparición de dos chicas adolescentes en septiembre de 1980. La primera pregunta sobre tu película es obligada, ¿cómo es posible que no hayamos visto el potencial de la marisma del Guadalquivir hasta ahora? Es una ambientación envolvente, con varios momentos álgidos: esos maravillosos planos cenitales con los que se abren y cierran capítulos… que también parecen la mirada del alguien inquietante. ¿Estos planos significan algo más, además de la emoción profunda que crean en el espectador?

Los planos están hechos por varias razones, la primordial es Atín Aya, un fotógrafo sevillano del que sale el primer impulso de la película. Él presentaba estos parajes, los rostros de las personas de ahí, que son totalmente impresionantes, unos rostros castigados. Aparte de las fotos de Atín, también he tenido en el ordenador durante años las fotos de Héctor Garrido, un fotógrafo del CSIC que ha hecho un estudio de fractales en Doñana. Estas primeras imágenes que vemos de las marismas son fotografías suyas, animadas por ordenador. Me parecieron sobrecogedoras, una forma maravillosa de explicar ese territorio, porque desde abajo es prácticamente inexplicable: un territorio llano, sin árboles, sin accidentes durante kilómetros. Toda esa forma laberíntica, ese entramado… solo son visibles desde arriba, y él lo ha sabido captar muy bien. Nosotros buscamos esa misma sensación cuando rodamos, mediante una serie de planos, porque nos parecía que emocionalmente era una forma de dejar al espectador que reflexionara sobre lo que estaba viendo, y también servía, de manera metafórica, para explicar parte de lo que le pasa a Juan, el personaje de Javier Gutiérrez.


La narración visual es muy poética, juegas con esos pájaros que emigran alrededor de la marisma para representar la historia de unas personas que están deseando moverse y huir del pueblo, con los cambios de clima… Supongo que tú conoces la marisma desde hace tiempo y lo podías esperar, pero ¿esto estaba previsto en el guión, o también existen encuentros felices en el rodaje y en el montaje?

Tengo que decir que la mayor parte de los encuentros que hemos tenido en vez de felices, han sido infelices. Nosotros éramos unos cineastas de ciudad, yo había dirigido cinco películas antes de «La isla mínima», pero todas eran películas urbanas, y era la primera que vez que nos íbamos a rodar a la naturaleza. Estábamos como un ratón de ciudad, todo se nos echaba encima, el clima, la vegetación, que le daba por brotar o desaparecer y nos cambiaba todo… ha sido muy complicado meter dentro de la película lo que queríamos, pero nos ha quedado una barbaridad porque el sitio es completamente alucinante.


Se ha conocido un espacio fílmico impensado hasta ahora.

Yo creo que hay algunas películas ambientadas ahí, pero quizás la nuestra lo ha hecho más visible, y probablemente el espacio para lo que no se ha concebido es para un thriller, tan abierto, hay tanta luz… parece que va a la contra. Precisamente eso es lo que nosotros queríamos jugar, con esa extrañeza.


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¿Qué tal llevas las comparaciones?, un thriller con una ambientación de este estilo, en todas partes se lee «Zodiac», «Memories of Murder», «True Detective» … yo entiendo que «La Isla Mínima» comparte algo con cada una de ellas, y a su vez tiene cosas particulares y únicas. ¿Son solo convenciones necesarias de género o hay inspiración buscada en alguno de los casos?

En el caso de «True Detective», que es la que más cita la gente… fue divertido. Cuando estaba montando la película, de pronto recibí un whatsapp de Raúl, que era una foto de Matthew McConaughey y de Woody Harrelson, vestidos con un uniforme azul y en un sitio así, y un texto que decía: «Nos han copiado». Entonces le llamé y le dice: «¿Pero esto qué es Raúl?», y me dijo: «He visto el trailer de una serie, tío, y es igual que nuestra película, se llama ‘True Detective'», y fue la primera vez que tuve noticia de que eso existía. A día de hoy no he sido capaz de verla, porque empecé a ver el primer capítulo, y cuando uno de los personajes saca una libreta y se pone a dibujar, me pareció que empezaban tantas casualidades que me dio casi miedo y dije: «Bueno, ya está, no lo veo, porque me voy a deprimir o me voy a asustar…» y no la he visto. Lo que sí reconozco como influencia, de una manera u otra, es «Memories of Murder», «Seven», «Zodiac»… o «Conspiración de Silencio», que es una película con la que creo, tiene mucho que ver. Creo tiene más que ver con esas, o incluso con «El Cebo», que hay una secuencia análoga. Soy buen espectador del cine negro y habrá muchas más cosas de las que no me he dado ni cuenta.

 

La película se ambienta en 1980, proyecta su historia al pasado, pero también hacia el futuro, hacia una lectura actual, al menos en la parte política que explica la transición, y por qué ésta no acabó de cerrarse. ¿Buscabais un sentido metafórico-político amplio, o sólo era un retrato del momento?, ¿O necesariamente el momento era tan metafórico en sí que por eso hay un retrato del futuro?

Yo creo que el momento era muy metafórico, y el final sobre esto es muy intencionado. Sí, indudablemente… Es curioso, porque en el proceso de escritura del guión nosotros primero quisimos ese sitio que eran las marismas, teníamos el espacio, después elaboramos una trama que se centraba en los asesinatos. El guión se paró durante 7 años, no lo tocamos más hasta que, en 2012, un compañero nos pasó unos documentales que se llaman «Atado y bien atado» y «No se os puede dejar solos», unos documentales sobre la transición pero que están editados en la transición, no hay un filtro histórico pero sí hay mucha interacción de la gente en la calle, opinando y… la cosa no estaba tan clara… Además, cuando estábamos viendo los vídeos, 2012 y 1980 se parecían mucho. Había una crisis económica galopante, problemas con la territorialidad, gente moviéndose a un lado y otro, una fractura social… incluso la Ley del Aborto estaba empezando es ponerse en marcha, al igual que en 2012, que estaba cuestionada. Había una similitud que nos llevó a desarrollar el guión final.


Todos los personajes masculinos tienen una gran carga simbólica. Hay una cosa que me interesa mucho, que no se subraya pero que es cierta, y es que las mujeres están completamente desaparecidas, de manera clara e intencionada, de la primera línea de acción y de la importancia dramática, salvo por el hecho de que son víctimas, o están ausentes. Precisamente por esto que estamos hablando de su momento metafórico, ¿estáis diciendo que estuvieron fuera de la historia en aquel momento, o que simplemente no se consideraron?

Hay que recordar que a principio de los años 70 todavía una mujer, para abrir una cuenta de un banco o sacarse el pasaporte, necesitaba el permiso de su marido, o de su tutor, de su padre o de quién fuera. Es un poco reflejo de ese momento, no tanto de los ochenta, pero sí en una comunidad más estricta, como en un pueblo pequeño que se supone, ha quedado anclado en el antiguo régimen. Muchos de los problemas que se plantean en la película de este tema todavía están muy a la orden del día.


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Sobre el desarrollo del guión… La historia empieza rápido, prácticamente sin presentar a los personajes hasta la mitad de la película. Pero luego la investigación se va estancando, no se va sacando información, el ritmo también parece decrecer… llega un momento que da la sensación de que teníais la intención de dejar el crimen sin resolver.

Claro. Desde un principio la intención era que la película funcionara como a dos niveles, uno superficial que era la trama, el motor, la excusa para hacer la película, y otro subterráneo, que es la década de los ochenta y la historia de la transición. A medida que el guión avanza, el interés por resolver el caso va decreciendo y aumenta el interés que arrastra esa subtrama, ese río subterráneo. Pero también queríamos resolver la primera trama, y se resuelve. El espectador tiene que encajar piezas, porque cada personaje ve unas cosas que el otro no ve, pero está todo ahí para que el caso se explique. Hemos hecho una película para el público inteligente. Las cosas no se dicen dos y tres veces, se dice una vez y ya está.


La película está teniendo mucho boca-oreja…

La verdad es que tengo unas sensaciones buenísimas con la acogida que está teniendo porque está superando a las expectativas que teníamos.


Cuéntame, ¿va a tener distribución en el extranjero?

En principio durante el festival de San Sebastián la productora firmó con un distribuidor francés. También hay un primer contacto con Japón. Espero que los 600.000 espectadores que lleva la película desde entonces hagan que esto sea más fácil. La película anterior, “Grupo 7”, se terminó vendiendo a 52 países.


Ahora que mencionas “Grupo 7”, hay una pregunta latente, y es que, las dos películas, aunque son muy diferentes en tono y ritmo, tienen puentes claros entre sí. ¿Hay que pensar que podría haber trilogía?

De momento no. La película que hemos empezado a escribir, a retomar, mejor dicho, es una película sobre Francisco Paesa, un personaje que tiene mucho que ver con los servicios secretos españoles, que fue responsable, entre otras cosas, de la entrega de Luis Roldán. Es la película que estábamos haciendo después de «Grupo 7», que se paró, así que pusimos en marcha otra vez «La isla mínima».


Sigues con cierto interés analizador de la historia reciente de determinados momentos de la democracia española, buscándole un sentido que está un poco ausente en el cine español. Este nuevo proyecto también va a tener una visión de cine negro, entiendo.

Todavía no sé qué tipo de película es. Supongo que cuando la vea acabada y desde fuera podré etiquetarla. Hay momentos que parece más una comedia que un thriller. Podría decirse que de momento es algo así como una comedia política.


 

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