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Puro teatro (octubre): Los encuentros restaurativos entre víctimas y terroristas de ETA, a escena

Vuelve a Bilbao (Campos) «La mirada del otro», una obra que, a pesar de tocar un tema que nos atañe tanto, se ha programado poco por Euskadi.

"La mirada del otro" // Alba Muñoz
Vuelve a Bilbao (Teatro Campos) «La mirada del otro», una obra que, a pesar de tocar un tema que nos atañe tanto, se ha programado poco por Euskadi en sus 7 años de vida. No dejes pasar la ocasión; es uno de los más emocionantes guiones teatrales escritos en castellano en los últimos años

La película «Maixabel» triunfó en los Goya este año (14 nominaciones y, finalmente, 3 premios). Viendo la ceremonia el pasado febrero no pude evitar tuitear: «A pesar de lo poderoso del filme, hay que reconocer que ‘La mirada del otro’ lo hizo mucho antes (y sobre todo mucho mejor aún)». Y es que esa obra de teatro había contado, ya en 2015, cómo fueron los ‘encuentros restaurativos’ entre víctimas de ETA y sus victimarios (presos que se habían desvinculado de la banda), un programa dentro de la llamada ‘Vía Nanclares’ que se llevó a cabo en 2011 en Euskadi. Ahora, el próximo 8 de noviembre, en el bilbaíno Teatro Campos Elíseos habrá una nueva oportunidad de verla.

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Y hace mucho que no hacía yo una recomendación tan vehemente: ¡¡VAYAN!! ¡No se la pierdan! Porque, para servidor, estamos ante uno de los más intensos y emocionantes guiones teatrales escritos en castellano en los últimos años. Encima, esta cita en el Campos será de entrada gratuita y contará con un coloquio posterior para quien desee quedarse, ya que ha sido convocada por el Ayuntamiento de Bilbao y el Foro Bilbao para la Paz y la Convivencia. Eso sí, hay que reservar primero invitación en este formulario y luego recogerla en EDE Fundazioa (Simón Bolívar, 8 -horario: 8:30-18:00 h.-).

Pero vamos aquí con la crítica teatral, que es lo que nos ocupa cada mes en esta sección.

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La actriz Patricia Estremera // Alba Muñoz

«La mirada del otro» es una obra ideada, escrita y coprotagonizada por la vallisoletana María San Miguel a través de la compañía que lidera, Proyecto 43-2. Se trata de una pieza de ‘teatro documental’, es decir, creada a partir de material que ella misma recabó en entrevistas con personas relacionadas con aquel proceso. Sin embargo, para la dramaturgia final, San Miguel tomó la inteligente decisión de no hablar de ningún caso concreto. La trama sí se centra en cómo se gesta y cómo arranca uno de esos encuentros, pero uno indeterminado. A través de esa muy realista ficción (la hija de un concejal asesinado va a sentarse cara a cara con quien disparó a su aita), «La mirada del otro» consigue algo tremendamente meritorio, tanto a nivel artístico como a nivel social: derribar cualquier posible prejuicio del espectador, acercarle y hacerle entender el valor e interés de una apuesta incomprendida por la opinión pública. Tan incomprendida que, al final, fue cancelada al salir a la luz a pesar de que los/as directamente implicados/as siempre la valoraron muy positivamente.

La escenografía es simple: puntuales proyecciones de fondo y unas sillas y mesas que se van moviendo según la escena (se acercan, se alejan, se enfrentan… en una metáfora continua). Nuestras felicitaciones, por tanto, a Karmen Abarca en el diseño del espacio escénico y a Chani Martín en la dirección. Y es que poco más que eso (y, claro, tres buenos actores) necesitaba un texto tan sólido, que en una hora justa es capaz de dar todas las claves para comprender aquella atrevida y espinosa iniciativa; sin maniqueísmo pero sin equidistancia, sin sentimentalismos arteros pero con una emoción y una tensión brillantemente contenidas.

Emoción y tensión // Alba Muñoz

La propia San Miguel interpreta a la hija del asesinado, un muy creíble Pablo Rodríguez es el asesino convicto (en una loable encarnación plagada de matices) y Nahia Laiz está simplemente excelsa como la mediadora. Al menos así fue en las funciones que yo pude ver hace unos años, aunque ahora es la actriz Patricia Estremera quien interpreta el papel -y quien aparece en las fotos que acompañan esta crítica-. Esa mediadora, una supuesta secundaria, es en realidad la bisagra fundamental de la acción. Y ahí reside otro gran acierto del texto de San Miguel: en ese personaje no protagónico tan bien escrito (un dechado de perspicacia, saber hacer y tacto), que sirve de inmejorable cicerone para que al público no le resulte forzado en ningún momento un acercamiento a priori tan improbable.

Ahora que ETA no existe, todo se ve de otra forma y el todopoderoso cine ha podido demostrar con «Maixabel» que, en 2022, sí estamos preparados para estas historias. Pero es de justicia recordar que, en 2015, María San Miguel fue una valiente pionera al estrenar «La mirada del otro» (más si tenemos en cuenta que empezó a trabajar en el tema allá por 2009). No sólo vio claro que en esos encuentros restaurativos había una potente historia que narrar, sino también un mensaje que debía calar en la sociedad: eran una herramienta óptima para deslegitimar la violencia y construir un futuro en el que se pudiera convivir. También es de justicia lamentarse aquí de que «La mirada del otro» prácticamente no se haya representado en Euskadi en sus ya 7 años de vida. ¿Cómo es posible que, de sus casi 150 funciones, las realizadas aquí sean una decena? ¿Cómo es posible que no haya pasado por ninguno de los 3 principales teatros públicos vascos? Conste nuestro fortísimo tirón de orejas a programadores/as teatrales y gestores/as culturales locales por semejante patinazo.

«La mirada del otro» // Alba Muñoz

Un error que es más flagrante aún sabiendo que la compañía de la productora, dramaturga y actriz ha dedicado una década de trabajo a levantar toda una trilogía teatral sobre la violencia en Euskadi, que incluye también las obras «Proyecto 43-2» (2012) y «Viaje al fin de la noche» (2017). Sinceramente, me parece inconcebible que fuera un teatro de Madrid (La Abadía en 2019) el primero en programar durante dos semanas la trilogía al completo (titulada conjuntamente «Rescoldos de paz y violencia»), acompañada además de charlas, debates y actividades pedagógicas para escolares. Una experiencia que se repitió después en Valladolid (LAVA, 2020) y de nuevo en Madrid (Sala Mirador, 2021).

¿No debería hacerse algo así aquí, en el País Vasco, donde más nos atañe el tema? ¿Nuestros/as políticos/as no confían en la cultura como herramienta de aprendizaje y transformación social? Me reconforta saber que el año pasado, por fin, la Diputación de Gipuzkoa sí hizo lo propio en Irun, Eibar y Donostia, coincidiendo con la conmemoración del 10º aniversario del cese de la actividad armada de ETA. ¿Para cuándo en el resto de Euskadi?

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