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Bilbao BBK Live

Lo mejor y lo peor de Bilbao BBK Live 2018

Bilbao BBK Live 2018

Nunca llueve al gusto de todos, tampoco en un festival que, en su 13ª edición, volvió a colgar el cartel de “todo vendido”.

"Today is gonna be the dayyy...!" // David Mars
Nunca llueve al gusto de todos, tampoco en un festival que, en su 13ª edición, volvió a colgar el cartel de “todo vendido” y, lo más importante, no sufrió ningún altercado ni contratiempo de importancia. Fue un éxito… pero vamos a sacarle un poco de punta

Grandes, enormes momentos en Bilbao BBK Live 2018… y alguno que no tanto. 120.000 personas (según datos oficiales) durante sus tres jornadas de celebración (jueves 12, viernes 13 y sábado 14 de julio) convirtieron la cita de Kobetamendi en un rotundo éxito… pero, como siempre, no todo el mundo quedó satisfecho. Y es que, ya se sabe, nunca llueve al gusto de todos. Y, para más inri, llovió. Para variar… y tal.

A continuación, algunas de las cosas que más nos gustaron… y otras que un poco menos. Y tú, ¿qué destacarías? Puedes comentarnos en Facebook o Twitter, claro.

LO PEOR DE BILBAO BBK LIVE 2018

Cigarettes After Sex. No defraudó su directo. Defraudaba ya sobre papel la idea de programarlos en un festival masivo. Una pena malgastar balas (y presupuesto) en un grupo cuyos seguidores disfrutarían de verdad en sala o teatro y con el que la gente que aún no los conoce era evidente que se iba a aburrir en Kobetas. Dudamos que hicieran ni un solo nuevo fan.

The xx. Tampoco es que defraudase su directo. Simplemente, seguimos pensando que no es un grupo para grandes recintos. Ya lo pensábamos antes (como te contamos un mes atrás), pero no podemos sino confirmarlo después de su concierto del martes en el bilbaíno Kafe Antzokia, que fue sencillamente arrebatador, sublime, una pasada. Comparado con el de Kobetamendi… no hubo color. ¡Por cierto! En octubre se anunció que la de Bilbao BBK Live sería su “única actuación en la Península Ibérica en 2018″… pero, además del ya comentado concierto en el Antzokia (el 10 de julio), el próximo día 19 serán cabeza de cartel del portugués Super Bock Super Rock.

The xx en Bilbao BBK Live 2018 // David Mars

Childish Gambino. El fenómeno viral se desinfló y descubrimos que, tras el clip de “This is America” no había nada. Vale, estamos exagerando, pero vamos a explicarnos. Intentando emular lo mismo a sus (muy superiores) compatriotas del rap como a glorias de otros estilos como Prince o Michael Jackson, Donald Glover demostró que, aparte de su carisma, sus dotes de showman y su más que decente voz (que no es poco), no hay mucha buena música que lucir en un directo. Aquello fue un poco como un concierto de Shakira, que si le quitas el indescriptible movimiento de caderas, se queda sin gracia. Eso sí, cuando cuatro horas antes de saltar al Escenario Bilbao le habían nominado a Mejor Director, Mejor Guionista y Mejor Actor (por la serie “Atlanta”) y a Mejor Presentador de TV (por “Saturday Night Live”) en los Emmy 2018, lo que no podía ser era que también diera un gran concierto, que nadie es tan perfecto. Que a ti te flipó. Ya…

Benjamin Clementine. Con dos discazos plagados de canciones mágicas y enrevesadas que podrían haber lucido brillantemente en un teatro (como en BIME 2015, donde se salió del mapa), la cita con Clementine a pleno sol y en el escenario principal a las 8 de la tarde, no solo quedó deslucida por las circunstancias, sino por el propio circo del músico. Seamos claros: si solo tienes 45-50 minutos de concierto, no puedes perder la mitad de ese preciado tiempo en hacer y decir tontadas y en arengar al público para que coree melodías en spanglish como si, en vez de una luminaria del pop pianísitco más barroco, fueras una orquesta chancletera de la verbena de las fiestas de Pancorbo.

Benjamin: así no // David Mars

Young Fathers. La fama que los precedía, su flamante premio Mercury y sus buenos discos, pusieron el listón muy alto. Por eso era de esperar que acabaran defraudando. Entre que las dimensiones del escenario carpa se les quedaban pequeñas (parecían no caber allí, y eso que solo eran 4) y que la eminente presencia de la percusión dotó al concierto de un tono monocromo, casi nos entraron ganas de ponernos los cascos y escuchar sus álbumes en el móvil, muy superiores a su directo.

Bomba Estéreo. Parece mentira que los colombianos actuaran en el mismo escenario que, por ejemplo, My Bloody Valentine. Y es que, si bien los irlandeses fueron capaces de volarnos la cabeza con su brutal volumen, los colombianos apenas si lograron que nos contoneáramos con su mezcla de cumbia y electrónica. Y teníamos ganas de descoyuntarnos, que conste.

Fischerspooner. Fueron modernos, pero ahora resultan bastante demodé, musical y conceptualmente. La puesta en escena, tan pretendidamente homoerótica (picha incluida), tampoco resulta de un vanguardista extremo, a estas alturas. ¿Que “Emerge” lo justifica todo? Pues también es verdad.

El acceso. Instalar justo antes del acceso al recinto una serie de vallas en contra del sentido de la marcha para, supuestamente, hacerla fluir con más seguridad hacia los cacheos, provocó tapones humanos que, el jueves, resultaron bastante desquiciantes. Tras las colas para cambiar la pulsera (en San Mamés) y las colas para subir al autobús, llegar a lo alto de Kobetas y encontrarse una aglomeración que no avanzaba y que en ocasiones llegaba a acaparar la carretera, era algo que no recordábamos haber vivido en la década larga de vida del festival. El viernes y el sábado parece que fue más ágil la cosa, eso sí. De todas maneras, que varios cientos os pongáis a hacer botellón en el pasillo de entrada… tampoco ayuda, ¿eh?

La procesión va por fuera // David Mars

Las redes sociales oficiales. Tanto las del festival como las de los organismos relacionados con el mismo (Ayuntamiento, Bilbao Turismo…) se utilizaron poco para informar (acerca de colas, esperas, buses o dudas en general) y bastante más para contar anécdotas. Que, ojo, ya sabemos cómo funcionan (y lo ingrato que resulta encargarse de ellas -un saludo, community managers-), pero echamos en falta algo más de servicio público.

Las barras. Y diréis… “¡Eso, eso, comentad que era todo carísimo!”. Y sí… puede que sea una queja más que pertinente (3,5 euros una caña de cerveza, 8 euros el katxi), pero no van los tiros por ahí. Lo que nos pasó es que no siempre pudimos pedir lo que deseábamos tomar (hablamos de productos de la “carta”, eh, nada de caprichos en plan batida de coco con leche de burra). Literal: “Ponme una Desperados”. “No, en esta barra no tenemos”. “Pues una Pepsi Max”. “No nos queda”. “Va, pues pruebo eso del Ladrón de Manzanas”. “No, de eso no hay”. “Pero si lo pone ahí, detrás de ti”. “Pues, eso, igual en otra barra”. ¡Agggh! Que uno también se cansa de la cerveza y el kalimotxo… (las copas, a 8 euros, por cierto).

Los precios. Va, los precios, sí. Que no es barato beber ni comer ahí arriba lo sabemos todos. Pasa en (casi) todos los festivales, por otro lado, aunque no es consuelo, claro (tampoco lo es en los aeropuertos).

El aforo. Y no, no es que estuviéramos demasiado apretados o a disgusto, en general (aunque hubo colas inmensas en momentos fatídicos como el de la cena -normal, por otro lado, si a todos se nos ocurre comer algo justo después del concierto del cabeza de cartel-). Pero, con “todo vendido” las tres noches, nos llamó poderosamente la atención que el sábado hubiera tantísima gente y el jueves y viernes, en comparación, bastante menos. O eso le pareció a todo el mundo. Que se anunciaran bonos agotados el 4 de julio y que hubiera a la venta en la carpa de San Mamés también nos sorprendió.

Mucho público, sí, pero el sábado… más // David Mars

Los taxis. Más de 45 minutos tardamos en coger uno el sábado en Abando (es decir, en el centro de la ciudad), donde, encima, existen dos paradas, independientes. Estuvimos 30 minutos en la de la Plaza Circular (sin que parase ni un solo vehículo) y más de 15 en la de la estación. Puestos a esperar, que alguien diga dónde, al menos.

La lluvia. Ggggrrrrr…

LO MEJOR DE BILBAO BBK LIVE 2018

David Byrne. Con 66 años, el ex Talking Heads adelantó a 200 por hora a cualquiera de los nombres del cartel. Conciertazo y pedazo show. Acojonante. Otra disciplina artística. O, como poco, otra liga.

Gorillaz, Florence + The Machine, The Chemical Brothers, James, Noel GallagherMy Bloody Valentine… Ninguno hizo nada que no supiéramos que iba a hacer y, es más, ninguno dio su mejor concierto (los de Damon Albarn, por ejemplo, nos gustaron más un mes atrás), pero todos esos artistas estuvieron a la altura de lo que se esperaba de ellos, ofreciendo buenas actuaciones, plenas de entrega (vale, seguimos sin saber cuánto o no hacen los Hermanos Químicos en directo) y con repertorios a la altura de las circunstancias. Grandes nombres que justifican comprar abonos.

Florence: Qué maja es esta mujer // David Mars

Roosevelt, Cooper, Carolina Durante, Parquet Courts, Melenas, Las Odio, Genghar, Jungle, Meute… Y es que no solo de cabezas de cartel vive un festival (de hecho, la calidad de un cartel deberíamos medirla por la calidad del grueso del mismo). Hubo una segunda (e incluso tercera) línea que se lo curró muy mucho o que, simplemente, cuenta con la proyección suficiente como para que no cueste imaginarlos anunciados con tipografías mayores en próximos eventos. El cartel de Bilbao BBK Live 2018 tenía mucho donde rascar.

Lasai. Gran idea la de este nuevo escenario, donde se pincha por debajo de 100 bpm desde un punto del monte que brinda unas fabulosas vistas sobre el anochecer de Bilbao. Una pasada. En muchos momentos incluso con la gente tumbada en la hierba en plan relax total. En concreto, destacamos la sesión de Romy (The xx), que puso hasta “La Isla Bonita” de Madonna, o la de Sophie, que montó el fiestón incluso a bajas revoluciones.

Basoa. El gran atractivo del festival para muchos… sobre todo, para aquellos noctámbulos movidos por la música electrónica. Allí, en lo profundo del bosque, entre columnas de inmejorable sonido e hipnóticas luces (vale, también hubo un huevo de barro el viernes), pudimos disfrutar de un cartel de categoría: Modeselektor, John Talabot, Ben UFO, Optimo

Cora Novoa en Basoa // David Mars

Escenario barco. Gratis (vayas o no al festival), durante una hora, en un recorrido por la ría, con dos consumiciones gratis y tres artistas en directo que pueden ser descubrimientos bien interesantes, ¿qué más puedes pedir? Aquí puedes leer (y ver) nuestra experiencia. Mejor que las marcas (patrocina Jägermeister) inviertan el dinero en seleccionar artistas emergentes y en ponerles frente a su público en un escenario tan peculiar, a que lo gasten en convocar concursos de playbacks y en regalar patatas fritas y sombreros de paja. Que se agradecen también, ojo, pero en un barco, pues mejor.

Bereziak. Conciertos gratuitos en un montón de puntos diferentes del centro de la ciudad, para disfrute de todo el que quiera acercarse. Nada que objetar. Muy bien. Y los hosteleros de alrededor, encantados, claro.

Crepus

Joe Crepúsculo, en el Arenal bilbaíno (Bilbao BBK Live Bereziak)

Los baños. Bastantes, bastante “limpios” para lo que es un festival (con personal in situ adecentando y reponiendo papel) y, en general, bien. Se echan en falta más urinarios masculinos abiertos en zonas como Basoa y, por qué no decirlo, mayor civismo por parte de algunos/as. Que mira que sois gorrinos, rediós…

Puestos de comida. Mucha variedad. Como en el caso de los autobuses, los baños o la bebida, un infierno en las “horas punta”… pero, por lo general, bien (aunque comer en un festival sigue siendo caro -un perrito, ¿6,5 euros?-)

Las pulseras cashless. A pesar de lo controvertido de su estreno en 2017, resultan un sistema altamente fiable y cómodo. Tan cómodo, eso sí, que te dejas una pasta sin apenas darte cuenta. Pero, ay amigo, lo de saber gestionarse ya es cosa de cada cual. No haberte hinchado a chupitos.

La decoración. Muy finos los tres escenarios principales, con sus lonas con los dibujitos del bosque y sus animales; mucho más mono que cuando los rodean de logos y marcas, como ocurre aún en muchos festivales. A resaltar también el vídeo mapping de la carpa Gora, lo especial del espacio Basoa y lo coqueto del iglú Lasai. Por lo general, muy cuidada la imagen del festival.

Carpa de Bilbao BBK Live 2018 // David Mars

Los autobuses. Lo sabemos. Son una de las patatas calientes del festival, uno de los asuntos que más quebraderos de cabeza da a la organización y una de las causas del cabreo típico del “bbkliver” medio, pero, ¿de verdad os parece tan sencillo mover a miles de personas, casi a la vez, cuando hay tan poco espacio de maniobra en lo alto del monte? Un telesilla de San Mamés a Kobetamendi sería lo suyo, ya, pero mientras tanto… los autobuses funcionan. El año que viene, acude con más margen y arreglado. A destacar también el servicio habitual de Bilbobus, que ayudó y mucho.

El campamento base de San Mamés. Conseguir la pulsera del festival en la explanada del estadio fue mucho más cómodo que hacerlo, todos a una, en la entrada del recinto. Un acierto (y con música en directo, por si te tocaba esperar un rato largo).

Bilbao BBK Live 2018 arrancaba en San Mamés // David Mars

El camping. La acampada de Bilbao es un lujo en comparación con la de la mayoría de festivales. Y, encima, con directos y Djs para amenizar la estancia.

La lluvia. Esto es Euskadi… y es lo que hay. ¿No querías un monte verde y un bosque frondoso? Pues ahí los tienes. ¡Ah! Y un 10 a la organización por ser previsora y llenar de fardos de paja el recinto tras el diluvio del viernes. Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva. ¡Hasta el año que viene!

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