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Puro teatro (noviembre): Presenciamos en Bilbao las “escenas conyugales” de Ricardo Darín

“Escenas de la vida conyugal”

“Hasta los que llevan por bandera la coletilla ‘a mí es que no me gusta el teatro’ disfrutarán ‘Escenas de la vida conyugal'”, en el Campos hasta el día 12.

Andrea Pietra y Ricardo Darín en “Escenas de la vida conyugal”
“Hasta los muchos que llevan por bandera la coletilla esa de ‘a mí es que no me gusta el teatro’, disfrutarán de ‘Escenas de la vida conyugal’. Si no es así, por favor, lapidadme”, se atreve a afirmar nuestro redactor Germán Castañeda tras asistir a una de las representaciones de la obra en el Teatro Campos

Un Athletic-Barça en San Mamés o un concierto de Bruce Springsteen en Donostia. A ese nivel de trascendencia debería considerarse un hecho que se está produciendo en Euskadi estos días. Ricardo Darín, uno de los más grandes actores ¿del mundo?, está durante dos semanas sobre las tablas del Teatro Campos de Bilbao con la obra “Escenas de la vida conyugal” (hasta el 12 de noviembre). Pero este “acontecimiento” cultural, mediático, social y, sobre todo, teatral, no está generando, ni de lejos, el mismo ruido. Claro está que el teatro no arrastra masas (ni dinero) como lo hacen el fútbol o el rock de estadio. Pero igual de incontestable es que esta disciplina es sistemáticamente marginada hoy en día. En los medios, en nuestras agendas de ocio personales, en la educación reglada de las nuevas generaciones… Ni un gancho como Darín sirve para que al teatro se le otorgue el hueco que merece (el hueco que, como sociedad, merecemos que ocupe como nutritivo alimento para el alma que es).

Así que, desde BI FM, vamos a poner nuestro granito de arena y, desde ahora, vamos a contar con esta nueva sección de teatro que hoy estrenamos. En ella, servidor os irá recomendando cada mes distintas propuestas. La primera, claro, estas “Escenas de la vida conyugal“, un montaje que, creedme, es apto tanto para exquisitos degustadores de las artes escénicas en mayúsculas como para profanos que hace lustros que no pisan un teatro. Me atrevería a decir que hasta los (por desgracia) muchos que llevan por bandera la coletilla esa de “a mí es que no me gusta el teatro”, la disfrutarán. Os reto: si no es así, por favor lapidadme en la plaza pública que hoy es Twitter (ya sea en el de BI FM o ad hominem en mi perfil personal).

Ricardo Darín

Ricardo Darín, el gancho de una disciplina marginada

En esta reseña no vamos a caer en el reduccionismo de que “el gran Ricardo Darín está en Bilbao”, no. Porque, obviamente, este montaje de “Escenas de la vida conyugal” no ofrece solo el lujo de poder disfrutar del actor trabajando en vivo (con su dominio del tempo de la comedia -y del drama, sin entrar en spoilers- y su capacidad para lograr el tono y el gesto exacto en cada parlamento). Estas “Escenas de la vida conyugal” es mucho más. Es una compañera de reparto (la también argentina Andrea Pietra) que atina en cada réplica al todoterreno Darín. Es una dirección de la mano de la leyenda escénica Norma Aleandro (la recordarán como la abuela desmemoriada de la peli “El hijo de la novia” o, quizá, por su soberbia interpretación en la obra “Mi querido embustero”). Y es, por último, un certero guión firmado por un mito: Ingmar Bergman.

Concebida por Bergman como miniserie de TV en Suecia, “Escenas de la vida conyugal” tuvo tal éxito que fue emitida en medio mundo y terminó convertida en película por el propio realizador, que, en un nuevo montaje, redujo su duración a la mitad (“Secretos de un matrimonio” se llamó aquí y se alzó con el Globo de Oro a la Mejor película extranjera en 1975). En la línea de lo que hoy en día podría ser la trilogía cinematográfica “Antes” (del amanecer, del atardecer y del anochecer), de Richard Linklater, el guión se compone no de tres sino de varias escenas sueltas, recopiladas a lo largo de toda una vida en pareja (el título no puede ser más literal). Breves pinceladas que, cual obra maestra impresionista, componen, observadas como conjunto, toda una compleja historia de amor. De amor… y de pasión, rutina, cariño, dolor, complicidad… Gracias a esa estructura que suma episodios aislados pero cruciales, el texto funcionaba como serie de cuatro horas, como película de dos y sigue funcionando ahora como obra de teatro de 100 minutos (en la misma versión que Bergman también terminó llevando a las tablas en su día).

¿Alguna pega? Sí, claro. Siempre las hay. En este caso, los entre 40 y 60 euros que vale la entrada. Sinceramente, temíamos que “Escenas de la vida conyugal” fuera a estamparse en la taquilla bilbaína (diez pases y ese rango de precios parecían a todas luces excesivos). Pero no. La cosa está funcionando, la gente está respondiendo. ¿Lo valen esos 100 minutos? No sé si así lo considerarás, pero pienso de nuevo en lo que cuesta una entrada para un partido de fútbol o para un macroconcierto. Ante eso nadie parece rasgarse las vestiduras… Id a verla (está en cartel en el Campos de Bilbao hasta el 12 de noviembre) y si no os satisface, yo mismo os devuelvo el dinero. Bueno, me retracto, que a tanto por el teatro no podemos llegar en BI FM. Pero si no la disfrutáis, si no reís, si no os emocionáis, si no aprendéis un poco más de las relaciones de pareja, si no os sentís identificados en una y mil situaciones, hacédmelo saber.

A modo de despedida por hoy, sabed que aquí no solo hablaremos de grandes montajes con luminarias en su reparto. Por suerte, el teatro es tan diverso y rico que habrá cabida para todo. Por ejemplo, el pasado 4 de noviembre asistimos en Eibar al estreno absoluto de “Viaje al fin de la noche“, cierre de la trilogía con la que la compañía madrileña Proyecto 43-2 lleva abordando el “asunto vasco” desde 2012. En 2018 volverán por aquí y entraremos en detalles. Porque lo que que la actriz y dramaturga María San Miguel ha hecho en este tríptico teatral sobre las secuelas de la violencia en Euskadi es verdaderamente monumental (y emocionante).

¿Alguna otra recomendación hasta que nos leamos de nuevo en diciembre? El 22 de noviembre se estrena en Bilbao “Casi normales“, un musical del Broadway contemporáneo muy poco convencional. Suena a rock, su guión ganó el Pulitzer en 2010 y habla de trastorno bipolar, adicciones, suicidio… Vamos, que no esperes una franquicia yanqui estilo “El Rey León”. Lo dicho, hasta dentro de un mes. ¡Mucha mierda!

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