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Germán Castañeda

Puro teatro (mayo): “Aquel lugar de nuestra infancia”, doble epifanía con nombre de Ana

Ana García Peña y Ana Otsoa San Juan. Dos Anas de las que ya no nos vamos a olvidar. En cartel hasta el 29 de mayo en Pabellón 6 (Bilbao).

"Aquel lugar de nuestra infancia" // Pabellón 6
Ana García Peña y Ana Otsoa San Juan. Dos Anas de las que ya no nos vamos a olvidar. Dos Anas de las que queremos ver mucho más sobre los escenarios teatrales. De momento, están en cartel hasta el 29 de mayo en Pabellón 6

El pasado fin de semana asistí al estreno en el Pabellón 6 de Bilbao de «Aquel lugar de nuestra infancia», la que estoy seguro es la obra de teatro del/a autor/a más joven que he visto en mi vida. Y, creedme, van unas cuantas en estos 44 años… La firma, dirige y coprotagoniza la bilbaína Ana García Peña, una recién licenciada en Dantzerti (Escuela superior de arte dramático y danza de Euskadi) de sólo 23 años.

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Yo iba con muchísimas ganas porque a finales de 2021, en el ‘escaparate de proyectos’ Eszenabide, conocí por primera vez su trabajo y me quedé con ganas de más, de mucho más. En aquella cita, que cada año organiza el centro bilbaíno Harrobia para mostrar a público seleccionado y profesionales un pequeño adelanto de proyectos en desarrollo -que después se votan para elegir uno al que se apoyará-, yo voté sin dudarlo por «Lo que no se ve», de la compañía Vulnera (creada por Ana). Lo tuve clarísimo porque lo que atisbé en aquellos escasos 15 minutos prometía: nuevas voces jóvenes y femeninas (de señores y ‘señoros’ talluditos ya vamos servidos), pasión por el teatro, un discurso bien armado… Y también prometedoras interpretaciones, especialmente la de su tocaya Ana Otsoa San Juan, un verdadero animal escénico. Fue de esas veces en las que uno tiene en su butaca una especie de epifanía, y siente que nombres hasta ese momento desconocidos no se le van a olvidar ya por todo lo que van a hacernos disfrutar en los teatros en adelante. Ana y Ana, qué ganas de ver más de ambas.

Por tanto, servidor no podía faltar ahora, seis meses después, al estreno de la mencionada «Aquel lugar de nuestra infancia», la primera creación propia y de formato largo de García Peña que ve la luz (ahora he sabido que ya hace años venía participando en certámenes de teatro breve), encima, con Otsoa San Juan en el reparto y como asistente de dirección. La obra estará en cartel hasta el 29 de mayo en Pabellón 6, cuyo Laboratorio Teatral y cuya Gazte Konpainia han producido el espectáculo (zorionak -y gracias- por dar espacio de trabajo y exhibición a nuevas voces, ¡qué necesario pero qué poco habitual en la cartelera!). Y, ¿qué podemos decir de ella? Pues que es ambiciosa y osada (quizá demasiado, aunque es lo que corresponde a esos 23 años), que es muy intensa y emocional, y que es un proyecto absolutamente personal en el que García Peña escribe, dirige, coprotagoniza y hasta participa en el espacio sonoro.

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Pero, entremos en detalle…

Baile generacional // Pabellón 6

«Aquel lugar de nuestra infancia» pone literalmente patas arriba la configuración del espacio de Pabellón 6. Hay gradas de butacas a ambos lados de un escenario desnudo que luce más amplio que nunca, con una sábana para proyecciones a un extremo y un piano en el otro. Como decíamos: ambicioso ya desde que uno accede al teatro. La acción se desarrolla en todos lados y dirección. O, más que la acción, el mensaje. Porque no hay una historia que podamos resumirte a modo de sinopsis, sino un conjunto de monólogos, diálogos, interpelaciones directas al público, canciones, bailes… por parte de sus seis excelentes intérpretes (las dos Anas y los igualmente jóvenes Nerea Elizalde, Sandra Martín Gómez, Kepa Alesso y Albar Cirarda -salidos de la Gazte Konpainia y algunos también integrantes de la compañía Vulnera de García Peña-).

La intención declarada es viajar «por las diferentes etapas vitales que conforman la existencia: infancia, adolescencia, edad adulta y ancianidad» (de nuevo la ambición) y «debatir sobre cuestiones políticas, éticas y vitales: el sistema educativo, la violencia en la infancia, la utilidad de la palabra, la tiranía del mundo adulto, la rebeldía en la ancianidad y el coraje que requiere tomar conciencia de la otredad» (¿habíamos mencionado ya lo ambicioso del montaje?).

Un momento de los ensayos // Xavier Achurra

Pero lo que es innegable es que «Aquel lugar de nuestra infancia» muestra un interesantísimo potencial. Las Anas y sus compañeros nos vomitan sin filtros desde el escenario lo que experimentan, lo que sienten desde sus 20 años. Nos hablan de cómo ven su futuro, su próxima madurez, la aún lejana ancianidad. Reflexionan echando la vista atrás sobre su infancia y homenajean repetidamente a las madres (sí, también vía el «Ay Mamá» de Rigoberta Bandini). Nos cuentan qué les preocupa, qué anhelan. Comparten vivencias, miedos, momentos íntimos. Nos recriminan, nos espolean.

Y eso es maravilloso. ¡Qué gozo pasar esa hora y media escuchándolos! Como cuando un bebé empieza a hablar: a veces dice cosas que te llegan, otras no le entiendes, incluso hay momentos en los que ni él mismo sabe qué está queriendo decir… Pero uno no puede dejar de atender a su discurso, entre embobado y entusiasmado. Es lo que me pasa a mí con este grito generacional que es «Aquel lugar de nuestra infancia». Además, hay sin duda momentos brillantes en los que todo encaja: poéticos discursos que invitan a la reflexión, secuencias hilarantes perfectamente construidas e interpretadas, escenas de conseguidísima intensidad emocional…

Ana Otsoa San Juan, un animal escénico // Pabellón 6

Y no podemos terminar este texto sin destacar dos cosas más. El original vestuario de Nerea Rodríguez, basado en transparencias blancas, inmaculadas como esas infancias a las que alude el título. Y el trabajo en escena de la ya mencionada Ana Otsoa San Juan. ‘Animal escénico’, decíamos al principio de ese texto; pero también podríamos hablar de una verdadera fuerza de la naturaleza, de un torbellino. ¡Qué carisma! ¡Qué gracia natural! ¡Qué capacidad de arrastrar al público a lo que sea que esté contando! Creo que esta mujer podría recitarme su lista de la compra y la atendería con el mismo interés, esperando a ver dónde me lleva, deseando que me sorprenda con un nuevo guiño cómico.

Lo dicho: García Peña y Otsoa San Juan, dos revelaciones de cuyos nombres yo ya no pienso olvidarme. De hecho, estoy deseando que llegue la nueva edición del festival BAD Bilbao (en octubre), en cuyo marco ambas estrenarán por fin «Lo que no se ve», aquel proyecto cuyo breve adelanto en Eszenabide 2021 me enamoró y me puso en la pista de estas dos Anas de las que quiero ver más y más y más sobre los escenarios.

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