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Entrevistas

Samantha Hudson: “Ir a Eurovisión se me haría bola por países como Israel o Rusia”

Charlamos con la multifacética artista y activista en su primera visita a Bilbao, a unos días de presentar su álbum debut en #MariChristmas.

Samantha Hudson en Bilbao // Ricardo Cerdá Aldama
Charlamos con la multifacética artista y activista en su primera visita a Bilbao, a unos días de presentar su álbum debut, «Liquidación total» dentro del festival #MariChristmas (del 28 al 30 de diciembre en el Teatro Campos)

Samantha Hudson, la multifacética artista y activista, será la cabeza de cartel del nuevo festival #MariChristmas, que la próxima semana (del 28 al 30 de diciembre) traerá al Teatro Campos de Bilbao a una treintena de artistas para reivindicar lúdicamente la diversidad en plenas Navidades. Ella abrirá fuego el martes 28 con su show «Liquidación total». Le seguirá el canario Agoney con su espectáculo «Libertad: Un viaje íntimo» el miércoles 29. Y la cosa acabará el jueves día 30 con un inmejorable preámbulo a las celebraciones de Nochevieja: el «Bataklan Kabaret Gabonak» de Asier Bilbao, Yogurinha Borova, Las Fellini, Anakotz

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Antes de todo eso, Samantha Hudson ha hecho una breve parada en Bilbao de camino a León, donde pasará la Nochebuena y la Navidad con sus padres y su abuela. Es la primera vez que pisa nuestra ciudad y lo que más desea es poder conocer al dúo Chico y Chica, «una cita que espero poder hacer realidad la próxima semana antes del concierto en el Campos». De Euskadi ya había visitado Donostia, Gasteiz y «la terraza de la cafetería de Arguiñano en Zarautz», rememora.

Hoy, BI FM la lleva de paseo por la Ría y de visita al Guggenheim. Por el camino, charlamos con ella sobre las 11 canciones de su recién publicado disco, «Liquidación total» (Subterfuge Records, 2021), un álbum de «decadance» que presentará en vivo en esa cita del 28 de diciembre para la cual sólo quedan una decena de entradas de visibilidad reducida, en el momento de publicarse esta entrevista.

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El disco arranca con «Dulce y bautizada», uno de tus primeros temas publicados de forma profesional. ¿Cuándo empezaste a escribir canciones?

A los 13 años, cuando descubrí el electroclash, una corriente que pillé ya tarde, porque había ocurrido cuando yo tenía 4 o 5 años. Al conocerla, descubrí que se podía cantar sin ser cantante. Eso me animó a empezar a componer. Con «Soy maricón», a los 16 años, eso ya se concretó en algo escuchable. Esta «Dulce y bautizada» en concreto nació por un local que me encanta, La Casa de las Torrijas, donde tienen una con Baileys a la que llaman así. Comiendo allí con mis padres lo vi claro: ese nombre era una canción. Yo hago la casa por el tejado: primero el título, luego la melodía, en este caso junto a Putochinomaricón, y luego la letra.

En el tema hablo de esa hipersexualización que nos rodea y que a mí, personalmente, me ahoga. Mi filosofía en en el sexo es la que cuenta la letra: prefiero ir a mi propio ritmo, escucharme, sentir mis necesidades y hacer las cosas como corresponde a mi verdadera forma de operar. Antes, como la gran mayoría, llevaba un ritmo frenético y era víctima de las expectativas. Cuando fui consciente de eso, me deshice de la libido como quien cuelga un abrigo, y ahora soy «dulce y bautizada». La letra es muy en serio; las frivolidades suelen ser cosas muy serias.

El segundo tema es «Aburrida de estar salida», versión de un clásico de L-Kan de esa corriente electroclash de la que hablabas. ¿Qué supone editar tu música en la misma discográfica en la que publicaban ellos hace 15 años, un sello mítico en la música independiente española?

Honestamente, yo no tenía ni puta idea de qué era Subterfuge. Pero una vez fui a hacer un podcast a su radio, les conocí y decidí enviarles «Hazme el favor». Les gustó y a la semana siguiente firmamos. El disco que a mí me abrió los ojos y me enseñó que podías hacer música sin ser en esencia músico y sin tener un talento natural para ello fue «Electrospain» (Subterfuge Records, 2004), un recopilatorio del electroclash patrio que hizo en ese sello Gema del Valle, que es mi actual representante. ¡Mira qué coincidencias! No creo en el destino, pero a veces me hace gracia ponerme espiritual.

¿Qué música te gusta escuchar?

Tengo tres fetiches: por la mañana, bossa nova; para ir al súper, merengue; y para las cenas con amigas, jazz clásico. Pero escucho de todo. Ahora estoy rescatando de nuevo a Nina Hagen, me encantan The Plasmatics con Wendy O. Williams, que además se parecen mucho a mí, Elastica y también los italianos Matia Bazar. Me encantaría versionar su temazo «Elettrochoc».

Descubriendo Bilbao // Ricardo Cerdá Aldama

«Disco Jet Lag», junto a La Prohibida y Putochinomaricón, no sé si nos da la clave de cómo se debe oír este disco: en la pista de baile y como para tener ‘disco jet lag’ al día siguiente… ¿Cómo defines tú tu música?

Sería como un Kylie Minogue a la española y mucho más decadente. Lo llamo ‘decadance’ porque son canciones disfrutonas para mover el esqueleto hablando de cosas decadentes. Por ejemplo, este tema en concreto habla de la condena y la desgracia que es entregarse a la pista de baile como último recurso. Cuando el desfase, el consumo de drogas excesivo, el no saber decir que no, el verte incapacitada para parar… te superan y la única vía de escape es bailar hasta caer muerta de agotamiento.

Seguimos con «Chicote», una letra en la que conviertes al televisivo cocinero en mito erótico. ¿Tenemos que tomarla en serio?

No. A mí me gusta alimentar la narrativa y fomentar el esperpento. Y coger un personaje tan relevante y asimilado como Alberto Chicote y mezclarlo con una persona tan inmunda como Samantha Hudson, genera una simbiosis entre gustosa y despreciable. Es lo que quería con esta canción.

«Guateque» es una mezcla de ‘spoken word’ con una producción de alguien bien puesto de ácido y referencias superreconocibles.

Esta sí que es una canción totalmente alegre y disfrutona. Y, sí, tiene cierta inspiración en las letras de Les Biscuits Salés, en ese espíritu de ser una tía molona y chula. También tiene mucho de Aless Gibaja la producción musical; el rollo del inglés chapucero es un homenaje a Leticia Sabater; y, para qué engañarnos, es una canción también muy McNamara y muy Glamour To Kill. Cuando la hice estaba obsesionada con ellos.

Una tía molona y chula // Ricardo Cerdá Aldama

En «Tourists Go Home» hablas de Madrid y hasta metes cortes de voz de la exalcaldesa Ana Botella. Ahora vives allí, ¿Cómo ves Madrid y la política madrileña?

Lo veo como un circo, por eso la canción lleva ese sample de melodía de circo. La política en este país en una lucha de egos, en vez de un diálogo social y un esforzarse por el bienestar del pueblo, que es lo que debería ser. Se juega muy sucio, y en Madrid más porque tenemos al demonio de Isabel Díaz Ayuso, que es tan lista que sabe perfectamente hacerse la tonta. En Madrid tenemos ahora un panorama muy oscuro, vivimos en penumbra por muchas cañas que te puedas tomar ‘libremente’. Sólo nos dan placebos, y eso ni palia los síntomas ni cura la enfermedad de raíz. Tenemos que empezar a tener miedo, todo apunta a que ella va a seguir escalando. Y está consiguiendo su objetivo: que la gente no confíe en lo público porque no funciona y deposite sus esperanzas en lo privado. Pero no es que lo público no funcione en sí, es que ella lo descuida, lo mutila, no le da medios. Es su culpa por su mala gestión intencionada. Lo que decía: es lista, muy lista, incluso maquiavélica, diría.

En la muy eurodance «Amorespresso» relatas un romance totalmente pasional…

La letra la escribí cuando trabajaba en esa conocida multinacional de restauración de cafetería, esa en la que estás pensando. Fue una experiencia deleznable, estaba explotada, metiendo muchísimas horas para cobrar una miseria. Pensé: ‘eres presa de un espresso’. Ahí había una canción pero, claro, no quedaba nada glamouroso despotricar en la letra contra una multinacional. Por eso disfracé la historia evocando un romance de esos de la gran pantalla.

Amorespresso // Ricardo Cerdá Aldama

El siguiente tema es «Perra», que coincide en título con la canción de Rigoberta Bandini, como tú misma haces notar en el mediometraje de Los Javis «Una Navidad con Samantha». Ella está ahora intentando la carrera a Eurovisión. ¿Te verías tú metida en algo así?

Pues me generaría mucho conflicto. Porque sí, me haría ilusión, sería un bombazo, pero es un festival que algunos países usan para dárselas de modernos y blanquear su reputación, cuando de puertas adentro siguen perpetrando genocidios o políticas que fomentan los discursos de odio y la desigualdad. Hablo de Israel y de Rusia. Me lo tendría que pensar mucho… Creo que se me haría bola. Que vaya Rigoberta con su rollo, que yo me quedo con mis maricones en Chueca.

En «Demasiado coño» o, como pone en las plataformas digitales «Demasiado c**o», te vienes muy arriba…

Me parece absurdo no poder escribir ‘coño’ en público cuando mucha gente tiene uno, pero no me preocupa mientras se pueda oír el contenido y eso no se censure. Esta es de mis canciones favoritas, es un ‘chúpate esa’ a toda la gente que presume de ser el no va más y en realidad son unos rancios grotescos, a todos esos imbéciles que creen tener la razón pero no tienen ni pajolera idea: el colectivo feminista transexcluyente, la izquierda reaccionaria, los que van de culturetas porque leen a Bukowski, los forofos del fútbol, los empresarios, los ‘incels’ que están amargados y se enfadan porque ahora puede que Superman sea bisexual o porque a su superheroína favorita no le ponen las tetas kilométricas en la nueva producción de Marvel… Un poco a todo el mundo en general. Porque ser una tía maja y decente ahora escasea, es una anomalía en el sistema.

En el vídeoclip de «Por España» cortejas a Franco para acabar volándole los sesos. Es buena estrategia esa de convertir en objeto de deseo a quien nos ataca, ¿no? Para desmontar su estrategia o, al menos, para violentarlo.

Sí, pero quise tener mucho cuidado con eso, porque a veces para dar un bofetón al fascismo se maquilla o trasviste la imagen de un dictador, como si ir travestida o ser queer fuera ridículo. Quería huir de esa posible lectura, del posible subtexto de que enrollarme con Franco era ridiculizarlo porque, en el fondo, ser gay es ridículo o acostarse con Samantha Hudson es inmundo y denigrante. Por eso mi cortejo en ese vídeo acaba en disparo a la cabeza: tú me atacas y yo desmonto tu estrategia para hacerme daño, te muestro que sólo me atacas para reafirmarte en lo que la sociedad categoriza como hombre y que el propio hecho de que yo pueda existir es una falla en ese sistema de categorías reduccionistas de hombre convencional y mujer convencional. Ante tu odio, yo ni te ataco ni me hago la victima. Sólo te desprecio, y ese desdén lo convierto en una lujuria que a ti te hace replantearte muchas cosas. En este país el franquismo no se ha superado, simplemente se ha encerrado en un cajón y mucha gente se hace la sueca y no quiere ver que Franco ha muerto pero el fascismo sigue viVOX.

El disco termina con «Arturo Valls», un couplé en el que pareces una especie de vedette de revista.

Claro, sin duda soy una vedette de revista, me gusta pensar en mí misma como la Norma Duval de la izquierda. Llevo el nombre de Arturo Valls tatuado en la zona lumbar, así que me venía como anillo al dedo hacer una canción hablando de casarme con él. ¿Por qué llevo el tatuaje? Pues porque yo me tatúo cosas absurdas, como un Shreck en el culo. A veces se te presenta la oportunidad de hacer algo tan sinsentido que resulto incluso poético. Pero me da rabia tener que dar explicaciones de todo. La lógica se pregunta ‘por qué’, y el absurdo responde ‘y por qué no’. Esa es la respuesta a todos los conflictos de mi vida. Como en el especial navideño cuando salgo hablando en euskera con Pepe Viyuela. ¿Y por qué no? ¿Por qué no iba a querer yo hablar euskera con Pepe Viyuela?

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